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Miércoles 26 de junio de 2013

+ Brasil: las limitaciones de Dilma

+ Daña la fragmentación partidista

 

PARIS, Francia.- La crisis en Brasil ha prendido los focos de alarma en la Unión Europea porque ese país representaba una posibilidad de desarrollo latinoamericano. Sin embargo, ahora Brasil entró en las zonas de indignados que revelan el colapso del sistema de representación política.

Los primeros análisis sobre la crisis en Brasil toman en cuenta algunos indicadores:

1.- La presidenta Dilma Rousseff no ha entendido la dimensión de la crisis o sus mecanismos de respuesta son menores. El problema está lejos de un referéndum sobre cualquier reforma política que no reorganice el desarticulado sistema político brasileño.

2.- El problema de la corrupción es endémico. El problema de fondo radica en el hecho de que el Partido de los Trabajadores hoy en el poder nació a finales de los setenta como parte de las movilizaciones sindicales, pero lleva casi cuarenta años en el poder y por tanto se ha enraizado en la corrupción sistémica y estructural.

3.- Pero hay otro problema mayor: el PT que sostiene a Rousseff forma parte de una coalición de diez partidos que han fragmentado el poder, por lo que la representatividad política se ha extraviado en parcelas pequeñas de partidos. El PT tiene apenas 88 diputados de los 235 de la coalición, el 37.4%, y sólo el 17% del total de 513 diputados. Por tanto, la posibilidad de autocorrección anticorrupción es prácticamente nula.

4.- La coalición que sostiene a Dilma es producto de la fragmentación política de los partidos y por tanto de la perversión del sistema de partidos. Esta atomización de partidos impide luchar contra la corrupción y favorece que los pequeños vendan sus lealtades y sus votos. La fragmentación de partidos fue una estrategia de Lula para alcanzar el poder, pero a costa de perder el control de los partidos.

5.- La sociedad brasileña le está pasando la factura social a Lula por vender la imagen del país durante sus dos periodos presidenciales, pero a costa de movimientos financieros especulativos y no de una consolidación de políticas verdaderamente sociales y no sólo asistencialistas.

6.- La sociedad brasileña estaba ya harta de la estrategia mediática de Lula y Dilma y por eso reventó la protesta y la violencia por el aumento de veinte centavos de dólar de los pasajes. Sin embargo, Dilma respondió mediáticamente tratando de encabezar la protesta pero sin un programa de reorganización social y sistémica a fondo cuando justamente los mensajes mediáticos sólo irritan a la sociedad insatisfecha.

7.- El problema grave del PT --Lula y Rousseff-- radica en la inexistencia de un modelo de desarrollo para la sociedad que emergió de la crisis de los noventa y que votó por la izquierda porque esta izquierda sólo ha podido diseñar programas asistencialistas sin efecto en la conformación social de las clases. La sociedad brasileña no quiere referéndum sino una reestructuración del sistema y nuevas formas de participación social directa en el ejercicio del poder, en tanto que el PT sólo oferta aportaciones presupuestales.

8.- Brasil emergió como potencia económica de la mano de la dictadura militar y como parte de la propuesta desarrollista de los ochenta. Lula y Rousseff se han agotado en presupuestos asistencialistas como subsidios y dinero a marginados, sin catapultar el desarrollo industrial o agropecuario.

9.- El fracaso del PT --Lula y Rousseff-- en  materia de desarrollo estalló en las calles y ahora el gobierno de izquierda no sabe aún como controlarlo. Las manifestaciones fuera de control tomaron las calles y no las van a soltar hasta que haya algún efecto en el gobierno. Rousseff enfrente un problema gravísimo: la Copa Confederaciones resultó contraproducente socialmente para Brasil y fue un pretexto para la movilización en las calles; a mediados del año próximo Brasil será sede de la Copa Mundial de Futbol, otra extraordinaria oportunidad para las protestas en las calles. La presidenta Rousseff tiene un año para reformar a Brasil, pero carece de base política y unidad partidista, la corrupción es sistémica y estructural en los partidos de la coalición gobernante y el año próximo habrá de nuevo elecciones presidenciales con la posibilidad de que el candidato sea Rousseff o Lula pero sin ninguna oferta de reorganización del régimen político.

10.- La crisis de Brasil podría convertirse en un efecto samba hacia América en cuanto a movilización de ciudadanos indignados. De hecho, y es la preocupación en la Unión Europea, Brasil carece de puertas de salida de la crisis porque el mismo sistema político corrupto es el que estaría tratando de reformar el sistema para combatir la corrupción. Y el problema de la fragmentación de los partidos tiene hundido al sistema de representación política en un pantano de corruptelas y complicidades.

11.- Brasil aparece como el primer país latinoamericano en crisis social y política con expresiones callejeras donde no hay salidas por la desorganización  de la sociedad pero con capacidad para afectar las posibilidades del desarrollo económico. La gran preocupación en la Unión Europea es que la crisis social y política en Brasil afecte a los mercados por la cantidad de bonos brasileños que fueron vendidos por Lula y Rousseff ofreciendo tasas de interés leoninas para el país. Si cae Brasil, el sistema financiero internacional tendrá otro colapso con repercusiones peores.

12.- Al final, la crisis de Brasil podría ser el fin histórico de la experiencia histórica de la izquierda rebelde en el poder por conducir al país por el mismo sendero que el conservadurismo. Y lo peor estaría en su herencia condenada a gritos por cientos de miles de brasileños: la corrupción de la izquierda en el poder y en el gobierno.

 

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