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Jueves 27 de junio de 2013

+ Europa: los ricos también lloran

+ Crisis y una generación perdida

 

PARIS, Francia.- A la entrada a Madrid procedentes del aeropuerto de Barajas, los viajantes se encuentran ya con la imagen de la crisis social en España: personas que limpian los parabrisas de los autos en busca de algunas monedas fraccionarias de euros.

Y en las principales avenidas de París, de nueva cuenta la imagen de la crisis social: familias --padre, madre e hijos-- en las calles y asentadas en quicios de las puertas o hasta en cabinas telefónicas, con sus pertenencias a cuestas luego de haberlo perdido todo.

Son los ciudadanos que perdieron en el juego de la crisis económica. En España, una vez terminada la primera fase del ajuste macroeconómico de frenó al crecimiento, aumento de impuestos y elevación del desempleo, la crisis social se mira en la economía del subempleo, en los trabajos pagados en efectivo sin regulación fiscal, en los euroafricanos que han instalado, en plena Puerta del Sol y frente a la municipalidad, la industria de la piratería que responde ya a crimen organizado porque estaría controlada por la mafia rusa.

En París aún no llega la industria del subempleo pero si la multiplicación de los pobres, la violencia social cotidiana: en el boulevard Saint-Germain-des-Pres, el de mayor tránsito turístico en el lado izquierdo del Río Sena, una niña de unos doce años bien aprovechados --piel blanca, cabello rubio, rasgos finos-- increpa a una pareja de turistas mayores que toman café en una brasserie exigiéndoles dinero, pero rebasa las líneas, ofende, sale la encargada de las mesas y la ahuyenta, la niña se enoja y toma una silla amenazando con agredir a la empleada, la situación se tensa; enojada, la niña huye cuando salen meseros en apoyo. Son, ya, escenas cotidianas con la multiplicación de la presencia de pobres en las calles de París.

España y Francia son las dos caras de una misma moneda: la crisis de 2008 estallada en diferentes grados y tiempos, pero la misma crisis al fin del día. La izquierda socialdemócrata española se dedicó prácticamente a regalar el dinero sin atender el deterioro progresivo de las finanzas públicas y la derecha arribó al poder en diciembre de 2011 cuando el daño ya estaba hecho. En dos años, Mariano Rajoy aplicó un duro programa de ajuste macroeconómico que provocó desempleo y baja en el crecimiento, con el efecto negativo en el bienestar social; desempleo de 27% en el 2013.

En Francia la derecha con Nicolás Sarkozy supuso que la crisis iba a pasar de largo, por las tasas promedio de 1.5% de crecimiento económico en el periodo 2009-2011, pero en este año 2013 entró formalmente en recesión. El problema del estancamiento se ha reflejado de inmediato en el desempleo, cuya tasa alcanzó en el primer trimestre del año su nivel máximo desde 1999: casi 11%. De ahí que el efecto social se vea en las calles: cada vez más personas pidiendo limosnas, subempleados tocando instrumentos en las calles.

La crisis europea fue provocada por la especulación financiera, pero con costo a la política de bienestar social. Hasta ahora, el error detectado se ha localizado en la estrategia anticrisis de los países europeos, con el aval del FMI: estimular el gasto público para generar demanda y salir del hoyo recesivo y usar también la deuda externa. Todo ello para evitar el ajuste estabilizador que provoca estancamiento. Sin embargo, las medidas no lograron reactivar las economías y sí ampliaron los desequilibrios financieros en las políticas económicas.

La salida se ha visto en el recorte del gasto público y el efecto en la cobertura social. En España ha afectado servicios básicos como la salud y la educación, pero sin que se vea en el corto plazo la estabilización macroeconómica. En Francia se ven venir ya los recortes sociales. En ambas naciones ha crecido la movilización en contra de los ajustes macroeconómicos, pero sin ofrecer una opción diferente. En el fondo, los gobiernos de izquierda y de derecha en Europa aún no se atreven a poner orden en los mercados financieros y en las transacciones especulativas, con el agravante de que esos movimientos monetarios en nada ayudan a la reactivación económica.

La crisis europea es similar a la padecida por México y América Latina en los setenta y ochenta. En aquellos años, los EU, los bancos y el FMI no permitieron el uso del gasto público y la deuda para reactivar la economía porque decían que no era un camino viable; ahora que la crisis ha afectado a las grandes potencias --los propios EU y Europa-- se dice que el gasto público es factor de reactivación, aunque las cifras digan lo contrario. Los EU y Europa se ahogan en el déficit y la deuda sin poder mover su PIB.

Lo que las grandes potencias no quieren entender es que la economía exige sacrificios, sean aceptados o inevitables, y que los costos sociales no se pueden evitar. Algunos cálculos de especialistas europeos consideran, por ejemplo, que la economía española podría entrar en una fase de estabilidad o tocar fondo hasta dentro de dos o tres años, y a partir de ahí paulatinamente podría comenzar a recuperar lo perdido. Ello implicaría que España habría de tardar más de diez años en reconstruir el bienestar perdido, siempre y cuando no rompa con las exigencias de disciplina.

En Francia la izquierda desplazó a la derecha con el compromiso de realizar los cambios urgentes para modificar las expectativas del desarrollo, pero el gobierno socialista de François Hollande ha carecido de margen de maniobra internacional para encarar la crisis con instrumentos de la izquierda y ha tenido que aplicar programas conservadores de ajuste económico con altos costos sociales. La aparición de los pobres en las calles de París ha sido siempre un indicio de que la economía anda mal.

España y Francia formaban parte de la élite de las potencias desarrolladas de Europa y ahora se miran como países con problemas económicos y sociales del tercer mundo. La crisis económica ha desaparecido los umbrales de la riqueza.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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