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En el corazón del Presidente, ¿Claudia o Adán?  

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Al menos en el discurso, el candidato presidencial de Morena será quien salga mejor posicionado en la encuesta casera; esto es, quien más crezca en el poco más de un año que falta para la gran decisión. La duda es si el presidente Andrés Manuel López Obrador hará valer su palabra o se inclinará por lo que le dicte su corazón de entre la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, los más metidos en su afecto, en donde no parece caber el canciller Marcelo Ebrard.

La experiencia ha demostrado que, en su tierra, el de Macuspana no siempre ha cumplido con lo que dictaminan los números. El ejemplo más claro se dio en Tabasco en 2015, un año después de que el vinotinto obtuviera su registro como partido político y participara por primera vez en unas elecciones, cuando por la cuadra del Presidente buscaban la nominación a la alcaldía de Centro, que abarca a la capital Villahermosa y que concentra la tercera parte de los votos de la entidad, el entonces senador Adán Augusto López Hernández, que en 2014 había dejado el PRD para integrarse a la formación de su ahora jefe; y Octavio Romero Oropeza, hoy director de Pemex.

Como en todos los procesos electorales en los que ha participado López Obrador, bien como aspirante a un cargo o bien como árbitro de su partido, en aquella ocasión también se optó por la encuesta.

Cuando estaba por darse la definición, el actual secretario de Gobernación difundió en el noticiero radiofónico Telereportaje una medición que lo ponía arriba de Octavio Romero, en una proporción de por lo menos dos a uno, la cual fue desmentida por López Obrador, quien aseguró que en las mediciones que él tenía había un empate técnico entre ambos.

Pudo verse con ese episodio que el de Macuspana estaba faltando a la verdad: era de todos sabido en Tabasco que Romero Oropeza no es un buen candidato, y que ha fracasado en los comicios en que ha participado.

La mejor respuesta a la “encuesta” de AMLO que le quitaba la delantera a López Hernández fue el resultado de las elecciones de 2015: el perredista Gerardo Gaudiano Rovirosa logró 64,559 votos (30.5 %); el priísta Evaristo Hernández Cruz 51,817 (24.48 %); la pevemista Rosalinda López Cruz 43,551 (20.58 %); y Octavio Romero 29,693 (14.03 %).

Ni aun con el respaldo de quien era el político opositor más importante de México, Romero pudo hacer un papel por lo menos decoroso; al contrario, fue enviado al cuarto lugar, superado casi dos a uno por Rosalinda López, la hermana del secretario de Gobernación y esposa del mandatario chiapaneco Rutilio Escandón Cadenas.

En descargo, López Obrador acusó al gobernador perredista Arturo Núñez Jiménez de haberse aliado con el entonces mandatario priísta Enrique Peña Nieto; tiempo después el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anuló la jornada electoral en Centro por haberse detectado irregularidades en beneficio del candidato perredista.

El máximo tribunal del país en la materia ordenó reponer los comicios en agosto de 2016. El resultado de la segunda vuelta electoral también fue malo para Octavio: el perredista Gaudiano obtuvo 74,881 votos (43.16 %); Liliana Madrigal Hernández, del PRI, 44,309 (25.54 %); y el morenista 44,392 (25.59 %) siendo su único logro “empatar” con la priísta.

Se dijo en aquel tiempo que el PRI de Peña Nieto había negociado con el PRD de Arturo Núñez porque el tricolor evitó que se volviera a postular a Evaristo Hernández y también que el PVEM repitiera con Rosalinda López Hernández.

La enseñanza de ese episodio, que demuestra que López Obrador no siempre se deja llevar por la ciencia –él que cree a ciegas en las encuestas, que han sido su oráculo–, es que a veces decide con el corazón y no con la razón.

Que Octavio Romero puede ser todo menos un buen candidato, se sabía desde que el de Macuspana capitaneaba el PRD y era conocido de todos sus resultados desastrosos como abanderado perredista.

En 2015, las proyecciones estimaban que Adán Augusto tenía más, pero mucha más aceptación que Octavio, por lo que era muy probable que desde ese año el vinotinto podía haberse alzado con su primera victoria electoral.

¿En 2024 el de Macuspana aceptará la encuesta o se inclinará por alguien a quien le tenga cariño?

@RodulfoReyes

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