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Jueves 23 de enero de 2014

+ Viraje de Alemán y olvido de Cárdenas

+ Industrialización sacrificó nacionalismo

 

Las reformas energéticas posteriores a la expropiación de 1938 fueron producto de negociaciones mayores: la continuidad del régimen político de la Revolución Mexicana, con todo y sus movimientos pendulares.

De ahí que la reforma energética aprobada y promulgada en diciembre pasado deba ser leída en un contexto histórico. El propio Lázaro Cárdenas, presionado por el proceso de sucesión presidencial de 1940, retrasó un año la reforma al 27 Constitucional y en la ley reglamentaria abrió espacios petroleros al sector privado.

El gran viraje revolucionario ocurrió en el gobierno de Miguel Alemán (diciembre 1946-noviembre de 1952) como parte de un triple quiebre: civiles, modernizadores y políticos. Cárdenas aflojó su apoyo a Miguel Henríquez Guzmán para la sucesión de 1946 por la promesa de Ávila Camacho de no entregar la presidencia a los conservadores.

La historia de la sucesión presidencial de 1946 liquidó el proyecto revolucionario, cuenta Luis Bernal Tavares en Vicente Lombardo Toledano y Miguel Alemán. Una bifurcación en la Revolución Mexicana (UNAM). El henriquismo se había aparecido como un grupo cardenista, su federación de partidos del pueblo iba a jugar fuerte en las elecciones de 1952 y Cuauhtémoc Cárdenas participó en su campaña como parte de ese juego político a escondidas del general Cárdenas.

Alemán fue un moderado que iba a mantener la unidad del grupo revolucionario. Pero Ávila Camacho repetiría su propia historia: la radicalización revolucionaria generaría divisiones y debilitamiento, por lo que sería necesaria una nominación conservadora. Alemán era un político de la primera generación posterior a la de los generales que lucharon en la Revolución, Cárdenas había movido su pieza proletaria más activa e influyente: Vicente Lombardo Toledano, entonces dirigente de la CTM fundada por Cárdenas. En el discurso de nominación del candidato, Lombardo dijo que Alemán era “un cachorro de Cárdenas y Ávila Camacho”.

El modelo de Lombardo de 1945 del frente patriótico entre trabajadores y pequeña burguesía consolidó el viraje revolucionario. Alemán llegó con la propuesta de la modernización vía la industrialización y paulatinamente fue arriando las banderas del movimiento social: el amparo agrario y, sustancialmente, los contratos de riesgo en el petróleo en 1949 para jalar inversiones pero sobre todo para tranquilizar a los petroleros estadunidenses. Cárdenas y Alemán fueron compañeros en el gabinete de Ávila Camacho: el primero como secretario de la Defensa Nacional y el segundo en Gobernación, y los dos renunciaron en 1945: Cárdenas para pasar a retiro y Alemán como candidato presidencial.

El viraje revolucionario comenzó en enero de 1946: Ávila Camacho transformó el Partido de la Revolución Mexicana de Cárdenas en PRI y sobre él montó la candidatura de Alemán; éste se sacudió a Lombardo y Lombardo promovió en enero de 1947 una alianza de todos los marxistas alrededor del discurso histórico de la Revolución Mexicana para fundar un nuevo partido. La Revolución Mexicana se escindió políticamente: la izquierda se fue con Lombardo al Partido Popular en 1948 y el PRI se consolidó como el partido del régimen.

Cárdenas jugó institucional: asumió su papel de ex presidente del régimen, protegió a disidentes de los excesos represivos, vio en Cuba un respiro, alentó el Movimiento de Liberación Nacional en 1961, todo sin comprometerse abiertamente. Y en su testamento leído por Cuauhtémoc en octubre de 1971, al primer año de su fallecimiento, el general Cárdenas excluyó cualquier referencia al petróleo y a la expropiación petrolera.

A partir de 1949 el petróleo perdió su valor histórico nacionalista y se convirtió en un mero activo de la industrialización.

 

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