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Miércoles 20 de marzo de 2013

+ Madero y la derrota real del PAN

+ Regreso a contrapunto y derecha

 

Cuando el PRI perdió las elecciones del 2000, la primera reunión del CEN tricolor con el presidente Zedillo fue de definiciones: nada de tirar la toalla o buscar cambios, sino que la consigna fue mantener la unidad y resistir la irrupción foxista.

Luego de dos sexenios panistas en los que la unidad priísta condicionó la gestión del PAN en la presidencia de la república a acuerdos que no modificaran el proyecto de nación del PRI y de consolidar cuando menos dos liderazgos políticos unitarios --Enrique Peña Nieto en las tendencias de las encuestas y Manlio Fabio Beltrones en el control legislativo del poder priísta--, el tricolor pudo regresar al poder.

En el fondo, el PAN debe de definir el punto central de su tarea política: el contrapunto moral a partir del criterio de que el ejercicio directo del poder es un corruptor nato o la construcción de una nueva posibilidad pragmática de regreso al poder presidencial. Hasta ahora, el manejo del PAN por Gustavo Madero parece buscar la primera opción, lo que explicaría las rupturas internas en el partido y la conformación de corrientes, grupos o de hecho verdaderas tribus de poder similares a las que existen en el PRD.

Los partidos que juegan a la democracia tienen que pagar una cuota muy alta: el alejamiento de las posibilidades de ejercicio del poder. El funcionamiento democrático de una república no pasa necesariamente por la conformación de partidos democráticos en su funcionamiento interno porque la consolidación del modelo de coaliciones dominantes en las élites del partido implica los acuerdos entre diferentes instancias de poder y diferentes grupos políticos domésticos. Al final de cuentas, los partidos no son instancias de funcionamiento democrático sino de acuerdos entre las cúpulas para ejercer el poder.

Si el objetivo de Madero es elegir dirigentes nacionales por el voto directo de los panistas, entonces el PAN estaría demostrando su incapacidad para entender la realidad. La candidatura de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la república fue producto justamente de ese modelo de votación directa y el saldo fue la más popular pero la que en los hechos demostró la peor capacidad para conducir una candidatura de un partido en el poder presidencial, incluyendo su falta de fuerza política para negociar con el presidente Felipe Calderón.

La democracia política se mueve en tres pistas: la de las prácticas sociales que responden a las necesidades de la administración del poder, la de la competencia electoral basada en reglas controladas por instancias de equidad y la de la relación política dentro de los partidos entre todos sus grupos. La propuesta de reforma del PAN encabezada por Madero es más de definición ideológica para regresar al conservadurismo religioso de la fundación y sus intereses empresariales que la oferta de un liderazgo para la sociedad panista que busca nuevas reglas para regresar al ejercicio del poder.

La política mexicana ha demostrado ser un juego de fuerzas y no propiamente la propuesta de equidad y justicia. El PRI consolidó un ejercicio autoritario del poder dentro del partido y supo en ocasiones ofertar gestiones de gobierno basadas en la búsqueda de la equidad social, aunque sin romper con la promoción de la acumulación privada de la riqueza social. La clave de la sobrevivencia presidencial del PRI no se sustentó en las reglas democráticas sino en los resultados de las políticas sociales públicas, con prácticas muchas veces dictatoriales dentro de su organización partidista.

De hecho, ningún partido se ha construido en torno a la democracia interna. El PAN nació de una élite oligárquica fundamentalista, luego también sin respeto a la democracia cayó en manos de empresarios y derechistas, más tarde de manera impositiva se convirtió en el factor de una santa alianza conservadora PAN-empresarios-iglesia católica-embajada de los Estados Unidos y terminó como una estructura de poder al servicio de intereses empresariales de banqueros afectados por la expropiación de la banca en septiembre de 1982.

La candidatura presidencial de Vicente Fox, la victoria presidencial del 2000 y la victoria electoral del 2006 no fueron producto de prácticas democráticas del PAN sino de un funcionamiento oligárquico del partido. De ahí que la tarea de Gustavo Madero de reconstruir el PAN a partir de una propuesta presuntamente democratizadora es una exhibición de ingenuidad política, porque el PAN podría ser, vía elección directa de sus militantes, un partido democrático, pero sin candidaturas sólidas para disputarle el poder a un PRI y a un PRD-Morena que nada tienen que ver con la democracia interna; a menos, claro, que la intención de Madero ser regresar al PAN a su papel de contrapunto moral del PRI y del PRD y alejarlo casi definitivamente de la lucha por el poder en el congreso, gobiernos estatales y la presidencia de la república.

La reorganización del PAN que propone Madero poco tiene que ver con el acceso al poder vía la competencia con dos partidos --el PRI y el PRD-- en el terreno de la búsqueda del voto al margen de propuestas éticas, porque al final de cuentas la ética poco o nada tiene que ver con el ejercicio del poder. En todo caso, Madero parece estar obsesionado con marginar a los ex presidentes Fox y Calderón, quienes, con todo, representan un capital político del partido y mantienen hilos de poder en cargos públicos de aliados.

De ahí que el PAN de Madero se enfile a cualquier tipo de organización política menos la de un partido formado por militantes, simpatizantes y votantes. La reducción de los espacios de participación a una militancia registrada tendrán que pasar con un programa político ajeno al viejo conservadurismo religioso y empresarial del PAN que hasta ahora Madero parece despreocupado por impulsar. Paradójicamente, la expectativa de Madero ya no radicará en la militancia panista sino en su alianza con el PRD y satélites, quienes han demostrado en la práctica que carecen de las virtudes político-partidistas que el PAN ha impuesto a sus militantes como acto de fe.

Al final, el PAN va a regresar a su modelo de cofradía política, la misma que en el pasado lo alejó del poder real.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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