Miércoles 3 de junio 2009
+ Fallan gobernadores y alcaldes
+ Gobiernos, en red del crimen
Después de recibir información
privilegiada sobre el involucramiento de funcionarios y alcaldes michoacanos en
la red de poder del crimen
organizado en el estado, el gobernador Leonel Godoy sólo pudo responder que el
operativo fue “políticamente incorrecto”.
Y en lugar de ofrecer una limpia total en las corporaciones policiacas, Godoy exigió una disculpa. Lo malo fue que le
ofrecieron la disculpa pero sus colaboradores acusados de complicidad con el
narco siguen arraigados.
La ofensiva federal en Michoacán, Morelos
y Nuevo León pareció no obedecer a
una intención político-partidista-electoral, sino que reveló el incumplimiento de gobernadores y
alcaldes de los artículos 5 y 6 del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, firmado el 21
de agosto del año pasado. Gobernadores y alcaldes se comprometieron formalmente a examinar a sus policías y funcionarios
del área de seguridad. Ante la pasividad de las autoridades locales, el
gobierno federal encontró complicidades
de policías y funcionarios con bandas del narcotráfico.
A nueve meses de haberse firmado el
Acuerdo, la principal falla en la
seguridad pública se localizó en las autoridades de estados y municipios. Por
ejemplo, los gobernadores se comprometieron a depurar y fortalecer las
instituciones de seguridad pública locales, a mantener mecanismos estrictos de
evaluación, a examinar a los altos
mandos, a capacitar a los cuadros policiacos y a “condicionar la permanencia en instituciones a la aprobación de evaluaciones y control de
confianza”, pero han hecho nada al
respecto.
Los alcaldes también han incumplido el Acuerdo, sobre todo el
artículo 6 del Acuerdo, porque se comprometieron
a “depurar y fortalecer las instituciones de seguridad y procuración de
justicia”, a buscar el apoyo de instituciones estatales para mejorar los
mecanismos de “selección y capacitación” de la policía municipal. También los
alcaldes asumieron el compromiso de
“condicionar la permanencia de los
policías a evaluaciones de control de confianza”. Y los municipios y las
policías municipales se han transformado en la célula de la inseguridad por sus complicidades con el crimen
organizado.
A casi diez meses de la firma del Acuerdo,
gobernadores y alcaldes utilizaron todos los mecanismos y estratagemas para eludir el examen y limpieza de los
cuerpos policiacos locales. Por ejemplo, en el compromiso LVIII, establecido en
el artículo 6 del Acuerdo, se establece que “los municipios del país se comprometen a actualizar las
disposiciones de policía y buen gobierno en materia de establecimientos
mercantiles, giros negros, espectáculos
públicos y justicia de barandilla”. Nada
cumplieron: la proliferación de narcotienditas,
de centros de consumo y de picaderos
de droga han crecido a nivel
municipal bajo el criterio de que se han convertido en fuente de corrupción gubernamental.
El problema del incumplimiento del Acuerdo
en Michoacán se relacionó con el reacomodo
de áreas locales. No debe haber sorpresas en los datos que podrían explicar por qué el narcotráfico se ha asentado
en Michoacán. Poco hay que sostenga la tesis de ataques al PRD o de ser la
tierra de origen del presidente Calderón. En realidad, Michoacán surgió como posición clave del narco
por la importante del puerto Lázaro Cárdenas, sobre todo por el cierre al narco de los puertos de
Sinaloa. Los narcos se desplazaron hacia el sur. Y los cargamentos de droga
llegan a través del puerto Lázaro
Cárdenas. Y las dificultades en Tamaulipas han colocado a Oaxaca como objetivo de control por el
narcotráfico.
El narco ha dividió la república en tres posiciones clave: el Occidente con
Michoacán y Sinaloa, el Oeste en Tamaulipas y Veracruz y el Sureste en Oaxaca. Se
trata de reacomodos de recambio por
el agotamiento de las plazas tradicionales. Las plazas de Cancún y Acapulco no
importan como zonas estratégicas sino como parte de su posición turística, sobre todo por el auge del narcoturismo
basado en el consumo. En cambio, la plaza de Los Cabos ha podido eludir ese
posicionamiento por el hecho de ser más una zona de jubilados, de descanso, y no de atractivo turístico. El DF conjunta consumo, zona de transporte y
espacio de asentamiento de las mafias.
Lo malo de la ofensiva contra el narcotráfico en función de los compromisos del
Acuerdo Nacional por la
Seguridad de agosto radica en el hecho de que los gobernantes
nunca se imaginaron que el gobierno
federal instrumentara operativos en función de los compromisos firmados. Por
ejemplo, el gobernador michoacano Leonel Godoy desdeñó los avisos de la realidad. Cuando del gobierno federal
filtraron datos de que su jefe de capacitación pudo haber sido corresponsable
de los granadazos de septiembre de
2008 en Morelia, Godoy dejó pasar el
mensaje y mantuvo al policía en su cargo. Hoy es uno de los detenidos en el operativo reciente. El
expediente de ese colaborador de Godoy es bastante grueso. Por eso el gobierno de Calderón prefirió pedir perdón que pedir permiso.
La ofensiva
policiaca y militar contra funcionarios señalados por colaborar con el narco se
va a seguir apoyando en el Acuerdo
Nacional de seguridad de agosto pasado y tratará de golpear en las tres estructuras fundamentales de la fuerza del
narco: la de poder político, la de poder financiero y la de poder judicial.
Michoacán, Morelos y Nuevo León son los primeros
pasos de una intención de largo plazo del gobierno de Calderón.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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