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Miércoles 3 de julio de 2013

+ Alianzas colapsan representación

+ Disputa por el poder, sólo el poder

 

Las alianzas partidistas se han convertido en la salida de corto plazo para ganar posiciones de poder, pero también se han transformado en una garantía de crisis de gobernabilidad.

Los resultados de la alianza PAN-PRD han posibilitado la derrota del PRI por la suma de votos de dos partidos de oposición, pero en el ejercicio del gobierno se ha carecido de un proyecto de modernización y el modelo se ha agotado en el beneficio a favor de uno de los dos partidos.

Al final, las alianzas y coaliciones se reducen a una suma matemática de votos y no a proyectos de cogobierno, al tiempo que ha llevado a los partidos a diluir su plataforma programática y sobre todo de ideas.

La alianza PAN-PRD se formó sólo para derrotar al PRI, aunque hayan ganado con candidatos ex priístas. En todo caso, hacia el interior del PAN y del PRD hay ya algunos análisis y evaluaciones sobre la posibilidad de acudir a las elecciones presidenciales del 2018 con un candidato aliancista.

Ahora en las elecciones estatales en trece estados, los partidos han llegado a alianzas increíbles: PAN y PRD aliados en algunas plazas, pero enfrentados en otras, el Partido Nueva Alianza buscando acomodo con alianzas lo mismo con el PRI que con el PAN y el PRD, el PT lopezobradorista contra el PRD en algunos estados.

Las alianzas han llevado a la conclusión de una severa crisis de legitimidad de los partidos. Si los partidos nacieron alrededor de una ideología y un enfoque en el ejercicio del poder, hoy sólo controlan una parte del electorado y negocian su participación junto a otros partidos. Las alianzas son sólo el reconocimiento a la falta de lealtad de los electores, a la disminución de sus militantes y a la comercialización del voto.

De ahí que los partidos hayan preferido esconder sus verdaderas propuestas programáticas en aras de alianzas que sólo les den votos, aunque luego las posiciones legislativas se dividan ante votaciones conflictivas. El PAN y el PRD podrán ganar posiciones en legislaturas locales, pero tendrán problemas a la hora de las votaciones sobre reforma energética y reforma fiscal porque el PAN está más cerca del PRI que del PRD.

La crisis del sistema de representación política tiene su origen en la conformación de alianzas y coaliciones entre partidos que difieren de ideología pero los une la conquista del poder. Por eso es que a la hora de gobernar es imposible el acuerdo conjunto.

La facilidad para crear partidos ha creado un sistema de partidos ingobernable y proclive a la negociación de pequeñas partes, aunque algunas veces algunos partidos sean desprendimientos de otros con la misma ideología. En este contexto, la creación de partidos ha servido sólo para conformar una casta de dirigentes políticos que viven como rémoras de los partidos grandes.

La estabilidad política depende del número de partidos: los sistemas bipartidistas son más estables que los multipartidistas, sin que la existencia de muchos partidos pueda ser garantía de democracia o de pluralidad. Al final, los gobiernos estatales aliancistas reproducen las formas políticas del PRI o quedan prácticamente paralizados ante la imposibilidad de atender a todos los intereses aliados o uno de los partidos domina a los demás vía una casta política local sin ideología.

Las alianzas partidistas han liquidado el valor de las ideologías políticas y han desatado una enorme ambición por las posiciones de poder. Pero a pesar de toda la demagogias, al final en México existen sólo dos formaciones ideológicas: el PRI y el PAN, con un PRD columpiándose a veces en la derecha y a veces en el progresismo del PRI, y un cardumen  de pequeños partidos-rémora incapaces de ganar por sí mismo y pegados a los grandes para que les den un raid en el furgón de cola.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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