{"id":11206,"date":"2021-10-08T23:57:53","date_gmt":"2021-10-09T04:57:53","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=11206"},"modified":"2021-10-08T23:59:22","modified_gmt":"2021-10-09T04:59:22","slug":"yo-tambien-estuve-en-avandaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=11206","title":{"rendered":"\u00a1Yo tambi\u00e9n estuve en Av\u00e1ndaro!"},"content":{"rendered":"<p>Se llamaba Octavio, pero le dec\u00edamos El Foco por su cr\u00e1neo como salido del laboratorio de Tom\u00e1s Alva Edison. Era mi mejor amigo despu\u00e9s de que Pepe Zamora no regres\u00f3 de una escapada a Cuernavaca.<\/p>\n<p>En septiembre de 1971 apenas pas\u00e1bamos los veinte, nos prepar\u00e1bamos para votar por primera vez y deb\u00edamos materias de la prepa. Yo ya era reportero de El D\u00eda.<\/p>\n<p>Todos hablaban de Av\u00e1ndaro. En \u201cLa Castellana\u201d y en las oficinas de prensa, la anunciada locura de los hippitecas era la comidilla.<\/p>\n<p>Yo ten\u00eda empleo y Octavio un vocho tosiento que hab\u00edamos pintado a rayas blancas y negras con brocha gorda para animar su escualidez. Lo bautizamos, of course, \u201cLa zebra\u201d. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s necesit\u00e1bamos? Av\u00e1ndaro nos esperaba. Era nuestro destino&#8230; aunque por razones difusas que no nos inquietaban.<\/p>\n<p>Pero nos faltaba un remedo de prop\u00f3sito, una raz\u00f3n, digamos, legitimante.<\/p>\n<p>As\u00ed que blindado con la insolencia de mis a\u00f1os, me plant\u00e9 en la oficina del subdirector de El D\u00eda, Eugenio M\u00fazquiz, para informarle que nuestro diario estar\u00eda representado en el evento que ya se anunciaba como un parteaguas social, en la persona del reportero que en ese momento ten\u00eda enfrente.<\/p>\n<p>Vi\u00e1ticos razonables, un veh\u00edculo y un chofer, ser\u00edan m\u00e1s que suficientes para que el enviado especial colocara en las p\u00e1ginas del \u201cVocero del pueblo mexicano\u201d, las cr\u00f3nicas que habr\u00edan de orientar a nuestros lectores en los campus de la UNAM y del Poli y en las colonias marginadas.<\/p>\n<p>El se\u00f1or M\u00fazquiz escuch\u00f3 mi homil\u00eda con el resignado talante del cura que atiende al pecador sin remedio. Suspir\u00f3. La \u00fanica ayuda que me pod\u00eda ofrecer era cambiar mi d\u00eda de descanso al s\u00e1bado y dar aviso al feroz gerente de que el domingo andar\u00eda de comisi\u00f3n, para que no se me descontara el enteco salario devengado en aquel \u00f3rgano defensor de todas las causas populares, las vigentes y las por descubrirse. De vi\u00e1ticos, veh\u00edculo y chofer, nada.<\/p>\n<p>No me desanim\u00f3 la respuesta de aquel taciturno periodista con aire de profeta b\u00edblico que viv\u00eda en su escritorio corrigiendo textos a l\u00e1piz, pues era realmente un pan. Durante el tiempo que estuve en el peri\u00f3dico, la \u00fanica vez que lo escuch\u00e9 alzar dos decibeles el tono de voz fue cuando me corri\u00f3&#8230; pero esa es otra historia.<\/p>\n<p>Antes de ir con M\u00fazquiz me hab\u00eda presentado en busca de solidaridad con el jefe de redacci\u00f3n, Paulino Vel\u00e1zquez. Pero el viejo alz\u00f3 el rostro, me traspas\u00f3 con la mirada, no dijo nada y regres\u00f3 a la revisi\u00f3n de la prueba de agua que ten\u00eda enfrente.<\/p>\n<p>Ya hab\u00eda hecho una primera escala con la jefa de informaci\u00f3n, Sara Moir\u00f3n.<\/p>\n<p>La encontr\u00e9 atareada en la obsesiva confecci\u00f3n de las \u00f3rdenes de trabajo del d\u00eda siguiente con las que esperaba ganarle la exclusiva a Excelsior, diario con el que yo sospechaba so\u00f1aba todas las noches. Ni siquiera alz\u00f3 la vista. \u201c\u00a1Ay, Miguel \u00c1ngel! \u00bfY si mejor se pone a trabajar en vez de andar con sus inventos?