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Miércoles 19 de junio de 2013

+ NYT, primera baja por estilo de Obama

+ Ante terrorismo-libertades, autocensura

 

La estrategia Bush-Nixon de espionaje político interno del presidente Barack Obama por motivos de política antiterrorista tuvo ya su primera baja: el The New York Times se metió en un lío de credibilidad al corregir un editorial contra Obama después de haberlo sido difundido en internet.

Tan dado a enjuiciar a medios y naciones por errores políticos, ahora el diario neoyorkino no sabe cómo justificar una corrección a posteriori de un editorial que criticaba duramente la decisión de Obama de aprobar espionaje interno contra ciudadanos estadunidenses como parte de la política antiterrorista derivada del atentado en el maratón de Boston el pasado 5 de abril.

El jueves 6 el The New York Times circuló un editorial que contenía la frase concreta: “la administración ha perdido toda credibilidad” referida a la decisión de autorizar el espionaje a ciudadanos. Sin embargo, horas después, la versión on line del editorial fue corregida por los editores para agregarla una precisión que causó estragos en las redes sociales: “…en este tema”.

Las referencias a la corrección llevaron el debate a la acusación de que el severo y duro diario crítico había tenido que recular en sus críticas a Obama, luego de que en sendos artículos editoriales en la víspera de las elecciones de 2008 y 2012 había pedido el voto a su favor, algo común en los medios pero no por menos significativo por el papel de los medios de comunicación justamente como medios.

En los EU no se discute el hecho de que antes de las elecciones algunos diarios se pronuncien a favor de algún candidato, aunque luego pasen por la tortura editorial de criticar errores o excesos de sus candidatos apoyados. Por ello es que el editorial y la corrección en el NYT ha causado tanta polémica: un diario que apoyó a Obama, luego lo criticó fuertemente y más tarde desinfló su crítica. Si bien es cierto que la oficina editorial del periódico acreditó razones para justificar la corrección, de todos en las redes donde habían caído muy mal las decisiones de Obama de espiar a ciudadanos hubo una reacción severa que calificó la corrección como una forma de ablandar la crítica.

El debate puso al NYT contra la pared porque ha sido juzgado con la misma severidad con la que critica hechos y situaciones en los EU y el mundo: sin atender las justificaciones. México, por ejemplo, ha sido víctima de los estilos intolerantes del diario en algunas de sus críticas basadas en rumores o informaciones falsas o sesgadas, sin dar luego ninguna explicación o corregir sus desviaciones.

Recientemente el NYT se convirtió en vehículo de presión política de la comunidad de los servicios de inteligencia, seguridad nacional y defensa de los EU al difundir versiones contra un general divisionario mexicano pero basado en rumores de quince años atrás y sin precisar fuente documental. Luego de precisiones duras del gobierno mexicano, el NYT, con arrogancia, simplemente desdeñó las respuestas.

En el 1998 el corresponsal del NYT en México, Sam Dillon, logró el premio Pulitzer pero con informaciones falsas referidas a supuestos apoyos políticos al narco; uno de los textos acusaba al entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, de ser uno de ellos, pero el político logró no sólo probar su inocencia sino que obligó al NYT a hacer algo que siempre ha evitado por razones de afectación de su credibilidad: una carta de desmentido en la que señalaba que Beltrones no tenía ninguna relación con el narco. A pesar del error, Dillon recibió el premio.

En el 2000, Indicador Político publicó el retiro forzado de Dillon de la plaza de México pero el entonces encargado de corresponsales Andrew Rosenthal envió una carta a esta columna para desdeñar las críticas a sus enviados; lo interesante del caso es que Rosenthal ascendió en la burocracia del NYT y hoy es nada menos que el editor de la página editorial del diario neoyorkino y por tanto responsable de la corrección a posteriori del editorial que ablandó la crítica del periódico contra Obama por el espionaje político; y Rosenthal era jefe editorial en el 2012 cuando el NYT publicó el editorial de apoyo a Obama y de llamar al electorado a hacer lo mismo.

La fase de espionaje de Obama a ciudadanos por razones antiterroristas afectó uno de los pilares de suyo erosionado del diario: la credibilidad; en junio del 2005, luego del devastador caso del reportero Jayson Blair --atrapado fabricando notas que se publicaron por descuidos de los editores--, el director Bill Keller circuló un memorándum para fijar las nuevas reglas editoriales que aseguraran la credibilidad del diario. Pero de entonces a la fecha el NYT ha seguido cometiendo errores editoriales por razones de arrogancia y de visión imperial, entre ellas las notas sobre México basadas en rumores, fuentes sin identificar y casi siempre desmentidas por algunos de los involucrados.

El problema del editorial sobre Obama corregido a posteriori entró en el terreno no de la precisión de hechos sino prácticamente de la autocensura en uno de los temas que ha indignado a la mayoría de los ciudadanos estadunidenses: la violación e incumplimiento del compromiso de Obama de no sacrificar libertades por razones de seguridad --por cierto uno de sus lemas de campaña-- y la aplicación de decisiones que aumentan la seguridad con la decisión asumida de sacrificar libertades. En la campaña de 2008 Obama afirmó que no sería como Bush y ahora aparece, como lo insisten diarios y revistas, aplicando políticas de Bush pero con mayor intensidad.

Lo grave para el NYT es que sus editoriales son aprobados por un buró editorial de dieciocho periodistas experimentados, aunque, como debe de ser, la corrección del editorial contra Obama también fue apoyado por la defensora del lector del diario, Margaret Sullivan, que se ha dedicado más a proteger al diario que a atender las quejas de los lectores por violaciones de credibilidad, aunque al final del día la corrección fue asumida por los lectores como autocensura.

 

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@carlosramirezh

 

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