Historia de la democracia priísta (15) Los enredos del Grupo San Ángel

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Después del colapso autoritario del 68, las élites gobernantes tuvieron un instante de lucidez para entender que el régimen priísta había llegado a los linderos del dilema de democracia o dictadura. Pero muy al estilo priísta, esas élites tuvieron una respuesta que facilitara el camino democrático, pero que fortaleciera en la realidad los mecanismos de dominación autoritaria.

La vía reformista de la democratización mexicana ha sido una ilusión óptica: ha acercado el sistema a indicios de democratización, pero en la realidad la ha alejado cada día más, inclusive a más distancia de cómo se encontraba la política en el 68 estudiantil. Ahí está el INE como garante de elecciones libres, pero funcionando como embudo de la democracia con reglas autoritarias que han inhibido el proceso de democratización real del régimen.

Luego del 68, el país tuvo un segundo gran colapso sistémico en 1994: guerrilla zapatista para derrocar al gobierno, secuestro de grandes empresarios, fractura al interior de la clase dominante, crisis económica por fuga de capitales y asesinatos del candidato presidencial priísta y del secretario general del PRI y presunto secretario de Gobernación del gobierno del presidente electo Ernesto Zedillo.

En medio del desorden, los temores y la violencia fermentada, una élite intelectual configuró el autodenominado Grupo San Ángel, una élite intelectual, política y ciudadana que buscó convertirse en canal de comunicación de las posibilidades democráticas. Si ante el 68 estudiantil Octavio Paz fijo el dilema del régimen entre dictadora o democracia, el Grupo San Ángel creó el concepto de choque de trenes en las elecciones de 1994 ya para entonces con respeto al voto vía el IFE. La versión optimista dividía el voto en tres tercios –PRI, PAN y PRD– y la pesimista veía el desmoronamiento del PRI sin que hubiera intenciones de entregar el poder, pero con una oposición debilitada y sin estructuras sistémicas.

La desorganización y pluralidad en el Grupo San Ángel fue potenciada por la estrategia política del presidente Carlos Salinas de Gortari para posponer compromisos de reforma. La apuesta de Salinas, como muchas en su haber, estaba en el cálculo de que la sociedad mexicana estaba presa del miedo político y que iba a votar por Zedillo y el PRI como un voto para la estabilidad. Los voceros del Grupo San Ángel, además, carecían de credibilidad, aparecían al frente varias personalidades conocidas por su oportunismo político y su agenda tampoco garantizaba una verdadera transición democrática.

Antes de ese grupo habían existido una docena –o quizá más– de propuestas de reformas políticas para atender las diferentes fases de crisis del régimen. Pero se habían tratado de reformas de actualización de instituciones y no de reforma institucional de las estructuras del sistema/régimen/Estado. La electoral había sido, sin duda, la más audaz: quitarle al gobierno federal la organización y el control de las instituciones electorales con un IFE autónomo ya sin la presencia en su seno del secretario de Gobernación, pero el error fue construir un consejo electoral ciudadano funcional a los intereses del grupo salinista y otorgarle poderes extraordinarios para pasar la democratización por el IFE como embudo.

Desde 1971 el sistema y algunos grupos que pululaban a su alrededor habían realizado reformas políticas parciales, pero sin mover el eje del Estado. En 1978 el presidente López Portillo legalizó al Partido Comunista Mexicano para meterlo en la lucha institucional y 1992 Salinas creó el IFE con un consejo ejecutivo electoral ciudadano aún bajo la presidencia del secretario de Gobernación. Pero esos avances no habían reconstruido el sistema/régimen/Estado priísta.

El Grupo San Ángel fue, en realidad, un foro desordenado de participación, en cuyo seno había quienes iban en busca de espacios de cargos electorales y cargos públicos. Al final, ese grupo sólo sirvió para visibilizar a la nueva élite intelectual política que fue captada por Vicente Fox como autopromovido precandidato presidencial panista, inclusive sin haber llegado a la gubernatura de Guanajuato. Salinas de Gortari se conformó con desvirtuar la funcionalidad del grupo y el PAN y el PRD nunca confiaron en las figuras sobresalientes porque su apuesta estaba basada en el cálculo político de que el asesinato de Colosio parecía significar el principio del derrumbamiento final del régimen, como lo declaró en su momento el subcomandante Marcos. El candidato perredista Cuauhtémoc Cárdenas nunca confió en esa élite intelectual y, como se supo después, el candidato panista Diego Fernández de Ceballos jugaba para sus propios intereses… y los del presidente Salinas de Gortari.

Al final, la óptica salinista fue la acertada. Zedillo ganó las elecciones con el lema de “yo voto por la paz”, Diego quedo en segundo lugar con un 25% y Cárdenas cayó hasta el tercer sitio por errores en su campaña, un discurso confuso y sobre todo la desconfiguración del Frente Democrático Nacional de 1988. Y Zedillo hubiera tenido un buen sexenio de no haber sido por su pleito con Salinas antes de la toma de posesión y alrededor del tipo de cambio, la expulsión de su gabinete de Pedro Aspe Armella y el consejo de romper con Salinas arrestando a Raúl Salinas de Gortari para alejar la sospecha de complicidad entre ambos por el asesinato de Colosio, La devaluación y el programa de ajuste con brutal costo social liquidó las posibilidades del sexenio zedillista.

Los principales personeros del Grupo San Ángel, es decir: los más listos, se sumaron al grupo de Vicente Fox para la elección presidencial del 2000, sobre todo Jorge G. Castañeda y Adolfo Aguilar Zínser, aunque ya sin la agenda reformista del Grupo. Para ellos había bastado la alternancia, aunque en los hechos la persistencia del régimen priísta pudo ir limitando la funcionalidad del primer gobierno del PAN en la presidencia de la república. A Castañeda, por cierto, le tocó la política exterior como uno de los bastiones del PRI y en la realidad nada hizo para modificar los supuestos ideológicos del viejo régimen.

A la vuelta de los años se registra al Grupo San Ángel como un hecho político-intelectual, sin incidencia en el proceso de democratización real de las instituciones del Estado. El gobierno de Fox nunca entendió que la alternancia era una señal de transición de sistema político –no de régimen, ni de Estado–, pero a condición de reformas estructurales que comenzaran con el desmantelamiento del presidencialismo autoritario. Fox llegó a la presidencia, y el primer año abandonó el espacio político de la alternancia-transición para casarse con Marta Sahagún e inaugurar el gobierno de la pareja presidencial. Y al no trabajar para tener la mayoría en la Cámara de Diputados en el 2003, el Estado quedó dividido en presidencia panista y legislatura priísta, distorsionando cualquier intento de reforma.

Al final, el Grupo San Ángel nunca tuvo un proyecto de transición de sistema/régimen/Estado a la democracia, se quedó en un aparador de élites y se sumó a Fox para llegar a cargos públicos. A los dos años de gobierno, al ver que no había ninguna posibilidad de que Fox lo escogiera como sucesor en la sobrevivencia del método priísta de elección de candidato presidencial desde Los Pinos, Castañeda renunció al cargo, encaminó sus pasos a la candidatura presidencial independiente que no estaba regulada ni autorizada y se ahogó en sus propias contradicciones de personalidad.

Eso sí, el Grupo San Ángel nunca logró impactar en la sociedad como grupo de alternancia real.

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