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Domingo 11 de enero de 2015

Cárdenas-PRD: crónica de un fracaso anunciado (1)

 

La renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas al PRD sólo arrojó la pérdida política de un cuarto de siglo en la historia del país. El principal fracaso fue para la izquierda: el Partido Comunista Mexicano le cedió su registro al PRD sin exigir previamente un proyecto ideológico coherente, Al final, el PRD nació para competir con el PRI, no para consolidar una nueva opción partidista,

La intención de Cárdenas fue siempre la de ganar la presidencia de la república para revivir el proyecto político del cardenismo de la segunda mitad de los años treinta: nacionalismo revolucionario, capitalismo de Estado, populismo social. Fue la intentona de Cuauhtémoc Cárdenas de hacer lo que su padre no quiso hacer: la continuidad revolucionaria. Lázaro Cárdenas operó una sucesión a su derecha con Manuel Ávila Camacho.

El problema de fondo radicó en el hecho de que el cardenismo fue una idea, quizá una utopía (Adolfo Gilly), pero no un proyecto nacional. De 1940 a 1970 Cárdenas aceptó el desarrollismo, luego alentó desde la historia el populismo y no pudo derrotar al neoliberalismo. Cuauhtémoc Cárdenas vio en 1987 el resquicio de competir por la candidatura presidencial dentro del PRI, pero el aparato lo echó fuera del partido. Como candidato independiente encarnó la posibilidad del cambio pero no pudo derrotar al sistema que lo había prohijado.

La decisión estratégica de 1989 implicó redefiniciones de largo plazo. El PRI se había corrido a la derecha económica, el PAN estaba más que satisfecho porque el proyecto de desarrollo del salinismo era el del PAN, el Partido Comunista Mexicano legalizado apenas diez años antes llegó a la conclusión errónea de que los conceptos socialismo y comunismo y el proyecto ideológico marxista carecían de consenso popular. La propuesta de Salinas buscaba reformular el Estado de bienestar y los compromisos sociales, declarando la autonomía relativa del Estado respecto de las clases populares. Así, el país veía fortalecerse el escenario de centro-derecha con un vacío hacia el centro-izquierda. El liderazgo personal de Cárdenas fue visto como solución, sin detenerse a reflexionar que iba a convertirse en otro problema.

El amplio espectro de centro izquierda se aglutinó en el PRD: comunistas, socialistas, centro-progresistas, priístas del nacionalismo revolucionario, viejos cardenistas, estatistas del sistema, lumpenproletariado, priístas sin espacios en cargos de elección dentro del PRI, progresistas simbólicos, académicos críticos en busca de expresiones ideológicas, ex de muchos grupos en el PRI que buscaban lavar la cara de su pasado, radicales, anarquistas, simpatizantes del EZLN y una larga lista de grupos y grupúsculos.

La victoria de un tercio de los votos para Cárdenas en 1988 alentó la lucha, pero las derrotas de 1994 y 2000 (16% de votos en cada elección) la desinflaron y la enviaron al cajón del pragmatismo. El sector progresista venía de tendencias electorales de un dígito, el PCM había logrado en las elecciones presidenciales de 1982 menos del 4% de los votos. Las dos experiencias de unificación de grupos de izquierda alrededor del PCM --el PSUM y el PMS-- había sido exitosas, dentro de sus limitaciones. Pero la izquierda socialista necesitaba sumar corrientes y tendencias y ofrecer estabilidad al electorado con un corrimiento al centro. Y qué mejor que un sector del PRI cobijado por el manto casi sagrado de Lázaro Cárdenas.

Hasta ahí las cosas no se vieron tan mal.

Los problemas surgieron y se multiplicaron cuando Cuauhtémoc Cárdenas convirtió al PRD en una plataforma electoral de su candidatura a la presidencia. A partir de las sorprendentes cifras de 1988, en 1994 el PRD se estrenó como maquinaria electoral. Sólo que no fue un buen año: el EZLN irrumpió sin proyecto electoral y contaminó el desánimo de la gente con la amenaza de violencia. Y Cárdenas cayó a tercer lugar con 16%.

El PRD y Cárdenas carecieron de una lectura estratégica de 1994. El partido necesitaba trabajar sobre sus carencias como organización, antes de pensar en ganar la presidencia de la república. Cárdenas fundó y dirigió el partido pero para enfilarse a la candidatura presidencial de 1994. Ante el alzamiento guerrillero en Chiapas, el PRD pasó de largo y le dejó todo el espacio al Subcomandante Marcos. El colapso político de ese año rebasó al PRD y a sus élites. El miedo a la violencia política armada no encontró salida en Cárdenas ni en el PRD. Al final, los perredistas no entendieron que Chiapas había reconfigurado el escenario social de la política.

Hacia el interior del partido no hubo una lectura teórica de la crisis. El asesinato de Luis Donaldo Colosio y el alzamiento guerrillero no liquidaron al sistema político priísta sino que el temor lo fortaleció: Zedillo fue votado como continuidad salinista; después de años de crisis económica y efectos sociales negativos, la sociedad quería empleo y no continuidad histórica. El Estado o el mercado era lo de menos. Salinas y su grupo tecnocrático habían obtenido la gran victoria conceptual sobre la historia política del sistema. Cárdenas pasó a situación de mito genial.

Frente a la dimensión de la crisis económica y social provocada por la devaluación heredada por Carlos Salinas, el PRD careció de propuestas; la salida política fue operada por el PAN: la autonomía absoluta de los órganos electorales apareció como la gran reforma política desde la fundación del PRI como PNR. Las elecciones intermedias de 1997 arrojaron un  resultado doble: la victoria aplastante del PRD en el DF, la pérdida por el PRI de la mayoría absoluta en el Congreso y por tanto el control político por la oposición del brazo legislativo del sistema y la alternancia hacia la izquierda sin inestabilidades sociales.

De nueva cuenta Cárdenas tuvo una lectura equivocada de la realidad. Utilizó el gobierno del DF como trampolín político y abandonó el cargo para promoverse como candidato a la presidencia en el 2000. Ante un PRI devaluado, presiones estadunidenses para la alternancia y el costo social de la durísima crisis económica de 1994-1995 y con un candidato presidencial deslavado, las posibilidades de la alternancia partidista en la presidencia de la republica tocaron a las puertas de Palacio Nacional.

Por primera vez, México se enfrentó a una transición pactada entre la oposición. Los candidatos Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas encontraron un clima de cambio político. Una derrota del PRI con un acuerdo entre el PAN y el PRD hubiera obligado a un programa común a la francesa o un compromiso histórico a la italiana. Los egos, sin embargo, impidieron ese acuerdo: Fox no entendía de proyectos de transición y estaba enamorado del espejo y Cárdenas sólo se tuteaba con la historia. Sin acuerdo opositor, los votantes optaron por la alternancia con el PAN y el PRD de nueva cuenta cayó al tercer lugar.

Fox gobernó para mismo y para los espacios propios y el PRD comenzó a estallar crisis internas. Por andar peleando la candidatura presidencial, Cárdenas descuidó el partido. Las elecciones internas en el PRD de 1999 fueron fraudulentas y tuvieron que repetirse. Fue el primer mensaje, pero las élites perredistas estaban pensando en las posiciones de poder: Muñoz Ledo se desprendió de Cárdenas en el 2000 y pactó con Fox en las presidenciales, López Obrador usó la presidencia del partido para aplicar el modelo Cárdenas de trampolín hacia la candidatura al gobierno del DF, los perredistas se fragmentaron en tribus.

 

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