{"id":12077,"date":"2021-10-28T14:39:05","date_gmt":"2021-10-28T19:39:05","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12077"},"modified":"2021-10-28T14:39:05","modified_gmt":"2021-10-28T19:39:05","slug":"revolucion-un-concepto-historico-clave","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12077","title":{"rendered":"Revoluci\u00f3n, un concepto hist\u00f3rico clave"},"content":{"rendered":"<p><strong>Alejandro San Francisco<\/strong><\/p>\n<p>\u201cRevoluci\u00f3n\u201d, como concepto hist\u00f3rico y pol\u00edtico, ha sido uno de los m\u00e1s recurrentes, amados y temidos en los \u00faltimos dos siglos y medio, y aparece a la vez como esperanza y como perdici\u00f3n. Ciertamente provoca diferentes reacciones, recibe celebraciones y trae malos recuerdos: despu\u00e9s de todo, muchos de los cambios importantes del mundo desde fines del siglo XVIII en adelante han tenido como punto de partida un proceso revolucionario.<\/p>\n<p>Reinhart Koselleck, gran estudioso de la \u201chistoria de los conceptos\u201d, sostiene que \u201crevoluci\u00f3n\u201d es fundamental en la modernidad, que abarca dos campos de experiencia desde una perspectiva anal\u00edtica. En primer lugar, \u201cel concepto hace referencia a los disturbios violentos de una sublevaci\u00f3n que puede convertirse en guerra civil, sublevaci\u00f3n que en cualquier caso provoca un cambio de la constituci\u00f3n\u201d. En segundo lugar, \u201cel concepto indica una transformaci\u00f3n estructural a largo plazo que tiene su origen en el pasado y que puede afectar al futuro\u201d (en su art\u00edculo \u201cRevoluci\u00f3n como concepto y como met\u00e1fora\u201d, en Reinhart Koselleck, Historias de conceptos. Estudios sobre sem\u00e1ntica y pragm\u00e1tica del lenguaje pol\u00edtico y social, Madrid, Trotta, 2012). El intelectual alem\u00e1n destaca su uso como met\u00e1fora y su vinculaci\u00f3n original con la astronom\u00eda, antes de pasar a ser un t\u00e9rmino relevante de uso pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En El Manifiesto Comunista (1848) Marx y Engels se refieren en muchas ocasiones a la revoluci\u00f3n, sea esta \u201cburguesa\u201d o \u201ccomunista\u201d, siendo la primera de ellas preludio necesario de la segunda. Termina con una advertencia amenazante y dram\u00e1tica: \u201cLas clases dominantes pueden temblar ante una revoluci\u00f3n comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella m\u00e1s que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar\u201d. Lenin designa un texto clave precisamente con el t\u00edtulo El Estado y la Revoluci\u00f3n (1917-1918), en el cual sostiene con vehemencia el car\u00e1cter inevitable de la revoluci\u00f3n violenta, asegurando que \u201cla sustituci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s por el Estado proletario es imposible sin una revoluci\u00f3n violenta\u201d (edici\u00f3n en espa\u00f1ol en Madrid, Alianza Editorial, 2006).<\/p>\n<p>John Dunn sostiene que la revoluci\u00f3n \u2013\u201cal igual que las puertas del templo de Jano\u201d\u2013 tiene dos caras: una de ellas \u201ces elegante, abstracta y humanitaria, e id\u00edlica, el sue\u00f1o de la revolution, siendo su significado una calma distante de la eternidad\u201d. Por el contrario, \u201cla otra es tosca, violenta y muy concreta, bastante angustiosa, con el poder hipn\u00f3tico de la pesadilla, la p\u00e9rdida de perspectiva y la amplitud de interpretaciones que cabr\u00eda esperar de los malos sue\u00f1os\u201d. Las interpretaciones generales sobre \u201cla revoluci\u00f3n\u201d tienden a concentrarse en una de estas dos caras (en Revoluciones modernas. Introducci\u00f3n al an\u00e1lisis de un fen\u00f3meno pol\u00edtico, Madrid, Tecnos, 2014). En esto, como se ha podido apreciar hist\u00f3ricamente, se mezcla la ilusi\u00f3n revolucionaria y sus promesas, con la realidad m\u00e1s dolorosa de las guillotinas, los gulags y los paredones.<\/p>\n<p>En cualquier caso, durante su proceso \u2013podr\u00edamos decir, sobre todo, durante su g\u00e9nesis y primeros pasos\u2013, cobra especial importancia lo que Hannah Arendt denomina el \u201cpathos\u201d, presente en las revoluciones norteamericana y francesa: esa conciencia de que nunca en la historia de la humanidad hab\u00eda ocurrido un acontecimiento comparable \u201cen grandeza y significado\u201d. La pensadora concluye que \u201csolo podemos hablar de revoluci\u00f3n cuando est\u00e1 presente ese \u201cpathos\u201d de la novedad y cuando esta aparece asociada a la idea de libertad\u201d (en Sobre la revoluci\u00f3n, Madrid, Alianza Editorial, 2017 [Primera edici\u00f3n en ingl\u00e9s, 1963]).