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Lunes 3 de marzo de 2014

+ La DEA frustró otro escape de El Chapo

+ ¿Un Cártel de Sapos contra los capos?

 

Entre las hipótesis más o menos veraces sobre la captura de El Chapo, una corre en altos niveles de las fuerzas de seguridad mexicanas:

A la DEA le llegó, de repente, el aviso de un mando medio-alto de las fuerzas de seguridad de que Joaquín El Chapo Guzmán estaba hospedado con su familia en un edificio de departamentos de Mazatlán. El dato fue revelador: El Chapo jugaba a la movilidad constante, pero nunca arriesgaba a su familia. De ahí la hipótesis de que estaba siendo protegido por alguna autoridad mexicana.

De las oficinas centrales de la DEA hubo llamadas urgentes a México, en un mismo día, diciendo contar con pruebas de la presencia de El Chapo en un departamento en Mazatlán. En realidad no había pruebas pero no había tiempo para confirmar la afirmación de la DEA ni ésta podía corroborar el tip recibido, aunque lo usó como probado al llamar a México.

En México hubo nerviosismo. La DEA había informado también que un comando especial se dirigía a la guarida del jefe del cártel de Sinaloa o del pacífico para realizar la aprehensión. De ahí la urgencia de no avisar a nadie y organizar un comando de la Marina para, inevitablemente, arrestar al capo di tutti di capi. Ahora sí El Chapo no podía escapar.

El primer sorprendido por el arresto fue, obviamente, El Chapo. Nadie le avisó. De hecho, su seguridad había sido relajada en la hipótesis de que aún estaba lejos la posibilidad de su captura. En el modelo de las autodefensas, una parte no conocida de la estrategia de seguridad se fundaba en la organización de cuerpos especiales no policiacos de lucha contra las bandas.

El Chapo pertenecía a un cártel organizado sólo para contrabandear droga a los Estados Unidos, sin meterse en otras actividades; en cambio, otros cárteles habían distorsionado el mapa del crimen organizado al controlar secuestros, extorsiones, cobro de protección, control territorial con derecho de piso, tráfico de personas, trata de blancas, distribución al menudeo para consumo, robo y exportación de autos robados y prostitución, entre otras tareas. En Monterrey, por ejemplo, Los Zetas controlaban el abasto de piratería y a los ambulantes.

Al combatir a los demás cárteles, El Chapo prestaba una función a la estrategia de seguridad. Sin operar como tal, de todos modos parecía haber en México una especia de Cártel de los Sapos, esa organización clandestina operada por la DEA y el Departamento de Justicia de los EU para convertir a narcos colombianos en delatores a cambio de libertad, prisiones cortas y mantenimiento de sus fortunas. Sólo así pudo el gobierno estadunidense liquidar a buena parte de los cárteles colombianos, y más al usar al diezmado cártel de Pablo Escobar contra el cártel de Cali.

En la realidad, El Chapo seguía con sus operaciones de tráfico de drogas pero ayudaba a contener y liquidar a los demás cárteles. Pero el acuerdo era a nivel mexicano, no con la DEA; de ahí el pánico del narco por ser extraditado. Por eso El Chapo se movía con su familia o la iba a ver con relativa tranquilidad. Astuto, el narcotraficante sabía que no debía de provocar a los americanos porque ahí estaba la parte más débil de los entendimientos. Sin embargo, los americanos habían convertido a El Chapo en el demonio porque era el que más droga pasaba a los EU, en tanto que los otros cárteles mexicanos trabajaban dentro del territorio de México.

El exceso de confianza de El Chapo y el factor inesperado del tip recibido por la DEA de una fuente de confianza no dependiente condujo al departamento en Mazatlán. A pesar de existir otros cárteles, para los EU el de El Chapo era el más dañino por la droga que entraba a los EU. La disputa por la zona del Golfo, de Ciudad Juárez a Matamoros, se había convertido en una puerta grande muy porosa, incluyendo la corrupción de autoridades estadunidenses para dejar pasar cargamentos.

Lo sorpresivo del arresto le impidió a El Chapo a organizar su sucesión en el cártel, aunque depende sólo de dos figuras dominantes: Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza El Azul, aunque el primero está tocado por el arresto y extradición de su hijo y el segundo está ya muy visto. El golpe audaz de relaciones públicas de El Mayo al promover una entrevista con el director de Proceso, Julio Scherer García, fue asumido como un desafío, pero permitió a las autoridades de México y de los EU ampliar los márgenes del espionaje. En el fondo, El Mayo está prácticamente anulado, en semirretiro y algunas fuentes sospechan que pertenece al cártel mexicano de Los Sapos o delatores.

El futuro de El Chapo está acotado, con o sin supuestos acuerdos o entendimientos. En prisión será el más vigilado y le pondrán custodios a prueba de corrupción, su familia quedó marcada para otros cárteles donde los asesinatos de familias son comunes, si se va extraditado en los EU lo van a destruir y en México a la larga tendrá que convertirse en un delator.

Pero si se revisan las fotos de su arresto, el rostro del capo es más de sorpresa que de enojo o de odio, como el de alguien que se sintió traicionado.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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