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Domingo 15 de febrero de 2015

PRD: la izquierda que nunca será

 

El destino histórico de la izquierda mexicana se escribió en las calles en 1988: luego del mitin en Ciudad Universitaria, Cárdenas se posicionó del espacio de la izquierda y dos formaciones hubieron de arriar sus banderas: el PMT de Heberto Castillo y el PMS heredero del Partido Comunista Mexicano. Desde entonces, la izquierda quedó atrapada en los límites del sistema político priísta.

¿Qué es la izquierda? Ante todo es una posición ideológica determinada por la Revolución Francesa: la lucha contra el establishment monárquico, aunque radicalizada por la furia de Robespierre. La izquierda era lo contrario de la derecha. Luego vino el marxismo a darle contenido de fondo: izquierda es el socialismo.

La izquierda en México nació marxista en la segunda mitad del siglo XIX y se definió con el apoyo del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1919. Sin embargo, la izquierda tuvo que lidiar con sus propias contradicciones pero sobre todo con la Revolución Mexicana que fue pensada por Calles y Cárdenas como socialista. En el fondo, el PCM nunca pudo entender la Revolución y quedó atrapado en el discurso oficial de la Revolución Mexicana como el destino nacional.

El PCM apoyó la candidatura presidencial de Calles pero se negó a hacerlo con la de Cárdenas. Luego coqueteó con la Revolución Mexicana vía el radicalismo sindical de Vicente Lombardo Toledano. Pero el PCM quedó atrapado en sus contradicciones internas ideológicas, la dependencia de la URSS y la carencia de liderazgos sólidos: de 1924 a 1959, el PCM era la única izquierda socialista pero sin influencia. La crisis estalló en 1959 y produjo un secretariado colectivo porque todos desconfiaban de todos. En 1963 volvió el orden al partido con la gestión profesional de Arnoldo Martínez Verdugo: el PCM entró al espacio de la oposición socialista, con mayor credibilidad que el PPS lombardista subordinado al poder.

Si la izquierda socialista compitió con algunos grupos radicales institucionales del régimen de la Revolución mexicana, al final fue derrotada: el PCM se disolvió en 1989 y le entregó su registro de 1978 a Cuauhtémoc Cárdenas para fundar el PRD. Así, el PRD nació del PCM pero quedó dominado por el priísmo cardenista, neocardenista y neopopulista. La izquierda socialista-comunista se redujo a una izquierda dentro del sistema y del régimen de la Revolución Mexicana.

La crisis final de la izquierda socialista mexicana estalló en la coyuntura de la caída del Muro de Berlín en 1989, aunque se anticipó en 1981 cuando el PCM desapareció en 1981 para fusionarse con grupos radicales y formar el partido Socialista Unificado de México, manteniendo su ideología marxista y su escudo con la hoz y el martillo. Aunque nació del PCUS, el PCM mantuvo una autonomía relativa de Moscú; por ejemplo, en 1968 el PCM condenó la invasión de tanques rusos a Checoslovaquia.

La crisis actual de la izquierda --pleitos internos en el PRD, la separación de López Obrador-- es más ideológica que elitista; el viejo PCM perdió sus referentes ideológicos cuando nació el PRD con el control del priismo progresista del neocardenismo; es decir, como una posición a la izquierda del PRI pero dentro de la ideología priísta; el progresismo del PRD fue más conservador y concesionista que el de los comunistas que se salieron del PCM para afiliarse al PRI lopezmateísta.

El PRD se esperaba como una ideología socialista-cardenista, pero no pudo más que esgrimir el discurso progresista dentro de la ideología del PRI. Por tanto, la socialista y marxista como la única izquierda con autonomía ideológica del sistema y del régimen de la Revolución Mexicana se disolvió con el PMS en 1989, aunque le dejó al PRD cierto espacio progresista --no de izquierda ideológica-- con el corrimiento del PRI a la derecha neodesarrollista con  los tecnócratas salinistas.

El gran debate del rumbo ideológico de la izquierda comenzó en 1947 con la reunión de los marxistas mexicanos, convocada por Lombardo, para definir la distancia crítica del PCM respecto de la Revolución Mexicana; Lombardo, para ese entonces, ya estaba en la izquierda dentro del régimen de la Revolución Mexicana; y varios comunistas de entonces aparecieron en el PRI al comenzar los años sesenta.

Y la segunda estación ideológica se dio en 1962 cuando José Revueltas publicó su severo texto Ensayo sobre un proletariado sin cabeza para significar la “inexistencia histórica” en México de un partido de la clase obrera, sobre todo porque la clase obrera estaba controlada por el PRI vía el corporativismo fundado por Cárdenas en 1938 con el Partido de la Revolución Mexicana. El PCM se redujo a un partido semiclandestino, elitista y radical pero con escasa influencia en la clase obrera.

La aparición del PRD de las cenizas del PCM rompió la continuidad de la izquierda socialista. Al salir de los rescoldos ideológicos del PRI ya entonces tecnocratizado por el control del grupo político de Salinas de Gortari, el PRD encontró su espacio en el territorio ideológico del cardenismo del PRI pero dentro de la ideología jabonosa del PRI. Al alejarse de la ideología socialista marxista y la de la Revolución Mexicana, el PRD sólo pudo marcar su territorio en el neopopulismo asistencialista, sin clase obrera y basado en el control del lumpenproletariado.

Los sobrevivientes de la era marxista del PCM se quedaron en la pasividad; muchos de ellos habían combatido al PRI de la Revolución Mexicana en 1958 y en 1968 no tuvieron más decisión que acomodarse en el espacio conservador del simple progresismo pragmático determinado sólo por programas de lucha contra la pobreza. Del ideal marxista de derrocar al Estadio burgués para edificar el Estado socialista quedó archivado en las cajas arrumbadas de la crisis de las ideologías.

La radicalización conservadora del neoliberalismo y sus programas de ajuste han provocado el resurgimiento de la izquierda socialista en Europa, pero en México sigue el estancamiento en la izquierda neopopulista que sólo aspira a programas asistencialistas de subsidios a la pobreza y no a programas radicales de reasignación de la riqueza para promover la desclasificación social. El PRD y López Obrador no buscan modificar la estructura de lucha por la riqueza sino excedentes presupuestales para programas de subsidios a los pobres; nada más. Inclusive, se trata de un programa neopopulista mucho menor al radicalismo que tuvo el PRI en sus épocas radicales.

La izquierda en México murió en 1989 con la disolución del PCM y el nacimiento del PRD bajo la conducción ideológica del neocardenismo. Y al desparecer el PCM el país perdió el escenario de las disputas ideológicas entre posiciones contrastantes para dejar sólo la competencia electoral entre partidos colocados en la ideología progresista de centro con preocupaciones sociales; ni el PRD ni el partido de López Obrador, por tanto, representan una verdadera izquierda; son partidos que le disputan espacios burocráticos al PRI pero dentro del mismo sistema político institucional.

Queda, al final, la necesidad de que México tiene de un partido socialista real, marxista, menos leninista, con el objetivo de cambiar los referentes del desarrollo y las clases. A pesar de todos los retruques verbales del PRD y de López Obrador, sus propuestas son típicamente priístas que no rompen la estructura de asignación de la riqueza en función del poder de las clases propietarias.

 

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@carlosramirezh

 

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