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Lunes 22 de julio de 2013

+ Ebrard: juego secreto para AMLO-2018

+ Tecnocracia y eficientismo, su propuesta

 

Como secretario de Gobernación designado de López Obrador, Marcelo Ebrard hizo ya el primer movimiento estratégico para alinear al PRD en la candidatura presidencial de las tribus neopopulistas para el 2018: la formalización de la tribu Movimiento Progresista.

El Ebrard del sábado es el mismo Ebrard del 2012 que se negó a debatirle la candidatura presidencial al tabasqueño. En la lógica de las reglas del juego político del PRD, Ebrard sabe perfectamente que sería un suicidio político del PRD y de él mismo buscar la presidencia del partido para someterlo a su voluntad y enfilarlo a su candidatura presidencial. Por eso su jugada es otra.

El problema es que el PRD sigue sin entender el problema central del partido. Nacido del registro del Partido Comunista Mexicano-Partido Socialista Unificado de México-Partido Mexicano Socialista y dominado por la cardenista Corriente Democratizadora del PRI, el PRD se convirtió en una franquicia electoral de grupos que abandonaron la ideología de la izquierda socialista y asumieron el pragmatismo de los cargos públicos.

La alianza electoral del PRD con el PAN ha jalado al perredismo a las posiciones de centro-derecha del panismo y ha diluido las ideas de la izquierda socialista. Por eso Ebrard llamó “Movimiento Progresista” a su tribu, cuando todos los grupos perredistas de alguna forma u otra incluyen la palabra izquierda. Cuando estaba en el PRI, Ebrard definió al tricolor como partido “centro-progresista”, porque el progresismo oculta la ausencia de ideología.

La estrategia de Ebrard es la de construir para el 2018 una gran alianza de centro-populista y jalar al PAN si acaso se aprueba la segunda vuelta en las elecciones presidenciales. Aunque tiene la tentación de ser el candidato presidencial, Ebrard ya dado evidencias suficientes que no se enfrentará en el 2018 como candidato a López Obrador. Por ello, hoy sigue siendo el “secretario designado de Gobernación” del tabasqueño para construir esa alianza del 2018 con López Obrador como candidato del Movimiento de Renovación.

Aunque padece de los vicios de la política mexicana --elitismo, tendencia al cacicazgo, personalismo y caudillismo--, Ebrard representa la tecnocratización de la política: no la idea-fuerza sino los resultados, y ofrece sólo el eficientismo elitista. En lo demás, el MP tiene un batiburrillo de priísmo populista y lopezobradorismo neopopulista, aunque con el anzuelo de ser un perredista que se codea con las élites de la riqueza con las que contemporiza porque carece de la idea de equidad y justicia de la izquierda real.

En la presentación del MP, Ebrard careció de ideas políticas, eludió el diagnóstico del país y le dio la vuelta a una visión crítica de la coalición neopopulista y sus errores históricos del 2000 al 2012. Por eso se percibe la intención de Ebrard de ser un puente en la construcción de una alianza de grupos, corrientes y tribus pero en el entendido de que él mismo carece de perfil para lograrlo; así, el MP sea un caballo de troya del lopezobradorismo en el PRD para la candidatura del tabasqueño en el 2012.

Al final, Ebrard no ofreció una imagen nueva, hacia adelante; dejó ver que el problema del país es de élites y caudillos y no de proyecto de nación. Y lo malo para Ebrard es que su origen político-ideológico viene del salinismo tecnocrático y eficientista que aplastó al PRD y del neopopulismo lopezobradorista sin ideología. Cuando López Obrador lo impuso vía dedazo como candidato a jefe de gobierno, Cárdenas recordó que era un error entregarle el DF a quien como priísta salinista le quitó el DF al perredismo para dárselo a Salinas.

Hoy ese Ebrard es el que ya tiene su tribu en el PRD para el 2018, otra tribu más.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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