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Lunes 27 de julio de 2015

PRI 2018: regreso al

viejo presidencialismo

 

Más que un cierre de filas con el Presidente de la República, la magna reunión de priístas el sábado con Enrique Peña Nieto fue el primer mensaje no sólo de que ellos también adelantarán el calendario al 2018 sino que lo harán del brazo del viejo presidencialismo.

Sólo que todos los viajes de regreso se encuentran con sorpresas. Y el PRI de hoy está imposibilitado para reconstruir el pasado por la sencilla razón de que el viejo PRI tenía tres características irrepetibles: estructura corporativista, oposición leal y política social con cargo al presupuesto.

Hoy el PRI debe enfrentar tres nuevos escenarios: socialización del electorado fuera del PRI y prácticamente imposible de reconstruir el modelo del corporativismo cardenista, una oposición que le apuesta a la alternancia y por tanto altamente competitiva y un Estado en quiebra social que impide convertir el presupuesto en mecanismo asistencialista electoral.

A ello se agrega el hecho de que el PRI prácticamente ha sido la principal víctima de la fragmentación política provocaba por un sistema de partidos y su base electoral real y propia se sitúa en la línea de flotación del 30%; ante ello, el PRI ha necesitado de alianzas con partidos-rémora para alcanzar victorias electorales.

El PRI era la pieza clave del sistema político que dominó casi todo el siglo XX. Y si lo espacios del PRI ya no son los mismos, el viejo presidencialismo tampoco encontrará elementos suficientes para reconstruirse a sí mismo. La clave del presidencialismo del pasado se localizaba en uno de los elementos más escasos hoy en día: la legitimidad. El Presidente de la República no era sólo el jefe del ejecutivo sino la pieza política de cohesión múltiple que encarnaba la unidad nacional. En el 68, por ejemplo, el país cerró filas en torno al Presidente aún en la crisis de violencia del 2 de octubre. Hoy en día, la institución presidencial y el cargo de Presidente de la República no sólo no es una solución sino que aparece en el escenario nacional como parte esencial del problema.

Por si fuera poco, la fuerza de la presidencia alcanzaba y se fortalecía y se privilegiaba en la toma de la decisión más importante del cargo: el poder institucional, político y de autoridad para designar --señalar con el dedo-- a su sucesor; en el pasado del viejo presidencialismo, el destape del precandidato presidencial constituía por la fuerza del sistema priísta en la elección, y el procedimiento partidista para formalizar la decisión presidencial y la campaña eran etapas propias de la parafernalia del poder.

Hoy las cosas han cambiado. El PRI ha perdido dos elecciones presidenciales y la competitividad de la oposición ha convertido el acto destapador en una etapa sin garantías de victoria. Inclusive, en la actualidad, la propia política con vitrinas abiertas ha llevado a los precandidatos presidenciales priístas a una visibilidad dañina y a un desgaste de sus propias propuestas al convertirlas en continuidad del proyecto del presidente saliente.

En este contexto, los actos como el del sábado sólo forman parte de los estilos priístas que no sólo no mandan mensaje de certeza a la sociedad sino que se convierten en elementos de crítica social: la cargada de los búfalos del poder, el valor político de un selfie con la élite de la oligarquía priísta, los abrazos que no ocultan las puñaladas de la traición.

El acto del sábado demostró que el PRI no ha entendido los mensajes de la modernidad política. Pero a favor de ese viejo PRI opera la existencia de una oposición también envejecida en sus prácticas: PAN, PRD y Morena no pueden ocultar el ADN priísta en cuanto a prácticas autoritarias, centralistas y caudillistas.

El regreso al presidencialismo se reducirá al mensaje del PRI de que el candidato del PRI a la Presidencia de la República en el 2018 será producto de nueva cuenta de un dedazo del presidente saliente, pero en un escenario nacional más competitivo en el que ese acto de poder no alcanzará como en el pasado para garantizar la victoria del PRI. El regreso al pasado del PRI convirtió la sede del partido el sábado pasado en un Parque Jurásico región IV y ya sin el genio creador de Steven Spielberg y sí con el guión escrito al alimón por los espíritus de Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, los fundadores del partido corporativo que la democracia y la alternancia han mostrado como reyes desnudos.

 

Famosas últimas palabras: “Alza en el dólar no afecta la inflación”: Agustín Carstens, gobernador del Banco de México.

Preguntó el de junto: ¿Será la desesperación de López Obrador por cachar disidentes como la Sección 22 una muestra de la debilidad real de Morena?

La crisis que viene: El foco de alerta en el tablero de seguridad política del gobierno radica en el hecho de si la 22 como en el 2006 hará alianzas con el Diablo para diluir su derrota o preferirá seguir en solitario y por tanto ya no significar un peligro político.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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