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Lunes 21 de octubre de 2013

+ Reforma fiscal sin reforma de régimen

+ Es el desarrollo, no la política económica

 

Los legisladores todavía no alcanzan a entender la crisis mexicana, aunque a veces se lucen con reformas que tampoco comprenden a cabalidad.

La reforma fiscal aprobada es un ejemplo de que los partidos políticos siguen lejos de razonar el fondo de la crisis mexicana. Extraña que el PRD que impulsó en el Senado una reforma de régimen, en la Cámara de Diputados se vea reducido a un sector light aprobando impuestos indirectos al azúcar en refrescos como la propuesta revolucionaria y de izquierda, sólo para alcanzar la dimensión de bancada Zero en homenaje a la bebida sin azúcar.

La definición y calendarización de las reformas estructurales en el Pacto por México se achicó a una mezcla de agendas legislativas. Por lo pronto, a los tres principales partidos y al propio grupo rector del Pacto le sigue faltando un diagnóstico general de la crisis. Todos los partidos se lucen esgrimiendo el argumento de la crisis general del sistema, pero sus propuestas son solamente procedimentales y de administración de la crisis y no de reorganización de la república.

El punto central que en pocos espacios legislativos se asume señala que la crisis de México se expresa en tres dimensiones: tasas de crecimiento promedio de 2.5%, desempleo y pobreza del 50% de la población porque la economía no alcanza a garantizar e incapacidad financiera del Estado para invertir en los montos que requiere la economía. Por tanto, la crisis se debe percibir como causa del agotamiento del modelo de desarrollo priísta --Estado, estructuras de poder y Constitución-- y no como consecuencia de factores externos.

Sin discutir este escenario, las reformas estructurales serán producto de una tensión dinámica entre fuerzas políticas conflictuadas en su interior. Pero sigue siendo válido el proceso español de transición a la democracia: primero fue la reforma política para instaurar la democracia y definir la correlación de fuerzas políticas y sociales, luego vino la reforma del modelo de desarrollo a través de los Pactos de la Moncloa y finalmente el proceso se amarró con la Constitución.

Así, a México le falta una reforma de régimen, un nuevo modelo de desarrollo y un nuevo consenso constitucional para sentar las bases de salida de la crisis, si es que alguna fuerza política realmente quiere sacar a México de la crisis y no aspira sólo a administrar la crisis.

El Pacto por México no se acercó a los Pactos de la Moncloa y la reforma fiscal aprobada quedó parchada con alcances de apenas un año. La oposición sigue ideologizando las reformas: el IVA a alimentos y medicinas se asume como bandera neopopulista pero sin evaluar si es necesaria y sin examinar otros mecanismos de compensación social. La inversión privada en el sector energético se sataniza sólo por el recuerdo de Cárdenas.

La crisis del modelo de desarrollo es el venero de la crisis mexicana: el sistema económico, el Estado y las reglas productivas existentes son insuficientes para atender el bienestar de 120 millones de mexicanos, 55 millones de pobres, 30 millones de subempleados y 20 millones de mexicanos fugados a los Estados Unidos.

Las cuentas de la crisis son fáciles de hacer: México crecía hasta 1982 a una tasa promedio de 6% para crear nuevos empleos formales cada año; de 1983 a la fecha, la tasa promedio del PIB fue de 2%, lo que quiere decir que la economía sólo atendió un tercio de la demanda de nuevos empleos; de ahí que la acumulación del desempleo crónico explique la marginación, la pobreza y el subdesarrollo.

Frente a la dimensión de la crisis, la reforma fiscal no alcanza a ser ni siquiera un curita. Se suponía que el Pacto iba a ir a fondo pero parece que quedó sólo en una oficina de atención de fracturas partidistas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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