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Domingo 28 de junio de 2015

La utopía ciudadana

 

Acostumbrados los medios a dejarse llevar por la pasión de la circunstancia, muchos fenómenos sociales de la política se quedan en meros planteamientos o en el aire de las utopías. Ahora la de moda es la ciudadanización de la política.

El modelo sería Jaime Rodríguez Calderón El Bronco, un priísta de toda su vida que no encontró espacios para ser candidato a gobernador y se fue por la libre para ganar Nuevo León. No es un fenómeno sorprendente o único: en el pasado, Juan Andreu Almazán en 1940, Ezequiel Padilla en 1946 y Miguel Henríquez Guzmán en 1952 se salieron del sistema de la Revolución Mexicana y compitieron la presidencia por la libre. En 1988 Cuauhtémoc Cárdenas fue candidato ciudadano.

El primer problema radica en el hecho de que en realidad no se trata de ciudadanos sino de políticos de partido que andan buscando explotar su personalidad. El Bronco, por ejemplo, no gobernará con ciudadanos sino que su principal aliado será el exgobernador interino panista Fernando Elizondo, quien se salió del PAN por no darle la candidatura este año, corrió como candidato de Movimiento Ciudadano y en las encuestas se estancó en 3% de la tendencia del voto. Es decir, El Bronco gobernará con la clase política panista.

El segundo problema es la inexistencia de una ciudadanía política; existe la ciudadanía social. La ciudadanía política sería el accionar político al margen de los intereses de los partidos. Pero en los hechos, es imposible gobernar sin partidos, por más desprestigiados y desarticulados que estén. Los partidos son los espacios de canalización del interés político de los ciudadanos. El sistema de representación política --hasta ahora el único democrático-- es la esencia de la funcionalidad de la democracia como el gobierno del pueblo y por el pueblo.

En tercer lugar, el sistema de partidos representó la forma de institucionalizar la participación política para poner un orden en el desorden. Un sistema político con opiniones ciudadanas sería ingobernable. Los partidos han logrado, mal que bien, aglutinar militancias ciudadanas en torno a ideales, proyectos y formas de participación. Como  ciudadanos habría millones de candidatos en cada elección

El mensaje de los candidatos ciudadanos radica en la inexistencia de espacios democráticos al interior de los partidos porque opera la llamada “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels: todo partido tiende a crear una oligarquía de liderazgo que toma las decisiones en función de sus intereses de grupo.

Entre ciudadanizar la política regresando a la individualización del interés político y mantener el sistema oligárquico de decisión de candidaturas, el sistema político debe optar por reorganizar la estructura de los partidos. En EE.UU. existe el modelo --método, más bien-- de las elecciones primarias: los aspirantes a un cargo participan en una elección previa organizada por el órgano gubernamental y el ganador es el candidato, terminando con los nefastos dedazos o venta de candidaturas.

Si fuera ciudadanizada la elección presidencial del 2018, sin duda que podrían tenerse decenas de candidatos y el proceso sería inmanejable. Y el ganador respondería a todos que al final es servir a nadie. Por tanto, el debate debe estar en la reestructuración de los partidos y en la democratización de las candidaturas. La ciudadanización seria un regreso al desorden político primario.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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