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Jueves 15 de agosto de 2013

+ Petróleo: KO a Revolución Mexicana

+ Descardenización y liberalismo social

 

La iniciativa presidencial para abrir algunas áreas del sector energético a la iniciativa privada tiene que ver con el largo proceso iniciado en 1990 por el presidente Carlos Salinas de Gortari para liquidar el proyecto de desarrollo de la Revolución Mexicana y crear otro nuevo dinamizado ya no por el Estado sino por el mercado.

Este proceso tiene dos lecturas: el Estado llegó a su límite de funcionamiento para conducir directamente la economía o una élite de pensamiento económico pragmático decidió los cambios; o, puede ser, un camino mixto. Hasta que se aclaren las cosas, el asunto de la participación privada en actividades productivas del petróleo forma parte de ese ciclo.

El punto fundamental radica en que el PRI desde 1990 --incluyendo la falta de ideología en los dos sexenios panistas-- encabezó la reforma ideológica del sistema político con las negociaciones del tratado de comercio libre con los Estados Unidos. La decisión clave --la madre ideológica del nuevo pensamiento político-económico-- radicó en la decisión de Salinas de Gortari, en su discurso en el PRI el 4 de marzo de 1992, de excluir el concepto de Revolución Mexicana de los documentos del partido y sustituirlo por el de “liberalismo social”.

Hasta ahí llegó el discurso político, ideológico e histórico de la Revolución Mexicana identificado con Cárdenas como el punto culminante de la radicalización revolucionaria. Ya sin la carga de los compromisos, Salinas de Gortari sustituyó al Estado por el mercado en la economía, privatizó las empresas propiedad de la nación, terminó con el ejido para empresarizar el campo, regresó a los sindicatos a su dependencia de los patrones y dio por terminado el conflicto de la iglesia católica con el juarismo y con la Revolución Mexicana. El proceso fue una verdadera descardenización integral del PRI.

De ahí que la reforma energética esté en esa lógica. El Estado social, el Estado priísta, el Estado de la Revolución Mexicana decidió llegar a su límite histórico. Lo bueno para el PRI y la élite modernizadora radica en la inexistencia de alguna mayoría política e ideológica que defienda el simbolismo de la Revolución Mexicana: el PRI fue el aval de las reformas salinistas y aprobará la propuesta de reforma energética; la fracción priísta-cardenista en el PRD es minoritaria e inexistente en el lopezobradorismo neopopulista; y el PAN se alió al PRI para formar el ala derecha de la coalición priísta. Por tanto, puede adelantarse que no habrá una oposición histórica a las reformas.

Lo que viene es el desafío de la élite modernizadora para construir un nuevo consenso nacional alrededor del modelo de mercado y estructurar un Estado rector-regulador. La oferta de que la reforma energética bajará los precios de consumo es igual a la de Salinas de Gortari cuando prometió que el tratado comercial con los Estados Unidos relanzaría a la clase media o la reforma al 27 convertiría al ejido en granjas al estilo EU y los campesinos subirían de calidad de vida.

El problema no es que las reformas no puedan lograr esos objetivos, sino que para lograrlos se requiere --oh decepción-- de un Estado si bien no tan intervencionista, sí cuando menos con mayor energía regularizadora y rectora para evitar que las aperturas en áreas hasta ahora de exclusividad para el Estado sólo beneficien a los empresarios, como la privatización de bancos y paraestatales.

En el fondo, las élites gobernantes funcionaron bien cuando se movieron alrededor de paradigmas y hasta ahora, el modelo modernizador de Salinas de Gortari ha estado imposibilitado de convertirse en un paradigma. El reto no estará en invocar a la inexistente Revolución Mexicana sino en construir un nuevo paradigma progresista y social.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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