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Lunes 11 de marzo de 2013

+ Los Madero del PAN, piden ¿PRI?

+ Acuerdo con PRI como con Salinas

 

La participación entusiasta del presidente nacional panista Gustavo Madero Muñoz como coordinador del Pacto por México tiene que ver con el rediseño del PAN como partido de oposición conservadora. Y reproduce, casi puntualmente, la alianza del PAN de Luis H. Alvarez con el gobierno salinista.

La de Madero es una de las tres opciones del PAN: regreso a la oposición leal, aliada a gobiernos reformistas; las otras dos --la doctrinaria y la pragmática-- quedarán en minoría. Madero decidió pactar con el gobierno priísta en función de reformas que el PAN como gobierno, a lo largo de dos sexenio, fue incapaz de diseñar, impulsar y negociar.

Con Madero, el PAN estaría reconociendo explícitamente que su papel no es el de gobernar directamente la república sino el de operar como partido-bisagra en la construcción de reformas, aunque en esquemas de negociación en los que tendrá que ceder posiciones políticas y doctrinarias para alcanzar indirectamente y diluidas algunas de las propuestas panistas de gobierno.

Madero se formó políticamente en el grupo político de Francisco Barrio, uno de los primeros beneficiarios de la negociación del PAN con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari: Ernesto Rufo en 1989, Carlos Medina Plascencia en 1991 y Barrio en 1992 fueron producto de concertacesiones panistas con el gobierno de Salinas operadas por el entonces dirigente nacional panista Luis H. Alvarez para otorgar el aval del PAN a las polémicas elecciones presidenciales de 1988 a cambio de reformas y posiciones de poder. Rufo y Barrio fueron producto directamente de Salinas y Medina llegó al gobierno interino por la protesta panista contra el candidato priísta a gobernador Ramón Aguirre Velázquez por su escandaloso fraude electoral contra Vicente Fox; Medina fue el panista mejor posicionado localmente, era alcalde de León, para ocupar el interinato que al final duró seis años.

Barrio había sido víctima política de un fraude electoral en 1986 operado por en aquel entonces dos figuras priístas de primer nivel: el secretario de Gobernación de la administración delamadridista, Manuel Bartlett Díaz, y la dirigente seccional del Sindicato nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo. La razón política del fraude radicó en el argumento de que Chihuahua era la sede de la Revolución Mexicana y no podía caer, dijo Bartlett, “en manos de la reacción”. El fraude fue impugnado por los más importantes intelectuales de entonces que exigieron la anulación de las elecciones, pero sin resultados. El historiador Enrique Krauze, en su historia de los presidentes, concluyó que se trató de un “fraude patriótico”.

Madero comenzó su carrera política en Chihuahua, en el gobierno de Barrio, y de ahí se fue posicionando en niveles crecientes de cargos de elección popular a través del PAN, primero como diputado y luego como senador, y siempre al amparo del grupo de Barrio. Como senador en el sexenio panista de Calderón, Madero se estrenó como parte de una jugada golpista del grupo calderonista en la cámara alta para deponer al entonces coordinador de la bancada, Santiago Creel Miranda, por su filiación al grupo panista de Fox.

En los juegos palaciegos de poder, Madero fue electo presidente nacional del PAN en diciembre de 2010 y le tocó la desastrosa campaña presidencial de la candidata Josefina Vázquez Mota, quien se quedó atrapada entre la falta de apoyo del gobierno de Calderón y el abandono de los panistas que previeron su derrota. Luego del saldo electoral de julio del 2012, Madero se lanzó a la reorganización del PAN para mantenerse en el poder, a pesar de la derrota presidencial. Como presidente del partido, Madero careció de iniciativa y de movilidad política, aunque después de la derrota ha buscado adelgazar el PAN a su mínima expresión, sacarlo del espacio de partido en busca del poder y buscar avances mínimos a través de negociaciones con el PRI.

El modelo político de Madero se parece al PAN de Luis H. Alvarez que avanzó en posiciones de poder no por consolidación electoral sino por concertacesiones con el gobierno de Salinas de Gortari. La gubernatura para Barrio en 1992 fue operada por Salinas como una forma de consolidar al grupo de Alvarez en el PAN, al grado de que Barrio fue considerado en su momento como “el primer gobernador priísta del PAN”. En 1998, rehecho el priísmo chihuahuense y de la mano de denuncia de irregularidades panistas, el PRI recuperó el gobierno estatal con Patricio Martínez, dejando al PAN sólo como golondrina sexenal.

Como presidente del PAN, Madero le ha dedicado más tiempo a consolidar la alianza con el PRI en el Pacto por México y con el PRD en algunas posibles alianzas electorales para procesos locales y ha descuidado la reconfiguración del PAN. La depuración de militantes disminuyó el partido a menos de un tercio de afiliados pero regresando al PAN a la condición de cofradía política y no partido con necesidad de más bases y militantes para consolidar el poder. De hecho, se trata de formas de operar exactamente iguales a las de Alvarez en el salinismo, aunque con el dato contrario de que el PAN apenas hace un año estaba en la presidencia de la república.

La ampliación de la militancia en los setenta con la derecha empresarial, en los ochenta con la subordinación a los Estados Unidos bajo la presidencia panista de Pablo Emilio Madero, el ala oportunista de los Fox en los noventa y el fracaso en el ejercicio del poder en el primer decenio del siglo XXI distorsionó el pensamiento político panista y Madero extravió el rumbo del partido al asociarlo de nueva cuenta con el PRI como una decisión de desesperación política para no ser borrado del mapa nacional.

Por lo pronto, panistas han criticado a Madero por señalar que el presidente Peña Nieto “se vistió de gloria” al indiciar a Elba Esther Gordillo, porque Madero pareció olvidar que él y ella fueron compañeros diputados y se aliaron para aprobar la iniciativa de IVA en medicina y alimentos que el PRI finalmente desechó y provocó la caída de la dirigente del SNTE. Y más porque Madero nunca se atrevió a criticar a Gordillo en los tiempos de Fox y Calderón.

 

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