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Viernes 26 de octubre de 2012

+ La descardenización del PRI

+ Y no-cardenización del PRD

 

En esas volteretas que suele dar la política, la reforma laboral en materia de liderazgos sindicales logró dos impactos inesperados:

1.- La descardenización del PRI porque los liderazgos sindicales serán ahora responsabilidad de las bases y no de las alianzas de los sindicatos con el Estado ni con el PRI, con lo que se dio fin al proyecto político laborista del presidente Lázaro Cárdenas al impulsar la creación de la CTM como brazo obrero del partido del gobierno, entonces Partido de la Revolución Mexicana y luego Partido Revolucionario Institucional.

2.- La no-cardenización del PRD porque los líderes sindicales tendrán vigencia en tanto respondan a las bases y no a sus relaciones orgánicas con el PRD, fundado sobre las bases del neocardenismo impulsado por Cuauhtémoc Cárdenas en 1987-1989 y luego colocado como eje del PRD. Como el PRI, el PRD quiso articularse en torno a alianzas con sindicatos.

3.- La des-sindicalización del proyecto nacional de nación y de desarrollo que quiso, ante el debilitamiento del PRI por la nominación de Miguel de la Madrid como candidato tecnócrata en 1981, rehacer el proyecto progresista a partir del enfrentamiento del proyecto sindicalista contra el proyecto neoliberal empresarial que representaba entonces De la Madrid y su operador económico Carlos Salinas de Gortari. Aquella fase, conocida como la de la disputa por la nación --registrada con precisión por Carlos Tello y Rolando Cordera en un libro titulado precisamente con ese concepto--, se resolvió con la introducción del neoliberalismo como política de Estado y vigente a la fecha.

El papel central del sindicalismo como eje del funcionamiento del Estado priísta se consolidó por el proyecto político del presidente Cárdenas, pero sin posibilidad de existencia posterior. Cárdenas facilitó la candidatura sucesoria del conservador Manuel Avila Camacho en 1940 y en 1941, luego de haber desplazado a Vicente Lombardo Toledano y su grupo socialista de la cúpula de la CTM, Fidel Velázquez asumió el control total de esa Confederación y la subordinó a los intereses del Estado, operando como el brazo controlador de los obreros.

El papel central de Fidel Velázquez en la política se refrendaba cada seis años cuando la CTM tenía el privilegio de destapar al candidato presidencial del PRI, excepto en 1969 cuando le tocó al sector campesino de la CNC con Echeverría. En 1981 fue el último destape de Velázquez porque seis años después, en 1987, Carlos Salinas de Gortari fue nominado por el CEN, aunque con reconocimiento al veterano líder cetemista. De igual manera, Colosio fue destapado en noviembre de 1993 por el CEN priísta y Zedillo fue destapado por Joseph-Marie Córdoba Montoya.

En materia económica, el sector obrero, con la CTM como buque insignia, fue apabullado en 1981 con el cambio en el enfoque de la política económica del gobierno: el salario pasó de símbolo de la justicia social a variable inflacionaria determinante; la estrategia salarial definida por Salinas de Gortari desde 1982 fue la de sacrificar el salario como instrumento de control de la inflación por el lado de la demanda. Los pactos estabilizadores controlaron los salarios y llevaron a los obreros a una pérdida consistente del poder de compra. Más aún, Salinas de Gortari introdujo nuevos elementos para determinar el salario: la productividad, la demanda y el equilibrio del circulante, toda la doctrina neoliberal.

Lázaro Cárdenas había impulsado la organización sindical como pilar del nuevo Partido de la Revolución Mexicana con dos objetivos: instrumento de equilibrio de clases y factor de definición del bienestar. Esta idea sobrevivió hasta la presidencia del PRI de Porfirio Muñoz Ledo en 1976 cuando definió al PRI como el “partido de los trabajadores”. Pero la nominación de De la Madrid como candidato presidencial en septiembre de 1981 terminó con ese ciclo.

De 1981 al 2012, los sindicatos flotaron en un ambiente político en el ya no fueron determinantes para la toma de decisiones pero llegaron a contar como votos. En las elecciones presidenciales de 1988 Fidel Velázquez le prometió 20 millones de votos al candidato presidencial priísta Carlos Salinas de Gortari, pero al final el PRI sólo pudo acreditar 9.7 millones. Ahí se probó que la organización obrera del PRI tampoco servía para llevar votos a las urnas.

La reforma laboral aprobada por el Senado rompió el paternalismo del PRI sobre los líderes sindicales porque le trasladó a los obreros la permanencia de los dirigentes. Ahí terminó su ciclo el modelo sindical priísta del general Cárdenas. Y los líderes sindicales articulados al PRD, que habían reproducido el modelo cardenista, también tendrán que replantear sus liderazgos, ya no basados en su alianza con el partido sino en función de sus bases obreras.

La des-sindicalización de los partidos estaría conduciendo a la necesidad de formar partidos con bases obreras, como ya ocurrió con el SNTE y ahora se abre como posibilidad con el SME y su decisión de ser partido. Sin embargo, no existen pruebas contundentes de que las bases obreras se conviertan automáticamente en votos electorales.

Al final, la reforma laboral disminuirá el papel activo de los sindicatos y de las bases obreras en la política. De todos los partidos, el PRI es el que puede mantener su lealtad porque tiene cuotas de poder para sus sindicatos en las listas de candidaturas a cargos de elección popular. En el PRD y sus aliados, en cambio, sus líderes sindicales más representativos --Hernández Juárez por los telefonistas y la Unión Nacional de Trabajadores, Agustín Rodríguez por el STUNAM y Martín Esparza por el SME-- no llegaron al Congreso.

Si la reforma laboral pasa el tamiz de la Cámara de Diputados, el país habrá dado un paso importante en la conformación de los partidos: de partidos de masas a partidos de ciudadanos y votantes.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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