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Martes 17 de diciembre de 2013

+ Lo del petróleo comenzó en 82

+ Reforma de Estado de Salinas

 

Los que estaban entonces al lado de Carlos Salinas como aliados y estrategas y hoy militan en el PRD lo saben bien: la reforma del Estado, que culminó con la reforma energética de la semana pasada, comenzó con las reformas constitucionales de diciembre de 1982.

Ese proyecto de largo plazo se consolidó con dos sucesiones presidenciales: la que llevó al propio Salinas a la presidencia y la que llevaría a Colosio pero que se concretó con Ernesto Zedillo. Ahora existen más elementos para entender por qué el candidato de 1994 no fue Manuel Camacho Solís, hoy perredista.

En la fundamentación de esas reformas al iniciar el gobierno de Miguel de la Madrid estuvo la redefinición constitucional del Estado. En un seminario sobre “La Constitución mexicana: rectoría del Estado y economía mixta”, en 1983, el entonces secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas, definió el concepto de Estado para la generación que tomaría entonces el poder. En dos párrafos se redefinió el Estado de la Revolución Mexicana:

“Algunos consideran que la acción del Estado es un reflejo de los grupos en pugna, y en particular lo consideran un mero mandatario de los grupos dominantes. Otros suponen que el Estado es la instancia que crea y organiza la sociedad. Sin embargo, posiciones así de extremas pueden resultar simplistas. La vida política no puede reducirse a la dinámica de fuerzas socioeconómicas.

El Estado no es la arena política donde se dirimen los conflictos sociales. Hay una autonomía relativa del Estado respecto de los diversos grupos que actúan y compiten en una sociedad plural. Por ello debe rechazarse la posición reduccionista que considera que las formas del Estado varían simplemente en correspondencia con los modos de producción”.

El grupo De la Madrid-Salinas fijó la reforma del Estado abstrayéndolo del viejo modelo populista de servicio de las mayorías. Ahí, con el concepto de “autonomía relativa” del Estado, ocurrió la profunda reforma histórica del Estado. Y el proyecto salinista fijó la reestructuración ideológica en el periodo 1982-1994, con el apoyo de las élites intelectuales de dentro y de fuera del gobierno, algunos de los que ahora en la oposición se hacen distraídos de la complicidad con esas decisiones que cambiaron el rumbo del país.

Cuauhtémoc Cárdenas entendió la lógica de esa reforma: en 1985 planteó el regreso a la Revolución Mexicana, en 1986 creó la Corriente Democrática del PRI para intentar el bloqueo de la candidatura presidencial de Salinas, en 1987 se salió del PRI, en 1988 compitió como candidato presidencial de una coalición de centro-izquierda y en 1989 fundó el PRD. Pero el error estratégico de Cárdenas fue permitir la incorporación de salinistas despechados por el reparto inequitativo de candidaturas y no los usó para combatir las reformas de Salinas.

La reforma constitucional de diciembre de 1982 reformó el Estado, alentó la separación del Estado de la representación de los intereses populares, facilitó la incorporación del mercado en la Constitución, explicó la exclusión del concepto de Revolución Mexicana de los documentos del PRI, justificó el tratado de comercio libre con los Estados Unidos, dio el marco político a la privatización del Estado con la venta de paraestatales, razonó la privatización del ejido cardenista y estuvo en el fondo de la sucesión presidencial de 1994.

De hecho, esa reforma salinista del Estado contó con la participación intelectual, ideológica y política de funcionarios que hoy militan en la oposición criticando aquello que prohijaron y de la cual se hacen los sorprendidos. La oposición cardenista neopopulista reaccionó tarde, mal y de malas y no supo construir una alternativa a la reforma salinista del Estado.

 

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@carlosramirezh

 

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