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Domingo 18 de enero de 2015

Cárdenas-PRD: crónica de un fracaso anunciado (y 2)

 

En el 2000 nació una nueva estrella: López Obrador. Desde el gobierno del DF encaró al cardenismo y aplastó a Rosario Robles hasta echarla de la presidencia del PRD. En las presidenciales del 2006 el tabasqueño metió al PRD en una lucha callejera tomando las calles y confrontando el poder, al grado de ordenar a los perredistas impedir la toma de posesión constitucional de Calderón para una crisis constitucional que repitiera las elecciones. Ya para entonces Cárdenas se había alejado del partido. Como nuevo Tlatoani, López Obrador usó al partido para la candidatura presidencial del 2012, aunque ya con algunas tribus en su contra. Ahí se consolidó la tribu “Aguilar Talamantes”-Los Chuchos.

Del 2003 al 2012, Cárdenas se movió en los espacios del liderazgo moral, aunque sólo de nombre porque dejó de tener actividades dentro del partido. La estructura del partido ser repartió entre las tribus. López Obrador no se sintió apoyado por el PRD en su lucha del 2012 y decidió fundar su propio partido político, ahora ya con registro. Fue la primera desagregación importante dentro del PRD. Ahora con Cárdenas ocurrió la segunda. Sin élites políticas de renombre, el partido le apostó al poder de las candidaturas.

Entre el caudillismo de Cárdenas y el iluminismo de López Obrador apareció la figura de Marcelo Ebrard Casaubón, un militante del priísmo tecnocrático de Salinas y operador político del salinismo. Perredista tardío porque se incorporó al partido en el proceso electoral del 2000 en la ciudad de México, su espacio en el PRD fue menor porque llegó con la carga política negativa de haber aplastado al PRD en su estreno electoral en la ciudad de México en 1991: como secretario del PRI del DF en el gobierno de Salinas, le quitó la capital al PRD para entronizar al PRI. Ebrard se salió del PRI en 1995 por la derrota de Manuel Camacho en la asignación de la candidatura presidencial de 1994.

Ebrard se metió al PRD de la mano de López Obrador, quien lo enfiló a la jefatura de gobierno para el 2006. Ebrard se quedó atrapado entre Cárdenas y López Obrador, pero el alejamiento de Cárdenas de la política le facilitó las cosas. Ebrard y Camacho intentaron fundar un partido en 1999 pero carecieron de recursos y prefirieron sumarse al PRD. Ebrard hizo intentos por apoderarse del PRD pero chocó contra el muro de Los Chuchos. La sucesión de jefe de gobierno en el 2012 le movió el tapete a Ebrard, su delfín Mario Delgado no creció y tuvo que sacarse a Miguel Ángel Mancera de la chistera de mago; Mancera ganó pero desplazó a Ebrard.

El PRD quedó a la deriva casi desde el principio. Cárdenas lo fundó para promover su candidatura a la presidencia, López Obrador no lo necesitó por su liderazgo personal y Los Chuchos construyeron una estructura personal de utilización del partido.

 

III

Pero el PRD estaba pensado para otra cosa. En 1989 nació como el espacio de aglutinamiento del espectro político de centro-izquierda. No obstante, los cardenistas priístas que diseñaron el partido no supieron darle una personalidad propia, los comunistas del PCM pasaron a la semiclandestinidad interna y la izquierda socialista pareció concluir que no eran tiempos para ideologías, con lo que le dejaron el espacio a los oportunistas de las corrientes y tribus.

Internamente, el PRD entró en una zona de disputa por el control: sin Cárdenas ni López Obrador, con Muñoz Ledo en otros partidos, el PRD quedó en manos de los grupos dominantes, y entre ellos el de Los Chuchos. Pero en descargo de la consolidación de Nueva Izquierda como grupo hegemónico hay que registrar el hecho de que Cárdenas se marginó del partido desde el 2000, López Obrador lo uso para dos candidaturas presidenciales y luego fundó su propio partido, Ebrard nunca pudo lograr el control porque aplicó el modelo Cárdenas y López Obrador de usarlo sólo para una eventual candidatura presidencial y Muñoz Ledo se perdió entre la chiquillería de partidos.

Sin adversario fuerte, la tribu “Aguilar Talamantes”-Los Chuchos le dio dirección al partido en función de sus propios intereses. La participación del PRD en el Pacto por México contribuyó a una mayor fractura dentro del PRD, porque hubo muchos liderazgos que no estuvieron de acuerdo pero no debatieron dentro. En rumbo de salida del PRD, López Obrador provocó la ruptura del Pacto. Ante el escenario de la derrota cardenista en la reforma energética, Cárdenas aprovechó el relevo en la dirección nacional del partido para regresar a la organización, sólo que de manera condicionada a no elecciones y él como aspirante único.

Ahí se firmó el destino político de Cárdenas. Su objetivo fue el de desplazar a Los Chuchos del control del partido regresándole al grupo priísta cardenista el manejo total del partido. Pero ya fue demasiado tarde: la red de intereses políticos y el reparto de posiciones a otras tribus había fortalecido a Los Chuchos en el control del partido y de sus posiciones de poder. Sin haber participado en el PRD desde el 2000, Cárdenas quería asumir el control para un nuevo reparto de fichas. La respuesta negativa de Jesús Ortega, Jesús Zambrano y Carlos Navarrete obligó a Cárdenas a tomar la decisión de salirse del partido. Su petición de que renunciara el comité ejecutivo implicaba que el propio Cárdenas quedara como presidente interino para reconstruir la organización.

De ahí que la salida de Cárdenas fuera inevitable e inminente. El encuentro que no fue debate del martes al mediodía sólo permitió que Cárdenas abriera un espacio mediático que acunara su renuncia a la militancia que había dejado de ejercer desde el 2000. La reunión el viernes con sus seguidores le ayudó a Cárdenas a enviar mensajes; su objetivo era que entre viernes y lunes renunciara el comité de Navarrete. Sin embargo, Los Chuchos ya le habían tomado el pulso al partido: más que una ideología, una posición geométrica o el sometimiento a Cárdenas, el PRD se había constituido en una maquinaria de poder cuya fuerza y militancia derivaba no de un posicionamiento de ideas sino del reparto de candidaturas a cargos de elección popular. Con el 20% de los votos y de 20% de espacios en curules en cada una de las cámaras, el PRD tendría asegurada una militancia leal al cargo, no a las ideas.

La salida de Cárdenas del PRD ocurrió luego de casi tres lustros de no participación en el partido y de tareas ajenas a la militancia. El liderazgo moral no derivó en caudillismo de largo plazo. El México de 1988 y del 2000 quedó atrás, muy atrás. Tan el PRD cambió, que los chuchistas ni se inmutaron con la renuncia y se quedaron con el partido. Cualquier otro éxodo será irrelevante porque los perredistas ya padecieron los estilos y modos autoritarios y caudillescos de López Obrador y no se irían a su partido.

Cárdenas se quedó solo, sin tiempo ni fuerza ni grupo como para fundar otro partido o revivir la Corriente Democrática del PRI. Su ciclo de veinticinco años llegó a su fin histórico y con él también se terminó el proyecto de nacionalismo revolucionario del cardenismo como idea y utopía.

 

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@carlosramirezh

 

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