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Domingo 12 de enero de 2015

A Charlie se lo

habían advertido

 

Como los hechos configuran los contenidos, el apasionamiento en la defensa de la libertad de expresión en el caso de la revista satírica Charlie Hebdo no debe olvidar los antecedentes: en 2006-2007 llegó a tribunales franceses el caso de las caricaturas contra Mahoma que publicó el semanario danés Jyllands-Posten y que reprodujo Charlie.

El asunto de 2006 desequilibró la precaria situación político-religiosa en la Unión Europea y abrió un debate que debió de haberse profundizado: las vertientes a la libertad de expresión en temas religiosos. Un tribunal francés desechó la protesta musulmana de organizaciones islámicas con el argumento de que esas caricaturas no constituían el delito de “injurias con base religiosa”.

Pero el tema en realidad fue político: el 6 de febrero del 2006 el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y el premier turco Recep Tayyip Erdogan emitieron una declaración que el periódico español El País recogió así:

“El presidente español y el turco reconocen en el texto que la publicación de estas caricaturas "puede ser perfectamente legal", pero que sin embargo "no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político". Zapatero y Erdogan argumentan que la libertad de expresión es "una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos y nunca renunciaremos a ella", pero advierten de que "no hay derechos sin responsabilidad y respeto por las diferentes sensibilidades".”

Lo significativo del caso de 2006 fue el hecho de que importantes organizaciones islámicas francesas había llevado el asunto a tribunales por razones de “ofensas a una religión”. El juez francés determinó que las caricaturas se hicieron en ejercicio de la libertad de expresión y que atacaba no a la religión musulmana “sino a los integristas” radicales.

Por tanto, las caricaturas de la semana pasada que provocaron un ataque criminal contra los periodistas y otras personas formó parte de la respuesta del islamismo radical y terrorista vinculado a Al Qaeda. En 1988 el ayatola iraní Jomeini emitió una sentencia de muerte contra el escritor Salman Rushdie por haberse burlado de la religión en su libro Versos satánicos.

Aunque el tema entró en el terreno del terrorismo criminal y de los estilos de Al Qaeda --responsables de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York--, hay dos derivaciones que tienen que evaluarse: la libertad de expresión y la participación de Francia en las acciones militares de EE.UU. en el medio oriente a partir de la información falsa de la CIA de que Irak tenía armas de destrucción masiva. A pesar de haberse probado esa tesis, EE.UU., España, Inglaterra, Italia y Francia siguen apoyando militarmente la invasión. Hasta ahora ha habido ataques terroristas musulmanes contra EE.UU, España e Inglaterra y ahora Francia.

La línea de la libertad de expresión es muy tenue y movediza. En México existe el “daño moral” en el código civil cuando una persona sufre en “sus creencias” por críticas. Y la libertad tiene que ver con la ironía, el sarcasmo, la blasfemia, la burla y la ridiculización. Pero lo grave ocurre cuando la libertad de expresión critica la fe y las creencias religiosas. En México han estallado guerras por la religión.

La condena contra acciones criminales debe ser absoluta, pero al mismo tiempo se debe abrir un debate sobre el ejercicio de la libertad de expresión cuando ofende las creencias religiosas de terceros. Al final, la libertad es, además de un derecho, una responsabilidad.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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