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Viernes 3 de julio de 2015

¿Díaz no y sí Juárez, Obregón,

Calles, Cárdenas y el PRI?

 

A la memoria del periodista y
amigo Jacobo Zabludovsky

 

En los pilares del Monumento a la Revolución construido por Díaz para otros menesteres descansan los restos de Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, los dos enemigos irreconciliables y los dos con acciones represivas y los dos columnas básicas del sistema político priísta.

A Díaz lo han acusado de todo: ambicioso de poder, asesino, represor, dictador, verdugo de gobernadores, manipulador de elecciones y otras lindezas. Hacia 1910, luego de que Francisco I. Madero fue abanicado por Díaz como candidato a la vicepresidencia para un relevo institucional a favor de la oposición, la convocatoria al alzamiento de armas fue prendiendo en la república hasta obligarlo a renunciar en mayo de 1911.

Sin embargo, los sucesores salieron igual a Díaz: Madero mantuvo a Victoriano Huerta y éste lo asesinó, Carranza como hombre fuerte de la Revolución mandó asesinar a Zapata y Villa, Obregón ordenó el asesinato de Carranza y en él participó Cárdenas. Obregón, Calles y Cárdenas fundaron un sistema político centralizado, autoritario y violento.

Y antes: Díaz fue condenado por la historia no oficial por el envío de campesinos e indígenas a Valle Nacional, Quintana Roo, lo que caracterizó al “México bárbaro” del periodista John Kenneth Turner: y en esa zona de la península los campesinos iban a morir en las peores condiciones.

¿Pero no fue Juárez quien fundó el ejército federal para reprimir las protestas indígenas ante el decreto de desamortización de propiedades religiosas e indígenas en 1856 con todo el apoyo de Juárez? Esta represión fue caracterizada por los reconocidos historiadores Nancy M. Farriss En La sociedad maya bajo el control colonial y Marcelo Carmagnani en El regreso de los dioses como la segunda conquista ahora de criollos a sangre y fuego.

El modelo de sustituir gobernadores que aplicó Díaz tenía el ADN Juárez porque los gobernadores controlaban a los legisladores. Díaz aprendió de Juárez la estrategia de usar el ejército y fabricar acusaciones para construir la fuerza presidencial: Laurens Bailard Perry llama a ese modelo el de la “maquinaria política de poder” en El modelo liberal y la política práctica en la república restaurada 1967-1976: la represión y el control.

Obregón, Calles y Cárdenas transformaron esa maquinaria de poder en sistema político, con todos los defectos de Juárez: la represión, la exclusión, los asesinatos políticos, el exilio. Cárdenas destituyó a diecisiete gobernadores por callistas pero lo hizo con métodos autoritarios tipo Díaz. A lo largo de setenta y un años, de la fundación del PNR a la derrota electoral del 2000, el PRI y sus operadores se negaron a la democracia y reprimieron a sangre y fuego las demandas: estudiantes, campesinos y clases medias fueron aplastados para no democratizar.

Y si Juárez restauró la república, no lo hizo sólo sino que tuvo el genio militar de Díaz con las batallas en Puebla y La Carbonera. En 1871 Díaz lanzó la revolución de la Noria contra la reelección de Juárez, aunque desde el poder se percató que se necesitaba --el necesariato de Emilio Rabasa-- un poder ejecutivo central y fuerte para evitar la disgregación de la república. En 1900 Díaz le iba a dejar el poder a Limantour pero éste se negó y Díaz se quedó sin opciones.

Dos importantes historiadores --Justo Sierra, Rabasa-- razonaron la necesidad de un ejecutivo fuerte ante la ausencia de una sociedad civil. Por tanto, la re-revisión del papel de Díaz en la historia política nacional necesita salirse ya del maltrecho pensamiento histórico carlyliano de los héroes y enfatizar más los procesos políticos, sociales y sistémicos.

Al final Díaz no fue más dictador que Juárez, Lerdo, Carranza, Obregón, Calles, Cárdenas y más tarde los autoritarios del PRI: Díaz Ordaz, Echeverría y Salinas de Gortari. Pero la sociedad y la élite que domina el pensamiento histórico temen que cambie la calificación de Díaz en la historia nacional y la sociedad se percate que fue engañada durante un siglo con mentiras políticas del poder.

 

Famosas últimas palabras: “se siguen  registrando actos delictivos en Ciudad Universitaria de la UNAM; no se trata pues de un asunto simple, no se trata de un problema que con una sola medida pueda resolverse”: rector José Narro que entregará la rectoría en noviembre dejando una Universidad sin orden ni autoridad.

Es pregunta: ¿Será el momento para una evaluación profesional sobre la figura de Jacobo Zabludovsky como periodista?

La crisis que viene: Hay nerviosismo en el PRI por las revelaciones en EE.UU. sobre el ex gobernador de Coahuila y ex presidente nacional del PRI Humberto Moreira por malos manejos de finanzas públicas. El tema de la corrupción es el más sensible en el PRI.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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