\u201d<\/p>\n<p>Pedir ayuda en el Sancta Sanctorum del tercer piso en donde se veneraba al m\u00edtico Enrique Ram\u00edrez y Ram\u00edrez -de cuya existencia corp\u00f3rea casi todos dud\u00e1bamos- ni pensarlo. La \u00fanica vez que El Se\u00f1or Director volvi\u00f3 la vista a los reporteros fue cuando Moncho y un servidor, editores de O\u00b4Globo, el peri\u00f3dico mural de la redacci\u00f3n, nos pitorreamos de la novela Arg\u00f3n 18 inicia de Edmundo Dominguez Aragon\u00e9s, marido de La China Mendoza, y ambos pusieron el grito en el cielo por tal acto de lesa majestad. Fuimos severamente reprendidos\u2026 y apareci\u00f3 O\u00b4Globo en el exilio, cuyo primer y \u00fanico n\u00famero pegamos en el techo del cub\u00edculo de la pareja defensora de la libertad de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero basta de digresiones. Con el permiso, el vocho, un cargamento de cocas y chelas, garrafones de agua, teleras, latas de Clemente Jacques, hielo, queso de puerco, cebollas y jitomates, todo qued\u00f3 listo para la aventura.<\/p>\n<p>Faltaba compa\u00f1\u00eda. Ninguno entre la flota quiso sumarse. Convidamos a dos amigas de liberalidad catada, pero nos mandaron a volar cuando se enteraron de las condiciones del viaje.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como emprendimos el camino al festival de Av\u00e1ndaro, nuestra conciencia social circunscrita a la idea que habr\u00eda m\u00fasica reventada, un chingo de chavas y mucho desmadre. O sea, igual que muchos de los peregrinos que una ma\u00f1ana luminosa de septiembre de 1971 salieron del Altiplano rumbo a Toluca.<\/p>\n<p>\u201cPor all\u00e1 queda. Van preguntando por el camino\u201d, fue la sabia orientaci\u00f3n recibida.<\/p>\n<p>En alg\u00fan lugar cercano al predio, el vocho expector\u00f3 una espantosa nube de humo \u00e1cido, vibr\u00f3 como a punto de desarmarse y se neg\u00f3 a dar un paso m\u00e1s.<\/p>\n<p>Caminamos un par de kil\u00f3metros cargando las provisiones y antes del anochecer ten\u00edamos un espacio entre la abigarrada turba de gamberros y zagalas que se remov\u00edan como jumiles en comal, se echaban con la mirada perdida en cuanto comenzaba a tocar una banda y reanudaban su peregrinar circular en los intermedios, todo entre miasmas de mota y sudor rancio.<\/p>\n<p>El Foco, que siempre fue m\u00e1s cercano al pueblo, celebraba nuestra participaci\u00f3n en ese momento hist\u00f3rico, puente entre el M\u00e9xico reaccionario y<\/p>\n<p>opresor y una patria libre y generosa en donde ser\u00eda posible cultivar mariguana en los camellones de las principales avenidas.<\/p>\n<p>Por mi parte, ca\u00ed en un estado de agitaci\u00f3n emocional que no hab\u00eda experimentado desde la noche en que a bordo de un cami\u00f3n Santa Julia \u2013 La Merced bes\u00e9 a una chica y despu\u00e9s me perd\u00ed de regreso a la casa de hu\u00e9spedes en donde viv\u00eda.<\/p>\n<p>Mirar a la joven que se desnud\u00f3 a la vista de la muchedumbre y sentir en la nuca las miradas de las mozas sin pareja entre la c\u00e1fila, me mare\u00f3 y me puso la piel de gaillina. A\u00f1os despu\u00e9s, en el psicoan\u00e1lisis, entend\u00ed por qu\u00e9: padezco una adolescencia perenne. Ni modo. Lejos estoy de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La memoria de esos dos d\u00edas de hace 50 a\u00f1os es plomiza, salvo la conciencia de que, asombrosamente, sobrevivimos a la aventura. He olvidado tambi\u00e9n la m\u00fasica y el nombre de las bandas que tocaron aquella larga noche en la que estuvimos cambiando tortas por guatos y chelas por besos.<\/p>\n<p>O sea que nada de relevancia cient\u00edfica tengo que aportar a la memoria de la jornada de hace medio siglo que con tanto inter\u00e9s analiza hoy la Academia de Ciencias Sociales. Creo que en El D\u00eda me publicaron una cr\u00f3nica, pero quiz\u00e1 sea s\u00f3lo mi imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero a fin de cuentas, \u00a1yo tambi\u00e9n estuve en Av\u00e1ndaro!<\/p>\n<p>www.sanchezdearmas.mx<\/p>\n<p>S\u00edgame en redes: @juegodeojos &#8211; www.facebook.com\/JuegoDeOjos\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se llamaba Octavio, pero le dec\u00edamos El Foco por su cr\u00e1neo como salido del laboratorio de Tom\u00e1s Alva Edison. Era mi mejor amigo despu\u00e9s de que Pepe Zamora no regres\u00f3 de una escapada a Cuernavaca. 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