--------

Jueves 4 de abril de 2013

+ Trasfondo de crisis: globalización

+ Regresó Estado pero sin ingresos

 

NUEVA YORK, EU.- La discusión que pocos en la comunidad económica de los Estados Unidos han querido profundizar es la razón de fondo de la crisis económica: el fracaso del neoliberalismo y su salida (neo) populista.

El error estratégico de gobiernos liberales que ocuparon espacios conservadores fue el de sólo aumentar el gasto sin reestructurar la política presupuestaria general --ingresos y depuración de  egresos--, lo que llevó a privilegiar el déficit presupuestal y la deuda.

El gobierno de Barack Obama aprovechó la crisis del 2008 para reimpulsar el Estado, pero nada más en participación de gasto y no en reorganización de políticas económicas o de desarrollo. Cuando el mercado no respondió a esos estímulos y la actividad económica se estancó, el efecto fue negativo en déficit presupuestal y deuda. Y lo grave para Obama fue la ampliación de gasto en nuevos derechos sociales pero careciendo de políticas sanas de financiamiento.

Los ciclos económicos generales fueron dos a partir de la segunda posguerra: el modelo capitalista de Bretton Woods de 1944 a diciembre de 1989 con el desmoronamiento del modelo económico comunista de la Unión Soviética y la consolidación del Consenso de Washington como eje de la globalización. La estabilidad macroeconómica permitió ampliaciones de coberturas sociales del Estado en las economías sólidas y crisis deficitarias en economías latinoamericanas.

El segundo ciclo tuvo una vida menor: de finales 1989 al colapso de las corporaciones financieras en 2008, casi tres lustros. La globalización condujo a uno de los errores más graves de las economías: la desregulación financiera, lo que permitió el auge de los bonos basura y de las deudas ninjas en inmobiliarias. Las corporaciones financieras y los bancos se dedicaron a especular sin control hasta que ya no hubo liquidez para sostener el pago de rendimientos fuera de la realidad. Los gobiernos de los países capitalistas se encontraron con deudas por pagar y escasez de ingresos, lo que llevó a la salida de corto plazo de realizar recortes presupuestales en rubros sociales, lo que generó, sobre todo en la Unión Europea, protestas callejeras masivas.

Pero lo de menos es tener cálculos de porcentajes y rubros de recortes, sino que importa entender que el punto nodal de la crisis es la redefinición del papel del Estado en la actividad económica y social. Obama agregó nuevos derechos sociales pero careció de fondos para sostenerlos. La España socialdemócrata amplió derechos y llevó al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a literalmente regalar dinero para sostener sus tendencias electorales, pero se le acabaron los fondos, perdió las elecciones y su sucesor conservador tuvo que cargar con el costo político de los recortes.

El debate actual sobre la crisis tiene una deficiencia conceptual grave: la ausencia de una alternativa; en el pasado, los gobiernos socialistas, progresistas, populistas y socialdemócratas podían comprometer fondos estatales para financiar programas apoyo social, lo que configuró el modelo del Estado de bienestar. Pero las crisis de los setenta-ochenta dejaron a los gobiernos de centro-izquierda sin argumentos, pero con el pasivo de un aumento en la pobreza vinculado a un deterioro de la legitimidad electoral.

La globalización ofreció posibilidades de corto plazo en la reactivación de la actividad económica, pero la crisis del 2008 quebró la columna vertebral de ese modelo integrador. Los gobiernos utilizaron sin control las opciones del déficit presupuestal y la deuda para aportarle a la salida keynesiana de aumentar el gasto para estimular la demanda, pero descuidaron la reorganización del sistema globalizado. La actividad productiva no aumento y los gobiernos tienen que pagar con recortes de gasto la fiesta deficitaria.

Lo que no se ha debatido es la función del Estado: ¿debe regresar al centro de la dinámica productiva o su fuerza tiene que estimular la inversión privada? En países de centro-izquierda --de Venezuela a Chipre, pasando por la socialdemocracia europea e inclusive el conservadurismo estadunidense-- quieren seguir manteniendo gasto social de tipo asistencialista sin modificar egresos y ampliando el déficit presupuestal, lo que significa la garantía de permanencia de la crisis.

En los primeros indicios de un debate formal, en algunos espacios de la comunidad intelectual económica se está llegando tímidamente a la conclusión de que el Estado de bienestar fue un paradigma del siglo XX que no podrá restaurarse en el siglo XXI. Pero por compromisos ideológicos, políticos y electorales hay una resistencia a reconocer el escenario real de la crisis. Esta desviación ha impedido, por ejemplo, explorar mejores formas de las políticas fiscales u otras relaciones obrero-patronales.

En los EU existe el problema del (neo) populismo. Aunque fue duramente criticado y le costó votos, el candidato republicano Mitt Romney reveló que el 47% de los estadunidenses depende de programas sociales del Estado y son en realidad improductivos. Los problemas de la gobernabilidad económica de Obama radican justamente en ese pasivo pero en una coyuntura de ingresos estancados. Como la piel de zapa de Balzac, la cobija no alcanza para todos. Y sin reordenar el presupuesto, Obama ha aumentado mayores coberturas sociales como derechos sin viabilidad de financiamiento.

La globalización eludió la definición de su tipo de Estado; los gobiernos aprovecharon las bondades de un aumento en las exportaciones y acreditaron al asistencialismo-subsidios los problemas sociales; pero la globalización benefició a muy pocos y dejó en el desamparo a muchos más. Y ahora el Estado, agobiado por las protestas callejeras cada vez más violentas, no sabe cómo explicar que la globalización tuvo un mito populista y que el bienestar perdido podría recuperarse en una media de un cuarto de siglo.

Al final, la viabilidad del capitalismo depende de una fase de estabilización con altos costos sociales, pero los gobiernos progresistas y (neo) populistas no saben cómo explicarle a sus sociedades que la globalización carece de sentido social y que hasta ahora no hay otro paradigma de bienestar social.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar