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Domingo 19 de octubre de 2014

+ 2 de octubre no se olvida

+ Díaz Ordaz-Barros Sierra

 

Aunque sigue vigente el grito de “2 de octubre no se olvida”, politólogos, analistas y profesionales del recuerdo político de Tlatelolco han olvidado una vertiente del conflicto estudiantil de hace cuarenta y seis años: una disputa interna en las élites priístas.

La interpretación oficial del 68 sigue latente: el aleteo de una mariposa con la intervención de granaderos en una disputa entre dos grupos estudiantiles de escuelas privadas provocó el maremoto de Tlatelolco. En medio siguen los datos irrebatibles de un Estado autoritario que colocó el principio de autoridad por el de la tolerancia, provocando una espiral autoritaria.

Sin embargo, hay un apunte que ha estado latente en los análisis del conflicto pero que nadie ha querido volcarse a investigarlo: la confrontación en las élites priístas entre el autoritarismo del presidente Díaz Ordaz con la decisión de no ejercer su liderazgo del rector Javier Barros Sierra y su origen priísta.

El antecedente que debe alimentar este nuevo enfoque se localiza en el sexenio del presidente López Mateos: la sucesión presidencial de 1964 se resolvió en 1963 con la designación de Díaz Ordaz como el candidato oficial; sin embargo, en el camino hubo una disputa entre precandidatos, aunque desde el principio del gobierno de López Mateos se vio la preferencia por Díaz Ordaz.

López Mateos y Díaz Ordaz eran de la misma generación y convivieron en el Senado en el periodo 1946-1952. En diciembre de 1952 López Mateos fue designado secretario del Trabajo del gobierno de Ruiz Cortines, en tanto que Díaz Ordaz se colocó como oficial mayor de la Secretaría de Gobernación. La mano dura del gobierno llevó a conflictos sindicales en la lucha del gobierno y el PRI contra el Partido Comunista Mexicano por el control de sindicatos. Fueron los años de la gran represión obrera: maestros, ferrocarrileros, tranviarios, petroleros, entre otros. La crisis de 1958 con los ferrocarrileros y maestros fue vital para la consolidación de la candidatura de López Mateos.

En el periodo 1954-1958, el operador de la mano dura contra sindicatos fue el oficial mayor de Gobernación, Díaz Ordaz; y en el conflicto magisterial de 1956-1958 se alió con el entonces oficial mayor de la Secretaría de Educación Pública, Luis Echeverría Álvarez. Vía Díaz Ordaz en Gobernación, hubo un tercer personaje clave en la construcción de un equipo de trabajo para reventar a los sindicalistas comunistas: Fernando Gutiérrez Barrios, entonces jefe de control político de la Dirección Federal de Seguridad. La troika Díaz Ordaz-Echeverría-Gutiérrez Barrios fue clave en el Estado de 1954 a 1976.

Díaz Ordaz fue designado secretario de Gobernación del gabinete de López Mateos en diciembre de 1958 y Echeverría quedó, de manera lógica, como subsecretario-mano derecha de Díaz Ordaz. Por la alianza antigua, Díaz Ordaz arrancó primero en la lista de sucesores de 1964. Sin embargo, otros dos políticos quisieron desbancar a Díaz Ordaz: Raúl Salinas Lozano como secretario de Economía y Javier Barros Sierra como secretario de Obras Públicas.

La lucha por la sucesión presidencial en 1962 y 1963 fue dominada por Díaz Ordaz como secretario de Gobernación y hombre de todas las confianzas de López Mateos y por el papel secreto de Díaz Ordaz conduciendo la oficina presidencial ante los ataques de enfermedad de López Mateos --dolores de cabeza que lo sacaban de la actividad por varios días-- que lo aislaban en un cuarto oscuro.

Al interior del lopezmateísmo había la esperanza de que López Mateos no optara por Díaz Ordaz por su tendencia a la represión y sus constantes negativas a dialogar con grupos disidentes. La expectativa fue tan real, que el entonces secretario particular del presidente López Mateos, Humberto Romero Pérez, también movió piezas políticas para obstaculizar a Díaz Ordaz.

Sin embargo, la decisión de López Mateos no varió: su sucesor fue Díaz Ordaz y Salinas Lozano, Barros Sierra y Romero Pérez pasaron a situación de marginados, perseguidos y maldecidos desde el poder. Por cierto, en 1987, cuando fue nominado candidato presidencial, Carlos Salinas de Gortari le dijo a su padre, Raúl Salinas Lozano: “tardamos veinticinco años, pero llegamos”.

Director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM antes de ingresar al gabinete, Barrios Sierra se alejó de la política después del destape de Díaz Ordaz y regresó a la Universidad. Su red de poder universitaria se fortaleció con el grupo de ingeniería por la concesión de contratos de obra desde el gabinete. El 5 de mayo de 1966 Barrios Sierra fue designado rector de la UNAM, a pesar de la oposición de Díaz Ordaz. La UNAM tenía margen de autonomía para nombramientos pero las relaciones Estado-UNAM entraron en zona de turbulencia. El choque de trenes se percibió inevitable.

Cuando estalló la crisis del 68 por la movilización de estudiantes de la UNAM, el rector Barrios Sierra se olvidó de sus experiencias de priísta y del papel estabilizador de las instituciones y apoyó a los estudiantes. En varias ocasiones tuvo Barros Sierra la posibilidad de desactivar el conflicto, pero lo dejó ir por la pendiente de las confrontaciones. A pesar de tener margen de maniobra, el rector de la UNAM no quiso ejercer sus márgenes de distensión de la lucha estudiantil. Inclusive, Barros Sierra uso su renuncia como instrumento de presión y el presidente Díaz Ordaz lanzó a sus hordas legislativas contra el rector.

La crisis del 68 también se movió en los escenarios de la teoría de las élites del sistema. La disputa política entre un presidente en funciones y un precandidato presidencial derrotado y marginado se convirtió en acelerador del incendio político del 68, enfrentando a un presidente intolerante con un priísta rector sin interés por estabilizarle la UNAM al ejecutivo federal.

El itinerario del conflicto estudiantil se deslizó por una pendiente sin freno, con un presidente de la república vengativo sin disposición para ceder y un rector derrotado en la sucesión presidencial de 1963 que fue mezquino en su papel de buscador de soluciones y de distensiones entre los estudiantes. Las marchas estudiantiles que encabezó el rector dinamizaron el movimiento estudiantil y lo sacaron de posibilidades de solución. El rector Barros Sierra se negó a negociar con el gobierno y con sus autoridades, dejando el movimiento bajo el control de grupos estudiantiles radicalizados por el mayo francés.

De ahí la vertiente del movimiento estudiantil del 68 que no se ha querido analizar ni racionalizar: la disputa Díaz Ordaz-Barrios Sierra en el 68 como secuela de la lucha por la sucesión presidencial en el PRI en 1963. El 68 fue la factura dramática de un pleito en las élites priístas de poder.

 

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@carlosramirezh

 

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