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Miércoles 3 de abril de 2013

+ Migración: sólo votos y no justicia

+ Republicanos también los quieren

 

NUEVA YORK, EU.- El tema de la reforma migratoria hace mucho que dejó de ser un tema de derechos humanos y se convirtió en un bocado electoral apetitoso para demócratas y republicanos. Los cálculos más conservadores hablan de cuando menos cuatro millones de nuevos votantes si se regularizan los inmigrantes no legales.

La novedad en la agenda migratoria ha sido la decisión de los republicanos de abandonar un poco sus restricciones conservadoras para enfocar el problema de los indocumentados como un asunto electoral. Lo mismo ha sido la agenda de los derechos de personas del mismo sexo. En ambos temas, los republicanos están decididos a impedir que esas dos agendas sean de propiedad exclusiva del presidente Obama y de los demócratas enfilados a las elecciones presidenciales del 2016.

A la agenda migratoria le falta por recorrer la parte más delicada del asunto: si demócratas y republicanos parecen estar de acuerdo en lo inevitable del reconocimiento de las ciudadanías, entonces el debate va a estar en la definición de quiénes podrían calificar para convertirse en estadunidenses. Y de la nómina de 11-12 millones de indocumentados en los Estados Unidos, una buena parte quedará fuera de los beneficios por razones varias: desinterés en convertirse en estadunidenses, exigencias de idioma y conocimiento de las leyes, modo honesto comprobable de vivir y decisión para abandonar familias en sus respectivos países.

Los primeros datos del padrón de indocumentados no han gustado mucho a las autoridades porque por la vía de los ilegales en los EU se han introducido miles de personas vinculadas a las pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico. Y por razones legales, las leyes estadunidenses carecen de instrumentos de comprobación del status social y moral de los aspirantes. En los círculos migratorios aún se recuerda la forma ingenua en que el presidente Carter, en mayo de 1980, recibió sin controles a todos los cubanos que el gobierno de Fidel Castro envío a través del puerto de Mariel, básicamente homosexuales, ladrones, drogadictos y delincuentes.

El factor Mariel estaría en la prioridad de las autoridades migratorias. De los 11-12 millones de ilegales existe buena parte de ellos marcados por el crimen organizado. El auge del narcotráfico en la costa Este-Sur de los EU --con Miami como centro promotor-- se dio precisamente con los marielitos que llegaron a involucrarse en el tráfico de drogas.

La agenda migratoria ha pegado más como elemento de debate político que como regulación de un problema social. Los republicanos más radicales le impusieron a Obama decisiones de persecución y deportación de indocumentados, pero sin ofrecer una salida de corto plazo. Ahora los republicanos han comenzado a dar un giro lento hacia la reforma migratoria para impedirles a los demócratas la capitalización del tema.

La legalización de indocumentados podría, en un cálculo arbitrario pero más o menos apegado a percepciones de expertos en temas migratorios, legalizar a cuando menos un tercio de los que viven ya en los EU al margen de la ley, algo así como cuatro millones de personas. Estos migrantes legalizados van a modificar una parte de la estructura electoral estadunidense: modificación en los equilibrios electorales, redistritación, cambio en la balanza partidista, nuevos liderazgos sociales, demandantes de servicios de la seguridad social y desde luego aportadores de impuestos.

De ahí el interés republicano de modificar su imagen de perseguidores de indocumentados. Por eso ha sido significativo el papel muy activo de los senadores republicanos John McCain y Mario Rubio --de Arizona y Florida, dos de las zonas de mayor intensidad de trabajadores hispanos ilegales-- en los trabajos de una comisión bipartidista del Congreso para apoyar la reforma migratoria propuesta por el presidente Obama. Fue muy coincidente el viaje de Obama a Las Vegas, a finales de enero pasado, para centrar su agenda de reforma migratoria para que los senadores McCain, Schumer, Burdbin, Graham, Menéndez, Rubio, Bennet y Flake dieran a conocer su documento sobre la reforma migratoria basada en cuatro pilares:

1.- Crear un camino firme pero justo para la ciudadanía de migrantes indocumentados, sin perder de vista el tema de la seguridad de las fronteras y el terrorismo.

2.- Reconocer el papel que juegan los indocumentados en el funcionamiento de la economía estadunidense.

3.- Crear formas estrictas de legalización para impedir el problema del robo de identidad y de paso cerrar los espacios para nuevas formas de contratación de más trabajadores indocumentados una vez que se termine la legalización. Aquí el problema radica en que los indocumentados tienen ingresos bajos y con ello garantizan tasas de utilidad de los contratantes, vis a vis el pago de salarios legales altos.

4.- Crear mecanismos eficaces para la futura contratación de trabajadores que necesite la economía estadunidense, pero sin descuidar la protección de sus derechos y la legalización de su estancia.

La participación de republicanos en esta comisión que trabaja por la reforma migratoria se metió en los espacios políticos-electorales de los demócratas: McCain fuer candidato republicano a la presidencia frente al demócrata Obama y el senador Mario Rubio ha aparecido en las listas de aspirantes a la candidatura presidencial estadunidense del 2016.

Si los republicanos consolidan su espacio en los debates migratorios, impedirán que los demócratas de Obama se queden con nuevos votantes. En este contexto, la visita de Obama a México en mayo próximo estaría en la lógica migratoria que beneficia más a Obama que a México porque el tema central es el de la ciudadanización de mexicanos en los Estados Unidos, es decir, mexicanos que tendrán que defender otra bandera nacional.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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