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Lunes 24 de junio de 2013

+ Gustavo Madero: sólo le queda el PRI

+ PAN: disminuido, derrotado y dividido

 

Con un PAN ya fracturado, las posibilidades de reelección de Gustavo Madero como presidente del partido dependen sólo del PRI y del Pacto por México del presidente Peña Nieto. Pero el punto de ebullición del panismo indica que ese apoyo es claramente insuficiente.

El punto de no retorno de Madero fue la forma y el fondo en la destitución de Ernesto Cordero de la coordinación de la bancada del PAN en el Senado, sobre todo porque Madero se confió en el modo en que él se hizo de ese cargo en junio del 2008 cuando el presidente Calderón ordenó su destitución y colocó a Madero en su lugar. La diferencia es que hoy el PAN perdió la presidencia de la república y carece de hombre fuerte en el poder y el calderonismo se la reagrupado en torno a Cordero.

Uno de los errores de ingenuidad que suelen cometer los políticos radica en el conocido “pecado de inteligencia” de creer que la propiedad del poder es de a deveras. La estructura de organización del poder institucional --que sirve para el PRI, el PAN y el PRD-- tiene sus protocolos y el más importante dice que quien tiene el poder tiene la fuerza; y cuando no se tiene el poder, entonces la fuerza se deriva de la confrontación con el poder.

Madero es un político encaramado, sin experiencia escalafonaria, desconocedor de los mecanismos panistas del poder, ignorante del funcionamiento de los resortes políticos del panismo desde el poder y ahora echados electoralmente del poder. Por eso él mismo se enredó en una telaraña: no tiene más camino que expulsar del PAN a Cordero y a sus senadores que lo siguen que mantenerlos por razón de las elecciones de julio próximo. Un panista experimentado dice, no sin picardía, que entonces para qué Madero le dio de escobazos al panal senatorial si luego tuvo que salir huyendo. El tiempo de espera operará en contra de Madero porque los datos electorales serán adversos para el PAN de Madero.

Un experimentado panista confío: más vale cercenarse un brazo o los dos, pero impedir la creación de focos de poder político en el partido. Aunque otro, también con experiencia, afirmó que el camino más fácil es siempre el más difícil: la aceptación de responsabilidades, el reconocimiento de la realidad y la percepción de que la estructura de poder político dejó de ser piramidal como en el PRI y se multiplicó en áreas de decisión que no pueden ser tratadas como seccionales municipales.

Los partidos están asistiendo a nuevas formas de organización interna muy diferentes al modelo piramidal de hasta hace pocos años. El problema es que los políticos mexicanos tocan  de oídas y hace tiempo que se olvidaron de la capacitación política. El sistema de partidos y la configuración interna de los partidos ha variado en la teoría política. Dos puntos no han sido entendidos, ni evaluados, ni estudiados por los dirigentes partidistas del PRI, el PAN y el PRD: la organización y la institucionalización internas.

El punto de ruptura en el PAN fue el Pacto por México, una iniciativa audaz y novedosa aprobada por el presidente Peña Nieto, como un nuevo escenario estratégico para las reformas estructurales que siempre se ahogaban en el Congreso cuando se presentaban las iniciativas. Derrotado en las urnas en el 2012 y enviado al tercer sitio del ranking electoral por los indicios de divisiones internas y una pésima campaña electoral, el PAN carecía de otra salida política para posicionarse de un espacio de decisión.

Pero Madero dio una mala lectura política a los escenarios. Si sabía que al final de cuentas el Pacto era una agenda legislativa concertada, entonces cometió la falla estratégica de asumir que las bancadas carecían de voz y sólo debían ser votos ordenados por la cúpula partidista. Marginados y desdeñados como empleados menores, los senadores no sólo buscaron su propio espacio de poder sino que plantearon posibilidades mayores a los acuerdos. Lo que en realidad molestó a Madero no fue la disputa por el dinero, sino la alianza que se dio entre las bancadas del PAN y del PRD --ambas rebasando a sus dirigencias partidistas-- para la propuesta de una reforma electoral más de fondo que la del Pacto y con el objetivo de un cambio de régimen, no nada más de procedimientos. Así, el foco político de redefinición de las reformas en el Senado mostró nuevas formas de abordar la reforma política.

Con una formación política tradicionalista, ajeno a la lectura estratégica de la realidad --a pesar de tener en su entorno a un par de expertos politólogos que saben de teoría de los partidos-- y azuzado por aliados radicales que todo lo quieren arreglar a gritos o manotazos, Madero optó por el autoritarismo y con ello hundió más al PAN en el pantano de los desentendimientos. Y cuando fue orillado a tomar la decisión de autoridad más importante para fijar los términos del ejercicio interno del poder, Madero decidió un pacto de silencio político y no por una cumbre política para nuevas formas de entendimiento.

Los corderistas entendieron el silencio de Madero como una forma de negar cualquier negociación política y una forma de avisar que las expulsiones llegarán después del 7 de julio, y con sobrada razón si el PAN pierde posiciones porque entonces Madero usará el endurecimiento como una forma de impedir el fin del partido. En ese punto Madero se aparecería como el dirigente menos adecuado para la reconstrucción del partido.

En altos niveles panistas ven imposible la reelección de Madero porque implicaría la extensión cuatro años más de los estilos autoritarios que han fracturado al partido. Pero paradójicamente, a Madero sólo lo puede salvar el PRI y el Pacto por México, pero ahí también tienen claro que se trata de garantizar apoyo legislativo a las reformas no alguien que garantice votos en contra.

Y lo peor es que Madero ya contaminó al Pacto porque permitió la alianza de senadores panistas con el PRD para reformas de régimen y no sólo de viabilidad del modelo de desarrollo priísta. Así que Madero también fue dañino para el Pacto y no sería difícil que dentro del Pacto estén buscando abrir canales de negociación con los corderistas, que dentro o fuera del PAN serían algo así como veinticinco votos indispensables para las reformas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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