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Domingo 25 de noviembre de 2012

+ EU, una sociedad pacheca

+ Peña y los escenarios del PRI

 

AUSTIN, Texas.- La votación para legalizar el consumo recreativo de la marihuana tuvo efectos más que inmediatos: la liberación de personas que habían sido encarceladas por posesión de yerba. Y el furor en ciertos sectores causados por esa decisión votada ha llevado ya a comenzar a debatir la legalización de todas las drogas.

El argumento de que la legalización terminaría con la violencia no tiene sustento aquí en los EU. El argumento central fue el de ejercer el derecho al consumo de marihuana sin tener evidencias de violencia en su tráfico. Pudiera decirse, en descargo, que los productores y comerciantes de la marihuana son los menos violentos.

Si en verdad los estadunidenses respondieran al problemas de la violencia, entonces la verdadera consulta urgente sería la de la segunda enmienda constitucional que le otorga a los ciudadanos el derecho a poseer armas y comprarlas sin problemas ni regulaciones, Por ejemplo, en Arizona es delito llevar una pistola oculta pero los ciudadanos tienen el derecho de portar, por ejemplo, una AK47 al hombro y exhibirla y entrar a cualquier local con el arma a la vista.

A lo largo de los últimos años la violencia por el uso violento de las armas en lugares públicos como universidades o centros comerciales ha provocado infinidad de muertos, pero no existe en el ciudadano estadunidense ninguna intención para limitar la propiedad de las armas y su compra comercial sin demasiadas restricciones.

La legalización de la marihuana para usos recreativos tiene enormes efectos sociales, educativos, de salud y comerciales. La consulta se realizó sin un debate a fondo sobre los efectos de la marihuana en la salud de las personas, el daño que provoca en el cerebro y en la conciencia de los individuos o la dependencia que obliga a los consumidores a fumar cada vez más. En efecto, el consumo de la marihuana conduce a las personas a un éxtasis individual que lo hace abstraerse de la realidad. Hay investigaciones médicas que prueban que la marihuana afecta el comportamiento sicológico de los consumidores y daña el cerebro. Por tanto, su consumo es recreativo en el corto plazo y el tiempo que dura el viaje pero inevitablemente causa daños en la salud de los que la utilizan.

Pero la legalización se asume aquí en los EU como un asunto de derechos individuales porque el Estado debe tener cada vez menos injerencia en el entorno de los ciudadanos. Es decir, el ciudadano estadunidense tiene el derecho a autodestruirse porque se trata de una decisión individual. De ahí que la consulta haya sido mañosamente ocultada bajo el argumento de una droga recreativa, de diversión, cuando el tema es de derechos.

Lo que viene ahora es el efecto geopolítico de la decisión ciudadana para legalizar el consumo de marihuana. Las sociedades latinoamericanas, por ejemplo, no tienen esas preocupaciones por los derechos y los Estados en la región tienen más responsabilidades que suplan las irresponsabilidades de los ciudadanos. La legalización de la droga en América Latina aumentaría el consumo y rompería la armonía social porque se trata de sociedades menos individualistas que la estadunidense.

La asimetría social, histórica e individual es profunda entre los estadunidenses y los latinoamericanos, aunque los promotores en la región de la legalización de la droga piensan más como gringos que como ciudadanos de una cultura más humana que busca la armonía racional y no en la evasión provocada por las drogas. Los estadunidenses son una sociedad de pachecos, ese estado de pérdida de la realidad por el consumo de marihuana.

 

LOS ESCENARIOS DE PEÑA

 

Luego de un proceso electoral que quiso desbarrancarse por la negativa de López Obrador a reconocer su inevitable derrota, Enrique Peña Nieto llevará al PRI de regreso a Los Pinos. Sólo que el gran dilema radica en saber si es el mismo PRI de siempre o si habría cambiado en sus doce años en la oposición.

Lo cierto, en todo caso, es que una cosa es lo que PRI decida sobre su función política desde la presidencia y otra cosa la modernización democrática que la sociedad mexicana se ha dado no sólo conquistando espacios sociales sino cerrando los autoritarismos.

Lo malo para el país ha sido el desmoronamiento de la oposición: el PRD entró en una fractura que durará mientras viva López Obrador y su fundamentalismo rendentorista y por tanto es posible prever que la izquierda llegará deshecha cuando menos a las dos próximas elecciones presidenciales. El punto del absurdo radica en el hecho de que López Obrador ha creado su espacio de exclusividad y ahí nada tiene que hacer el PRD.

El PAN salió quebrado del proceso electoral porque los panistas votaron por Josefina Vázquez Mota como candidata y no por el delfín calderonista Ernesto Cordero Arroyo. El dato más revelador se localiza en la acumulación de evidencias de que Josefina perdió por la falta de votos panistas. La lucha por el control del partido entre calderonistas, históricos y neopanistas durará cuando menos hasta las elecciones presidenciales del 2018 y se extenderá hasta el 2024.

Estos datos de la disminución de la oposición permiten poner el punto de arranque de la política partidista: el PRI tendrá la oportunidad de cuando menos dos elecciones presidenciales a su favor por la quiebra del PAN y del PRD, lo cual abriría las posibilidades hasta el 2030.

La culpa --si queremos encontrar una-- es de la oposición: el PRI regresó no por representar la esperanza que necesitaban los mexicanos, sino porque el PAN se olvidó durante seis años de que las elecciones se ganan con política y el PRI entró en la lógica de los desgarramientos internos por el poder. Si el PRI entendió la lección del 2000 y del 2006, entonces es de prever que mantendrá el control interno y sólo por eso --y no por la eficacia en el ejercicio del poder-- podrá ganar las próximas dos elecciones.

En la serenidad política, la única manera de parar al PRI en las próximas elecciones presidenciales sería la alianza PAN-PRD con candidato aliancista. Pero está visto que estos dos partidos son como el agua y el aceite: incapaces de fusionarse. Al final, el PAN y el PRD olvidaron la lección del 2012: la división de la oposición beneficia al PRI. Ni modo.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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