La comuna de Oaxaca de Carlos Ramírez

René Avilés Fabila | 09.08.10

 

Los principales operadores de la transición que estamos llevando a cabo los mexicanos, han sido los medios y no los partidos, en una sociedad que no acaba de darse cuenta de su poderío. No todos los medios ni todos los periodistas, pero sí muchos que incluso han arriesgado la vida en pos de un sueño: que México salga del atraso.

La lucha se ha dado en los medios, efectivamente, sobre todo en los escritos, en esos que tienden a desaparecer sustituidos por las nuevas tecnologías de la comunicación. No es posible competir en celeridad con los electrónicos, pero estos siguen siendo incapaces de responder a las preguntas que surgen en toda información. En el mundo de papel, que se antoja anacrónico, cuentan periodistas como Carlos Ramírez, cuya larga carrera lo ha llevado a poner en práctica todos los géneros literarios y a mezclarlos con su vocación literaria. No sólo escribe un excelente castellano sino que suele estructurar sus materiales como literatura eficaz. Lo que llamamos después de Tom Wolffe, nuevo periodismo. La inteligente mezcla de dos géneros que parecieran distintos y antagónicos: uno es el reino de la ficción, el otro de la veracidad. De uno, de la literatura, se toma el arte del buen escribir, de estructurar los materiales periodísticos de mejor manera y menos tradicionalmente; del otro, el periodista se ajusta a la realidad de modo impecable.

La Comuna de Oaxaca, su más reciente libro, es original. Es periodismo de investigación a fondo. Jamás oculta su postura, es implacable con aquellos que han contribuido a envilecer a Oaxaca, su tierra natal. Parte de una metáfora notable. El viejo ejemplo que conmoviera a Marx y Lenin. ¿Por qué el fracaso de la Comuna de París? ¿Por qué los obreros detuvieron sus avances, que les impidió seguir adelante? Marx pensaba que fue la ausencia de un plan político, social y económico, y la de un partido al servicio de los trabajadores. Para Carlos Ramírez algo semejante ha sucedido en Oaxaca. Los comuneros (llamémoslos así a los de la APPO) quedaron atrapados entre dos fuerzas que aún siguen en pugna: de un lado el antiguo régimen, del otro, la incapacidad total de sus opositores a modificar las cosas. No basta la fuerza, bruta en este caso, sino poseer un proyecto político serio. No se trata de asaltar el patrimonio de los ciudadanos, de destruir y pintarrajear edificios y plantarse en las calles impidiendo toda clase de trabajo transformador. En pocos lugares como Oaxaca la sociedad fue atropellada en aras de luchar contra el autoritarismo priista. Todos buscan el poder. Aquellos que provienen de fuerzas, en su origen de izquierda, como ya es común, han terminado gobernando de forma idéntica al viejo PRI. Los partidos han recogido la herencia de un modo despótico y han sido incapaces de hurgar en sus virtudes.

Carlos Ramírez, para escribir La comuna de Oaxaca, sigue un método interesante, usa sus propios materiales, producto de investigaciones y edifica una obra que explica una situación compleja y discutible. La alternancia no es suficiente para que Oaxaca o México en su conjunto avancen hacia metas mejores. Aunque el libro no abarca el reciente proceso electoral, vale la pena preguntarse ¿qué harán Gabino Cue y sus aliados? ¿Vengarse o pensar en el bien del estado, en la reconciliación? Allí está la dificultad. No hay ética ni principios ideológicos, sólo una imperiosa necesidad de poder. Sumar fuerzas para sacar a los caciques. Ahora tendrán que probarnos que juntos pueden dejar los antiguos vicios y darle al estado una nueva fisonomía. Nada hace pensar que esa perversa alianza tendrá éxito.

Existe algo peor que podemos ver en la obra de Carlos Ramírez, el caudillismo. PAN y PRD fueron juntos, siguen juntos, pero sin un proyecto ideológico. Este es el mal de México, su enfermedad incurable. Necesita caudillos lo mismo en el campo de la política que en el de la cultura. De un lado López Obrador, del otro Carlos Monsiváis. Sin ellos no podemos existir, somos nada. Lo dijeron en el velorio del último: ¿Qué haremos sin ti? Lo mismo que decían los soviéticos luego de la muerte de Stalin. La vida siguió irremediablemente.

