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Lunes 14 de enero de 2013

+ Castro toma a Chávez y el petróleo

+ Maduro y Cabello, títeres de Cuba

 

Ante un Fidel Castro incapaz de estar de pie y como el patriarca en el otoño que narró Gabriel García Márquez, Venezuela se vio obligada a entregar el poder a los hermanos Castro: la capital de la república bolivariana de Venezuela se trasladó a La Habana.

Y no se trata de un simbolismo retórico por el internamiento médico del presidente venezolano Hugo Chávez en un hospital cubano, sino por el hecho de que las decisiones que supuestamente debe de tomar Chávez como mandatario constitucional pasan a través de los hermanos Castro, quienes tienen el dominio absoluto de Cuba, a sangre, fuego y represión por más de cincuenta años.

En los tiempos de ascenso político de Chávez, un Fidel Castro avejentado lo designó como el heredero de su jefatura política y simbólica de la revolución socialista en América Latina. Pero no por el hecho de que Chávez fuera un verdadero ideólogo con bases históricas, sino por la simple razón de que era el propietario del uso del petróleo venezolano para financiar gobiernos revolucionarios, comenzando, obviamente, por los barriles regalados a la quebrada revolución de Cuba para allegarle fondos.

Chávez, de hecho, le debe el poder a Castro. En su biografía oficial escrita por Ignacio Ramonet --Fidel Castro. Biografía a dos voces--, Fidel explica cómo estuvo asesorando a Chávez y a las áreas de poder de Venezuela en 2002 cuando un intento de golpe de Estado buscó hacer renunciar a Chávez como presidente. Castro manejó entonces una operación política para impedir la renuncia de Chávez que querían los golpistas, mover a militares a su favor y evitar otro fracaso como el de Allende en 1973. Inclusive, Castro convocó a los embajadores acreditados en La Habana para pedirles que fueran a Caracas a rescatar a Chávez e impedir su asesinato.

“Nosotros decidimos entonces asumir la defensa de la democracia”, cuenta Castro y en La Habana se asienta un espacio de difusión mediática de la crisis de Venezuela. Castro movió hilos de poder para arropar a Chávez con declaraciones de la hija de Chávez de que su padre era “un presidente arrestado”, no renunciado. Esos datos llegaron a oídos de militares fieles a Chávez. Inclusive, Castro contacta a un general favorable a Chávez; “hablo largamente con él, me informa de la situación militar, de qué oficiales superiores están con Chávez y quiénes no. Yo entiendo que nada está perdido, porque las mejores unidades de las fuerzas armadas, las más combativas, las mejor entrenadas, estaban a favor de Chávez”.

Sigue Fidel su operación estratégica para proteger a Chávez:

“Le digo a ese oficial que lo más urgente es saber dónde se encuentra detenido Chávez y enviar fuerzas leales a rescatarlo. Me pide entonces que hable con su superior jerárquico y me lo pasa. Le repito lo afirmado por la hija de Chávez y que éste sigue siendo el presidente constitucional. Le recuerdo la lealtad necesaria, le hablo de Bolívar y de la historia de Venezuela… Y ese alto oficial, en un rasgo de patriotismo y de fidelidad a la Constitución, me afirma que si es cierto que Chávez no ha dimitido él sigue siendo fiel al presidente arrestado”.

Los militares golpistas no saben qué hacer. Uno de ellos afirma que iban a enviar a Chávez a Cuba, pero La Habana responde que si llega “lo reenviamos para Venezuela en el primer avión”. Fidel habla con el general que había contactado y éste ratifica dónde estaba detenido Chávez: “con mucho respeto le aconsejo tres cosas fundamentales: discreción, eficacia y fuerza muy superior. Los paracaidistas de la base de Maracay, la mejor unidad de las fuerzas armadas venezolanas, fieles a Chávez, se encargan del rescate”.

La madrugada del 14 de abril de 2002, tres días después del inicio de la crisis el 11, regresa Chávez al Palacio de Miraflores victorioso.  Dice Fidel: “yo casi no dormí en esos dos días que duró el golpe de Caracas, pero valió la pena “. Lo principal para Fidel fue que no se repitiera la tragedia de Chile en 1973: Allende se suicidó y con ello terminó la lucha de la Unidad Popular. Por ello Fidel le insistió a Chávez que no renunciara.

La crisis de 2002 le cedió a Fidel Castro el control político de Venezuela y sobre todo de la riqueza petrolera. Chávez le ha vivido agradecido a Castro, al grado de que de hecho trasladó a La Habana desde su enfermedad. Pero Fidel es un hombre sin escrúpulos, viendo siempre por sus intereses. Por eso en los hechos secuestró a un Chávez enfermo --muerto o no, es lo de menos--, lo incomunicó en el hospital y Fidel y Raúl están gobernando Venezuela, dejando al vicepresidente Nicolás Maduro y al jefe legislador Diosdado Cabello en peones de los juegos de intereses de los hermanos Castro.

Con el poder económico petrolero de Venezuela y Chávez secuestrado o muerto en Cuba por un cáncer que se manipuló informativamente por razones de estrategia política de Fidel, los Castro han convertido a La Habana en el Palacio de Miraflores de Caracas y han casi obligado a desfilar a los presidentes aliados a Chávez vía la alianza comercial Alba a reconocer en los hechos que la capacidad de decisión del poderío petrolero de Venezuela está en La Habana y no en territorio constitucional venezolano.

Con Fidel manejando los hilos del teatro de los títeres venezolanos y Raúl al frente de las decisiones venezolanas que son tomadas en función de los intereses de Cuba, las instituciones democráticas de Venezuela han sido aplastadas por los hermanos Castro. Por ello es que artificialmente se ha mantenido la versión de que Chávez está delicado pero vivo, a fin de que Fidel pueda construir una red de control político sobre Venezuela.

Por primera vez en la historia, un presidente de un país gobierna no a través de sus instituciones sino de jefes revolucionarios de otro país. Fidel Castro le ordena a Maduro y a Cabello qué decir y cómo gobernar y la corte de gobiernos aliados a Chávez se ha convertido en un politburó político para consolidar el asalto de Cuba sobre el recurso petrolero de Venezuela.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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