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Viernes 29 de mayo de 2015

Pues sí: la corrupción

son los políticos

 

En una de las campañas políticas más dominadas por la guerra sucia, el común denominador de las revelaciones ha radicado en el involucramiento de aspirantes a diputaciones, gubernaturas y jefaturas delegacionales capitalinas en casos tipificados de corrupción. Y a pesar de las pruebas presentadas, ninguno de los involucrados ha aclarado su situación.

En este sentido, en México se perfila una cámara de diputados, nueve futuros gobernadores y dieciséis jefes delegaciones --hasta ahora-- con una cola de corrupción que debiera por la dimensión de las pruebas de inhabilitarlos a cargos públicos donde habrá más recursos de manejo oscuro. Funcionarios que dejan una posición marcados por la corrupción piden el voto popular para brincar a otra posición para seguir acumulando riquezas personales a partir del manejo de los recursos públicos.

México no es un país pobre; al contrario, hay una enorme riqueza económica; sólo que está mal repartida: de un lado, las mayorías que padecen el pago de impuestos, los precios públicos y las mordidas que pagan; del otro lado, los funcionarios que realizan negocios multimillonarios, que permiten la acumulación de casas .

Y todos por igual: el PRD que llegó al poder de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador ha participado por igual en los negocios de la corrupción; el DF, por ejemplo, sigue peor a como lo tomó el PRD de manos del PRI y los funcionarios perredistas --todos, absolutamente todos-- cargan sobre sus hombros riquezas acumuladas sin pudor, como si fueran panistas o priístas.

Las campañas actuales han olvidado las propuestas y se han reducido a echarse lodo unos a otros, a revelar conversaciones privadas que hablan de corrupción, a usar a los medios como canales de denuncia contra el adversario.

Lo más grave de todo ha sido la evidencia de que la sociedad ve con pasividad la feria de denuncias de corrupción, sin que esos datos le hagan cambiar el sentido de su voto o exijan rendición de cuentas. Y los candidatos, conocedores de los resortes del sentimiento del voto, se han dedicado a prometer dinero regalado, beneficios a costa del erario y hasta entregar dinero en efectivo para conseguir el voto.

No hace falta ir muy lejos para elementos probatorios. Todos los que dejan hoy el cargo en el relevo que dicta el régimen democrático hace tres o seis años prometieron que administrarían con honestidad los recursos y hoy terminan sus ciclos de coyuntura y casi todos saltan a otra candidatura sin entregar cuentas ni siquiera de su propia riqueza porque han ocultado sus cartas patrimoniales. Y no les preocupa siquiera cuadrar sus mentiras: Marcelo Ebrard --para poner un ejemplo-- dice ganar 150 mil pesos mensuales o 1.8 millones de pesos al año, pero acepta a renglón seguido que tiene un gasto anual de 3 millones de pesos que nadie sabe --nadie supo-- de dónde salieron.

El gobernador saliente de Nuevo León, Rodrigo Medina, ha sido atrapado con fortuna, propiedades y recursos ajenos a sus emolumentos legales y la sociedad mira con pasividad ese enriquecimiento sin exigir vueltas porque el PRI puede volver a ganar las elecciones. Y así todos los aspirantes que piden el voto sin aclarar sus ingresos-gastos y propiedades, con la burda maniobra de poner la riqueza a nombre de esposas, parientes o prestanombres.

En este sentido, la política se resume en la búsqueda de un cargo público para el enriquecimiento sin pudor a costa de los recursos públicos. Y para calmar la irritación popular, ya no prometen gestiones éticas sino salpicar al pueblo con programas asistencialistas de dinero regalado como una forma de amarrar el compromiso del voto.

Lo más paradójico de todo es que esta campaña se montó en coyuntura política con el debate sobre el sistema nacional anticorrupción que ya fue promulgado como ley por muchos legisladores señalados por realizar irregularidades en el manejo de recursos públicos y por fortunas personales y familiares que no se prueban con ingresos legales.

México es el único país del mundo en que en medio de escándalos de corrupción generalizada aprueba un sistema anticorrupción que servirá para nada.

 

Famosas últimas palabras: “Será absolutamente normal tener algunas alianzas con el PRD con tal de ganarle algunas gubernaturas al PRI”: José Isabel Trejo, secretario general del PAN.

Es pregunta: ¿Hasta cuándo decidirán las autoridades mexicanas investigar la corrupción en el futbol mexicano como lo ha hecho el gobierno de EE.UU. contra la FIFA?

La crisis que viene: A pesar de indicios, evidencias y amenazas, el gobierno federal parece estar muy confiando en que no habrá problemas electorales cuando en cinco estados las cosas están hirviendo de violencia por parte de grupos criminales y políticos radicalizados.

 

http://noticiastransicion.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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