En la obra de Carlos hay un término frecuente: maniqueo. Es parte de la lógica política en México. Si no estás conmigo eres mi enemigo y lo desconcertante es cuando el chocante maniqueísmo pasa a ser un amasijo incomprensible, donde intelectuales al servicio de AMLO han perdido su capacidad crítica, como lo ha señalado Ricardo Alemán refiriéndose a pensadores cuyo trabajo periodístico está únicamente dirigido a salvaguardar al caudillo tabasqueño como Lorenzo Meyer. Lo grave es que el maniqueísmo le ha sido contagiado a parte de la sociedad. Ellos son los buenos, los demás, los malos. El trabajo de Carlos Ramírez, invita a una forma distinta de pensar la política, mientras que la santa alianza PAN-PRD se relame los bigotes luego del “exitoso” ensayo general que llevaron a cabo en el pasado proceso electoral para evitar que el PRI retome Los Pinos. Lo curiosos es que lo derrotaron con ex priistas, conversos, traidores y renegados.

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La comuna de Oaxaca, un alegato a favor de la sociedad: Ramírez

Luis Arellano Mora | 11.08.10

 

 

Los periodistas René Avilés Fabila, Alejandro Ramos y Ricardo Alemán fueron los encargados de dar cuenta del nuevo título de su colega Carlos Ramírez: La Comuna de Oaxaca. Crónicas oaxaqueñas de una crisis del sistema político priista, el cual presenta un análisis riguroso de la realidad política del estado del sureste mexicano, que a decir de su autor, se desató por la incapacidad de los propios gobernantes de modificar su conducta, acorde al viejo autoritarismo del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

 

 

En el texto publicado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), Ramírez aborda detalladamente los orígenes del conflicto que afloró en 2006, ofreciendo al lector un amplio contexto de cómo la lucha del magisterio local por un incremento salarial se convirtió en una lucha por la destitución del gobierno de Ulises Ruiz, quien con la finalidad de acabar con el movimiento utilizó la represión, iniciándose así una serie de protestas que dejaron como resultado la muerte y encarcelamiento de diversos disidentes.

 

Fue una vulgar lucha por el poder, sólo un reacomodo de los grupos priistas en la entidad, acotó en su momento el columnista político Ricardo Alemán. Ante un nutrido público que se dio cita, el jueves pasado, en la Librería Gandhi, aseguró que en el movimiento protagonizado en 2006 por la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) y la Sección 22 del  Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), “no hubo ni reivindicación social ni lucha ideológica”, como quisieron hacernos caer en la trampa los medios.

 

En su oportunidad, René Avilés anotó que en esa lucha los “comuneros”, como les llamó a los inconformes, quedaron atrapados entre una derecha que sí existe y una izquierda que ha demostrado ser sólo ilusoria.

 

 

 

 

 

 

  “Oaxaca estuvo literalmente secuestrada por la APPO y los intereses muy diversos que se aglutinaron en torno a un movimiento con algunos elementos de esencia revolucionaria, pero que al carecer de rumbo se perdió en la anarquía y la componenda”, precisó el director del periódico El Financiero, Alejandro Ramos.

Para concluir con la presentación del nuevo texto del autor de la columna Indicador Político, Ramos Esquivel hizo alusión a los recientes comicios realizados en el estado de Oaxaca, el pasado 4 de julio, en los que salieron triunfantes, aliados, los partidos Acción Nacional (PAN) y el de la Revolución Democrática (PRD).

 

Al respecto concluyó: “Ulises Ruiz no cayó, los maestros obtuvieron sus compensaciones económicas y la APPO, o al menos algunos de sus principales líderes como Flavio Sosa, se cobijaron en distintos cacicazgos y luego de las elecciones de julio del presente año aparecen como representantes populares, cualquier cosa que eso signifique”.

 

Auguró que ante una sociedad “sin organizaciones políticas maduras, con una estructura de control priista del poder político y con élites políticas sólo enfiladas a la disputa por el poder, Oaxaca seguirá con una crisis latente, que bien podría agudizarse aun con el cambio de colores, pero no de esencia, en los liderazgos de la entidad”.

 

Al finalizar, Carlos Ramírez afirmó que su nuevo libro es un alegato a favor de la sociedad. “La tesis de la polarización social parece haber eludido el estudio de la sociedad, pero en México la teoría de la polarización debiera llevar a la propuesta científica de la tesis del sándwich: la sociedad quedó atrapada entre dos radicalismos extremos, polares”.

 

Explicó: “El libro La comuna de Oaxaca tiene el objetivo de intentar un análisis de la crisis de Oaxaca desde el punto de vista de los intereses de la sociedad, no de la de alguno de los dos grupos en pugna. La polarización del conflicto llevó a la derrota de los dos polos, pero lo grave de todo ha sido la acumulación de evidencias de la irresponsabilidad de esas dos partes al defender posiciones extremas sin atender los reclamos de la sociedad”.

 

No obstante, se mostró confiado en alcanzar la organización de la sociedad civil oaxaqueña, como la única salida de la lógica de la polarización que rompa con la red de intereses de las dos posiciones irreconciliables: la del sistema priísta local y la oposición insurreccional.

 

El camino intermedio debe pavimentar la transición ordenada del sistema local hacia equilibrios democráticos, vaticinó.

 

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