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Lunes 5 de noviembre de 2012

+ EU elecciones del desencanto

+ Romney avanza por el centro

 

Para Paco Calderón y un gran recuerdo
de su padre Don Francisco Calderón

 

WASHINGTON, D.C.- Como si fuera personaje de Alicia a través del espejo, el presidente Barack Obama tiene que correr cada vez más aprisa para permanecer en el mismo lugar.

La reelección presidencial será un final de fotografía, con un empate técnico en la víspera de las elecciones que revela la fragilidad de la posición de Obama. Además de sus errores y de la crisis de expectativas respecto a lo que prometió hace cuatro años, Obama se enfrenta a un republicano que se colocó en el centro político, a pesar de que la derecha tendrá que votar por Mitt Romney.

Aunque se trata de una lucha política, la competencia por la Casa Blanca va a decidirse en un duelo de estrategias, no de ofertas. Obama carga sobre sus espaldas la crisis heredada de George W. Bush pero al mismo tiempo una gestión errática y sin resultados y la extensión de la crisis económica por la recuperación más lenta de lo previsto.

Sin embargo, la realidad social y económica de los EU se ha mostrado en toda su dimensión. Más que la adversidad, Obama ha visto que su discurso demagógico era imposible de cristalizar y que al final de cuentas su función política era la de salvar al capitalismo, no someterlo a controles. Las movilizaciones sociales tipo Occupy Wall Street fueron una crítica a la incapacidad de Obama para cambiar la correlación de la distribución de la riqueza.

El problema del capitalismo estadunidense no radica  en que el 1% de la población rica se quede con la mayor parte de la riqueza, sino que el modelo económico de los EU agotó sus mecanismos de distribución de la riqueza. Sin embargo, la estadunidense es una sociedad basada en la codicia, el individualismo y el rechazo a un papel protagónico del Estado, por lo que las propuestas de Obama fueron rechazadas por representar un alto costo populista. La propuesta central de Obama de colocar al Estado como el eje económico obviamente no encontró espacio en un capitalismo codicioso.

Lo paradójico del asunto es que Obama tuvo que echar su resto político pero no para convencer de las bondades de su propuesta, sino para ganar las elecciones; y si gana, tendrá que lidiar con una mitad nacional republicana polarizada en el tema del Estado. Ello quiere decir que Obama va a perder ganando las elecciones porque estará atado a los republicanos y que la única manera de salvar sus ideas radica en perder las elecciones para que el Congreso demócrata impulse los cambios.

La lucha real por el poder no se dará en el voto popular porque la victoria se debe lograr en los colegios electorales donde están en juego 538 votos. Los demócratas que se han reelegido en el poder dependieron de buenos resultados en los cuatro primeros años: Nixon, Reagan y el voto del miedo por Bush. En los últimos 44 años, de 1968 a la fecha, sólo ha habido dos presidentes demócratas, contra cuatro republicanos, de los cuales --Nixon, Reagan y Bush hijo-- lograron ocho años, en tanto que Carter en 1980 fue aplastado por Ronald Reagan y Obama está padeciendo la posibilidad de su reelección.

Obama ganó las elecciones del 2008 por representar una nueva imagen política: joven, ajeno al stablishment, con un carisma internacional, armado de un discurso contra la pobreza. Sin embargo, en el poder fue presa de su falta de preparación en seguridad nacional, ajeno al papel trágico de los Estados Unidos como imperio del cual se desprende el alto nivel de vida de los estadunidenses y sin una política económica capaz de sacar al país de la crisis de desempleo y pobreza.

Lo que los estrategas de Obama no entendieron del todo fue el mensaje de la realidad: la reelección se sustentó en la oferta de la misma política anticrisis que no dio resultado, que endeudó al país, que ha llevado las finanzas públicas a un déficit de dos dígitos y a una pérdida del respeto en materia internacional. Con Obama los EU han sido un imperio sin recuperación económica ni poder coercitivo de dominación. En estos cuatro años Obama hizo perder hegemonía internacional a los EU, mientras los poderes de decisión geoestratégica se trasladaron a Alemania, China y Rusia.

Aquí en Washington el debate que no amaina es el del dominio chino. Con inversión de China y un escultor chino se levantó el monumento a Martin Luther King justo al lado del Lincoln Memorial, pero con una polémica inesperada: el rostro de King tiene rasgos orientales.

En las calles de Washington hay un clima frío, no sólo por el tiempo y los efectos del huracán Sandy sino por el problema del desempleo, de los salarios castigados y de la falta de recuperación de lo perdido. Pero con habilidad, Obama se apoderó de los medios con imágenes de popularidad al recorrer la zona devastada por el huracán, pero también sin entender que la gente no se conformó con un abrazo digno de foto de políticos de antes sino exigiendo recursos del Estado que Obama no tiene.

Los cálculos electorales de última hora se hacen en función de los efectos de los spots agresivos, de las encuestas que dan el triunfo a uno u otro candidato y que en realidad revelan un empate técnico y un final de fotografía. A diferencia de hace cuatro años, hoy no hay euforia en las calles, y existe un clima político curioso: si Obama pierde, a pocos les preocuparía; y si gana, tampoco existe la expectativa de que las cosas van a mejorar.

Al final de cuentas, la victoria de Obama será personal, no de proyecto ni de partido porque el país quedó tan dividido que no le van a permitir gobernar ni tomar las decisiones radicales que polarizarían la política y entonces vendrían cuatro años sin capacidad de gestión de gobierno. Por eso las apuestas aquí no giran en torno al saldo final, sino a si Obama va a ganar o a perder.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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