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Martes 12 de noviembre de 2013

+ Crisis: lucha de clases, no producción

+ Izquierda y Estado, sin entender crisis

 

El tema vital de la crisis económica nacional e internacional radica en tener un diagnóstico real de sus causas. Y es la hora que la izquierda, los partidos, los parlamentos y el Estado siguen sin entender la crisis y por tanto sin saber dónde está la puerta de salida.

El debate sobre ingresos en el Congreso mexicano confundió los escenarios: el PRD y el PRI diseñaron la política fiscal como un mecanismo de castigo hacia los ricos, los empresarios y las fábricas de determinados alimentos y bebidas, cuando el problema es la recesión. En España, el Partido Socialista fijó su propuesta de gobierno en programa para quitarles más a los ricos para darles más a los pobres.

El asunto radica en los enfoques: la izquierda y los neopopulistas enarbolan el argumento de que los ricos y la distribución de la riqueza son responsables de la crisis. Por tanto, la salida estaría en la reactivación de la lucha de clases, con los gobiernos progresistas castigando a los empresarios.

Pero la crisis de las economías no radica en la acumulación consolidada sino en la falta de creación de riqueza para distribuir. La política fiscal de impuestos contra los ricos sólo proveerá algunos recursos para programas asistencialistas sin repercusión en la demanda, cuando en otras economías se bajan impuestos para impulsar la demanda.

En economía hay que tener muy claras las causas y los efectos. Una parte de la crisis fue provocada por la especulación de las grandes corporaciones, pero paradójicamente después fueron subsidiadas por el gobierno de Obama. Pero en lugar de una nueva ofensiva de regulaciones, la salida se quiere ver por el lado de los impuestos como castigo. La dimensión de la pobreza y la crisis social es mayor a lo que los Estados pudieran obtener con más impuestos a los ricos, por lo que la salida real de los gobiernos debieran ser las políticas de estímulo a la producción para crear riqueza que repartir.

Los ingresos adicionales de los ajustes fiscales que hizo el congreso mexicano a la iniciativa fiscal no sólo no alcanzarán para programas asistencialistas sino que tampoco servirán para estimular la actividad económica; al contrario, hay indicios de que provocarán más desempleo, más inflación, menos poder de compra y mayores candidatos a mexicanos necesitados de asistencia social.

Las políticas fiscales para inversiones sociales han tenido éxito en países altamente productivos y sin problemas de corrupción en los negocios y en la política. Al final de cuentas, las políticas fiscales son estrategias de desarrollo cuando están orientadas a aumentar la capacidad de producción para incrementar las posibilidades de recaudación. En los países subdesarrollados el aumento de impuestos causa inflación, disminuye la demanda efectiva y --lo peor-- dispara la evasión-elusión fiscal.

En una etapa de desaceleración que puede convertirse en recesión, la decisión económica más dañina es la de aumentar los impuestos porque contribuye a profundizar la falta de actividad económica y traslada al Estado los fondos que debieran servir para la demanda y la oferta, aunque la amenaza de más impuestos a los ricos crea un ambiente de que existe un Estado preocupado por los pobres.

Pero en el largo plazo la política de impuestos a los ricos para financiar al Estado no abate la pobreza y sí contribuye a mantener la tendencia de la desaceleración-recesión. Eso sí, el discurso político contra los ricos aporta ciertos márgenes de maniobras a los Estados en recesión económica y en poco contribuye a la reactivación o creación de más riqueza.

Las políticas fiscales pueden redistribuir la riqueza cuando se apoyan en estrategias de desarrollo, pero distribuyen la pobreza cuando se usan con demagogia.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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