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Domingo 25 de enero de 2015

La crisis de 2014 para

desarticular el sistema político

 

Si hay evidencias acumuladas e históricas de que el sistema político priísta nuca tuvo algún año de tranquilidad y fue sometido a presiones rupturistas, cuando menos tres lo hicieron tambalearse y resquebrajarse: las secuelas de la represión en Tlatelolco en 1968, la crisis económica de 1982 y la crisis política de 1994. De las tres pruebas el sistema salió bien librado, aunque a cambio de reformas que fueron democratizando paulatinamente el juego político.

El sistema político pudo evadir la ruptura definitiva porque la oposición activista careció de alguna fuerza de recambio. Uno de los pilares fundamentales del sistema político, además del presidente de la república, del PRI y del Estado de bienestar, fue el de los acuerdos con los conocidos como sectores invisibles del sistema: el ejército, la oposición leal, los medios de comunicación, la iglesia católica, el gobierno de EE.UU., los empresarios y los movimientos sociales no rupturistas.

Es decir, el sistema sobrevivió a sí mismo y a sus crisis porque los sectores opositores no estaban preparados ni querían la alternancia partidista en la presidencia de la república. En consecuencia, el sistema político respondió con aperturas políticas: el voto a los jóvenes, la incorporación de jóvenes al poder, la legalización del Partido Comunista, el gasto social, el neoliberalismo y la autonomía absoluta de la autoridad electoral.

La alternancia partidista en el periodo 1997-2012 abrió el juego del alto poder al PAN y al PRD, pero sin cambiar la dinámica del sistema político; el regreso del PRI a la presidencia en el 2012 fue el dato mayor del fracaso opositor porque arribó al poder pero no para cambiar la forma de hacer política sino para refuncionalizar los modos priístas de hacer política, sólo que ahora para las burocracias panistas y perredistas. Los trece años de dominio opositor en la política provocaron una subdivisión en la oposición entre los sectores institucionales que querían seguir gobernando con la estructura sistémica del PRI y los rupturistas que comenzaron a buscar la forma de desmantelar el sistema político priísta.

En esta lógica hay que analizar la crisis de 2012-2014, del Pacto por México a la crisis por los secuestros y asesinatos de normalistas en Iguala. La fracción negociadora de la oposición panista y perredista perdió sus batallas internas en sus partidos y los grupos rupturistas salieron a los espacios públicos abandonados por el PRI y por la propia oposición. El PAN y el PRD se salieron del Pacto por México derrotados por la estridencia de las calles.

Si se revisa la estrategia de la protesta social se podría encontrar una ruta de debilitamiento del sistema buscando la ruptura con los sectores invisibles del sistema que siguen sosteniendo la estructura priísta de poder: el ejército, la iglesia católica, los medios de comunicación, la oposición leal, el gobierno de EE.UU., los empresarios y los movimientos sociales. Si el sistema político perdiera los acuerdos y entendimientos con estos sectores invisibles, su viabilidad habría llegado a su fin.

1.- El ejército. Pieza clave en la lucha contra la inseguridad y última línea de defensa del Estado y de la sociedad, el ejército ha sido sometido a acusaciones severas, la mayor parte de ellas infundadas con el propósito de sacarlo de la jugada sistémica aunque a costa de abandonar la plaza de seguridad a las bandas criminales y la corrupción de policías jueces y funcionarios. Ahí es donde se localiza sólo la sospecha --sin ninguna evidencia concreta-- para endosar el asesinato de los 43 normalistas a los militares. Se trata de debilitar, desprestigiar y sospechar para romper la alianza sistema político-militares.

2.- La iglesia católica fue puntal del sistema, aún cuando no había acuerdos formales. La iglesia legitimó el fraude salinista de 1988 a cambio del reconocimiento de sus derechos. En 1993 se rompió la alianza con el asesinato del cardenal Posadas Ocampo pero la jerarquía católica dominada por el juego de poder del Vaticano le apostó al modelo polaco de una alternancia hacia la derecha. La jerarquía ha jugado de manera institucional, pero siempre buscando concesiones; y ahora se advierte una jerarquía dispuesta a la autonomía relativa del sistema a la búsqueda de mayores derechos políticos; por eso sacerdotes de la línea radical son avalados por el Vaticano para enfrentar al sistema político.

3.- La oposición leal agotó su vialidad en el DF y la presidencia y la oposición rupturista quiere reventar el sistema para poder gobernar sobre otras bases: López Obrador y Marcelo Ebrard aparecen al frente de la oposición rupturista y sus objetivos son destruir las estructuras actuales de poder.

4.- Los medios de comunicación, sobre todo los electrónicos, fueron clave en el consenso fabricado por la censura. El modelo fue el de Televisa como “soldado del PRI, soldado del presidente de la república”, que definió Emilio Azcárraga Milmo en los ochenta. Pero paulatinamente los mecanismos autoritarios soltaron las riendas de la radio y la televisión y la falta de publicidad afectó a los medios escritos y el sistema político perdió la lealtad de la comunicación social. Ahora muchos medios han pasado a la oposición rupturista.

5.- El gobierno de EE.UU. siempre soñó con gobernar México pero se encontró con un sentimiento nacionalista imposible de superar. Pero ahora la oposición leal y la oposición rupturista no dejan pasar día sin pedir que Washington juzgue y condene al gobierno mexicano. En el pasado, la Casa Blanca confiaba en la habilidad del PRI para administrar México; ahora Washington quiere meterse hasta las estructuras de poder mexicanas. La ola mexicana que le pidió a Obama someter a México durante la visita de Peña Nieto fue un dato mayor de los nuevos escenarios imperiales.

6.- Los empresarios aceptaban la forma de gobernar del PRI porque les beneficiaba; pero poco a poco dejaron de influir en las decisiones y muchas de ellas --fiscales, expropiatorios y de concesiones condicionadas-- los dejaron subordinados al poder político. Por eso el empresariado impulsó, desde la expropiación bancaria de 1982, al PAN como alternativa de poder, pero el fracaso panista por gobernar igual que el PRI han llevado a los empresarios a pensar ya en un gobierno de empresarios.

7.- Los movimientos sociales formaban la calle también leal vía las movilizaciones corporativas del PRI; pero el sistema político priísta abandonó la calle y se la cedió a la oposición rupturista. Así, la calle ha roto el equilibrio institucional por las movilizaciones provocadoras de violencia de grupos radicales, lo mismo los anarquistas de piedras y bombas molotov a los anarquistas del discurso antisistémico.

La crisis de 2014 carece de explicación racional: Peña Nieto ganó la presidencia con 3.4 millones de votos sobre López Obrador o 6.6 puntos porcentuales pero las movilizaciones antisistémicas en calles y medios han acorralado al gobierno priísta de Peña Nieto, pero más por su falta de capacidad para responder a las críticas o para plantear agendas políticas.

Pero ahora no se trata de protestas contra decisiones sino de una estrategia de desarticulación del sistema político priísta golpeando las bases que lo siguen sosteniendo. Lo que importa ahora no es la base electoral que sustenta al gobierno sino una lucha por la viabilidad de la estructura de poder del sistema política priísta más allá de las urnas.

 

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@carlosramirezh

 

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