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Jueves 3 de abril de 2014

+ Vigentes propuestas democráticas de Paz

+ 1968: crisis sistémica todavía sin solución

 

Si el México del 2014 es hijo del México 68, entonces la larga transición política de México se ha quedado estancada en las mini concesiones o se ha desviado del objetivo de instauración de la democracia real.

Y si por oportunidades no paramos, las celebraciones del centenario del natalicio de Octavio Paz fueron otra posibilidad que se extravió en esa capacidad de control cultural del sistema político priísta: se habló hasta el cansancio del Paz poeta.

Por eso vale la pena rescatar las críticas de Paz al sistema político priísta y sus planteamientos de cambios democráticos. En Posdata Paz escribió argumentos aún válidos:

--El régimen mostró (en 1968) que no podía ni quería hacer un examen de conciencia; ahora bien, sin crítica, y sobre todo sin autocrítica, no hay posibilidad de cambio.

--La característica fundamental de la situación contemporánea: la existencia de dos Méxicos, uno moderno y otro subdesarrollado. Esta dualidad es el resultado de la Revolución y del desarrollo que la siguió.

--El dilema se presenta así: o el México desarrollado absorbe e integra al otro México o el México subdesarrollado, por el mero peso muerto del crecimiento demográfico, terminará por estrangular al México desarrollado.

--Tres conclusiones se desprenden de mi análisis (en el capítulo “El desarrollo y otros espejismos”): en primer término, la crisis de México es una consecuencia del cambio en la estructura social y de la aparición de nuevas clases, es una crisis del México desarrollado; en segundo lugar, sólo una solución democrática permitirá que se plateen los graves problemas del país, en especial el de la integración del México subdesarrollado o marginal, o que se adopte una política en verdad nacional; por último, si el régimen impidiese la solución democrática, el resultado no sería el status quo sino una situación de inmovilidad forzada que terminaría por provocar una explosión y laceraría en el cielo de la anarquía a la dictadura.

--No faltará quien advierta que en este esquema no aparece la otra solución: la solución revolucionaria. (…) La revolución no es un resultado del desarrollo sino un método para acelerarlo. Ahora bien, todas esas revoluciones, de la rusa a la mexicana, internacionalistas o nacionalistas, degeneran en regímenes burocráticos más o menos paternalistas y opresores.

--Podemos decirle algo a ese futuro que en alguna parte construyen unos muchachos apasionados y terribles: toda revolución sin pensamiento crítico, sin libertad para contradecir al poderoso y sin la posibilidad de sustituir pacíficamente a un gobernante por otro, es una revolución que se derrota a sí misma. Un fraude.

--Hay que renunciar definitivamente a las tendencias autoritarias de la tradición revolucionaria, especialista de su rama marxista. Al mismo tiempo, hay que romper los monopolios contemporáneos --sean del Estado, los partidos o el capitalismo privado-- y encontrar formas, nuevas y realmente efectivas, de control democrático y popular lo mismo del poder político y económico que de los medios de información y de la educación.

--Una sociedad plural, sin mayorías ni minorías: en mi utopía política no todos somos felices pero, al menos, todos somos responsables. Sobre todo y ante todo: debemos concebir modelos de desarrollo viables y menos inhumanos, costosos e insensatos que los actuales.

--El Estado no es tanto la expresión de la clase dominante, al menos en su origen, sino que ésta es el resultado de la acción del Estado. A esta circunstancia agrego otra: la existencia del PRI como una organización burocrático-política relativamente autónoma y que comprende a las burocracias de las organizaciones obreras y campesinas.

--El PRI está incrustado en el capitalismo mexicano pero no es el capitalismo mexicano.

No hay margen de independencia entre el sector privado y el público, sino que el PRI conserva considerable autonomía, la izquierda oficial, el sector técnico dentro del gobierno y muchos grupos de intelectuales han especulado con la posibilidad de que el gobierno, valiéndose precisamente de la fuerza del PRI y de los sectores populares que domina, se enfrente algún día a la iniciativa privada. Me parece que el 2 de octubre disipó esas esperanzas.

--Para enfrentarse a los banqueros y financieros, el PRI necesita primero recobrar su ascendencia entre las clases populares y para ello debería transformarse y democratizarse, algo que no puede ni quiere hacer. Por otra parte, como el Partido empieza a mostrar una alarmante incapacidad para absorber o siquiera desviar las frecuentes oleadas de inconformidad y de descontento, el sector privado sentirá la tentación de deshacerse del PRI. Aquí reaparece la doble alternativa en que termina todo el análisis de la presente situación mexicana: democracia o dictadura.

De ese Paz no quisieron hablar el PRI, el PAN y el PRD, aunque es el Paz que sigue latente y a la espera de que los jóvenes lo busquen.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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