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Domingo 26 de mayo de 2013

+ Maestros: ingobernabilidad sin fin

+ PAN: ¿recordarán a Gómez Morín?

 

Como cada año, el conflicto con los maestros disidentes del SNTE aglutinados en la CNTE pone en jaque a la ciudad de México y algunas capitales del interior de la república. Pero como cada año, el análisis deriva en la misma conclusión: la posposición de reformas institucionales.

El conflicto magisterial revela la acumulación de problemas pero de manera sobresaliente cinco:

1.- El modelo de sindicalismo del PRI: formaciones obreras no para regular las relaciones obrero-patronales, sino como corporaciones del PRI para una estabilidad política y social vía el proletariado.

2.- El agotamiento del esquema de relaciones obrero-patronales reguladas por las prioridades del PRI y no por el sistema productivo.

3.- Ante la acumulación de problemas, el sistema ha optado por la vía de las concesiones políticas, sociales y laborales en lugar de solucionar los conflictos de fondo: la concesionitis como posposición de soluciones.

4.- La proletarización del sindicalismo proyectándolo como un movimiento político y de masas a favor de modelos radicalmente sociales de gobierno y un enfoque antisistémico.

5.- La acumulación de tensiones por la falta de soluciones, con la circunstancia agravante de que los problemas se interrelacionan agrandándose y abriendo nuevos espacios de conflictos.

A pesar de la diversidad de derivaciones, en realidad el conflicto magisterial se puede resumir en la teoría clásica de la ingobernabilidad: cuando las demandas sociales enfrentan la lenta modernización de las instituciones. Se trata del razonamiento de Samuel Huntington respecto a la violencia social en fases de cambio político.

En el pasado --y hay que recordar el conflicto magisterial 1952-1958--, el uso de la fuerza terminaba con las protestas y las movilizaciones; pero eran los tiempos de un sistema político con un partido dominante y un esquema piramidal de autoridad, sin libertad de prensa para circular protestas.

La clave de la inestabilidad política y social se localiza en el tránsito del sistema de partido único dominante a un sistema democrático de partidos; a partir de 1979, con el ingreso del Partido Comunista Mexicano al Congreso, los movimientos sociales han ido rompiendo los límites institucionales y exigiendo reformas. Esta situación ha llevado al punto de inflexión: las ofertas de reforma institucional son menores a las exigencias de modernización institucional.

El modelo de ingobernabilidad de Huntington tiene como escenario a las transiciones de sistemas autoritarios y cerrados a sistemas realmente democrático con equilibrios políticos. Los maestros comenzaron sus luchas en noviembre de 1979 con demandas de aumentos salariales y de democracia sindical y hoy encabezan un movimiento antisistémico de cambio de forma de gobierno, como se reveló en Oaxaca en el 2006.

El problema hoy radica en las dificultades oficiales para regresar la agenda magisterial a temas gremiales y en la radicalización de los maestros de la CNTE contra el modelo neoliberal. Una salida estaría en una agenda paralela con los partidos sobre temas de reformas del gobierno y del poder. Sin embargo, los maestros disidentes no quieren ceder espacios ganados. De ahí que el conflicto se enfile a un choque de trenes.

La crisis magisterial, así, es producto de años de posposición de soluciones; por tanto, las soluciones se han encarecido. Al final, de lo que se trata es de apostarle desde ahora a la instauración de un régimen realmente democrático o seguir acumulando contradicciones.

 

PAN: OLVIDOS DE SU PASADO

 

De la misma manera en que la victoria presidencial sorprendió al PAN en el 2000, la derrota los atrapó fuera de sus seguridades. En nueve meses después de las presidenciales del 2012, el partido ha oscilado entre la decepción y la incomprensión: aún ignora por qué perdió, si en verdad no fue tan mal partido como el PRI en el ciclo final.

Pero el problema está lejos del espacio de las racionalidades y se localiza más bien en el terreno de las tareas políticas. Peor aún, paradójicamente, en el espacio gelatinoso de las concepciones de partido. A lo largo de los doce años en el poder presidencial, el PAN se extravió en los pasadizos secretos de la política partidista.

Ahora el gran desafío del PAN se localiza en su papel como partido derrotado que perdió la presidencia de la república. El camino está lleno de piedras de todos tamaños. En el 2000, el PRI entró en una zona de incertidumbre jaloneado por los grupos políticos balcanizados. No ayudo mucho que el poder partidista quedara en manos de Roberto Madrazo entonces aliado a Elba Esther Gordillo, aunque operó con sabiduría al pactar con Fox y garantizar la gobernación de la república.

El error del PRI en el 2000 puede ser repetido hoy por el PAN: suponer que la elección se perdió por una mala candidata, desatar una persecución contra el grupo de Calderón y atorar el gobierno priísta. El PRI se rehízo en torno a Madrazo y se tropezó en el 2006 cayendo al tercer lugar, pero de ahí nacieron liderazgos de cohesión: Enrique Peña Nieto como el precandidato presidencial mejor posicionado y Manlio Fabio Beltrones como el operador de los entendimientos internos.

El PAN ahora está en la fase de la rebatinga y no existe ningún liderazgo lo suficientemente fuerte como para llamar a la cordura. El principal error de Gustavo Madero como presidente del CEN panista fue marginar a los calderonistas, aunque provocando su reorganización y fortificación en el Congreso, convirtiéndose en la parte más fuerte de la coalición gobernante al interior del partido. Por tanto, el PAN entró en un campo de batalla hacia su interior, aunque enviando mensajes negativos al exterior.

En el fondo, el PAN enfrenta su principal desafío: redefinirse como partido político, rehacer sus reglas, entender que los partidos ya no constituyen organizaciones alrededor de una ideología y llegar a la conclusión de que los militantes usan a los partidos como caminos para llegar al poder. El PRI se olvidó de la Revolución Mexicana y ha centrado su fuerza en una política social asistencialista, el PRD abandonó el neoposcardenismo y centró su fortaleza en la conquista del poder. Sólo el PAN quiere revivir a Manuel Gómez Morín en una fase de pragmatismo político.

Los comportamientos de Madero hacia el exterior no son más que reflejos de incapacidades para administrar la crisis al interior. Asimismo, revelan el peor momento en el partido donde existen cuando menos dos líneas políticas excluyentes: el CEN y las bancadas. Y finalmente, ofrecen la imagen de acciones de sobrevivencia al interior pero arriesgando avances en lo exterior. El saldo no es difícil de prever: la fractura partidista a mediano plazo. El PRI tardó dos sexenios en regresar al poder presidencial; el PAN puede tardar más o de plano decidir que su papel es ajeno al ejercicio de poder y convertirse sólo en un partido-contrapeso.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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