<\/p>\n<p>Es probable que dicha pasi\u00f3n y esperanza \u201casociada a la idea de libertad\u201d tenga que ver con la visi\u00f3n de sus actores y promotores, m\u00e1s que con los resultados reales, que pueden ser diversos e incluso contradictorios. En los \u00faltimos siglos, las dos grandes revoluciones del mundo han sido la Francesa (1789) y la Bolchevique (1917), a las que se puede sumar la Revoluci\u00f3n China (1949). Dichos procesos aparecen analizados en el cl\u00e1sico estudio de Theda Skocpol, States &amp; Social Revolutions. A comparative analysis of France, Russia and China (Cambridge University Press, 2014 [Primera edici\u00f3n 1979]). A juicio de la polit\u00f3loga, las revoluciones son transformaciones r\u00e1pidas y b\u00e1sicas del Estado y de las estructuras de clase existentes en la sociedad, acompa\u00f1adas o llevadas a cabo por una rebeli\u00f3n de base clasista, surgida desde abajo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la historia muestra que tambi\u00e9n existen revoluciones desde arriba, transformaciones particulares que no necesariamente marcan cambios radicales en la llamadas \u201cclases sociales\u201d o simplemente en la estructura social \u2013as\u00ed ocurri\u00f3 con los procesos de independencia en Hispanoam\u00e9rica en el siglo XIX\u2013, o bien tienen otros significados, como ocurri\u00f3 con las experiencias del fascismo y el nazismo, por ejemplo, que perfectamente pueden ser consideradas revolucionarias, en diversos aspectos. La raz\u00f3n de esta complejidad radica en que la revoluci\u00f3n siempre tiene dos partes: por un lado, debe considerar el estado o el r\u00e9gimen social que es atacado y se busca destruir, y por otro lado debe incluir el sistema que se procura levantar sobre las ruinas del anterior.<\/p>\n<p>En este sentido, me parece convincente la argumentaci\u00f3n de Alan Knight, cuando sostiene que una definici\u00f3n descriptiva v\u00e1lida del concepto revoluci\u00f3n debe incluir tres elementos fundamentales: i) una genuina participaci\u00f3n de las masas; ii) la pugna entre visiones o ideolog\u00edas rivales; iii) una batalla seria por el poder pol\u00edtico. Dependiendo de los resultados, se podr\u00eda estar frente a una revoluci\u00f3n exitosa o bien esta podr\u00eda ser fallida o inconclusa (ver \u201cLa Revoluci\u00f3n Mexicana: \u00bfBurguesa? \u00bfNacionalista? \u00bfO simplemente una \u2018Gran Rebeli\u00f3n\u2019?\u201d, en su libro Revoluci\u00f3n, democracia y populismo en Am\u00e9rica Latina, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario\/Instituto de Historia Universidad Cat\u00f3lica de Chile, 2005).<\/p>\n<p>Aunque no se menciona entre sus caracter\u00edsticas indispensables por todos los autores, es indudable que la violencia ha desempe\u00f1ado un papel fundamental en los grandes procesos revolucionarios de la historia. Sea porque as\u00ed lo sosten\u00edan sus l\u00edderes intelectuales y pol\u00edticos, o bien porque as\u00ed lo defini\u00f3 la realidad del momento, el hecho fue que numerosas revoluciones exitosas \u2013ciertamente fue el caso de Francia y de Rusia, de China y de Cuba\u2013 fueron acompa\u00f1adas por la violencia durante el proceso hacia la victoria y durante la consolidaci\u00f3n de los nuevos grupos gobernantes en el poder. Dicha violencia no solo signific\u00f3 un da\u00f1o espec\u00edfico contra sus enemigos ocasionales, sino que tambi\u00e9n termin\u00f3 devorando a muchos de sus propios hijos, como se esgrimi\u00f3 en su momento: as\u00ed qued\u00f3 demostrado con claridad con las guillotinas de la Revoluci\u00f3n Francesa y en el proceso de \u201cautodestrucci\u00f3n\u201d de los bolcheviques.<\/p>\n<p>Las consecuencias de la revoluci\u00f3n son m\u00faltiples, como se aprecia en primer lugar en la transformaci\u00f3n del orden pol\u00edtico o social, adem\u00e1s de la modificaci\u00f3n dentro de las instituciones y de los grupos gobernantes. Sin embargo, la cosa no se detiene ah\u00ed, e incluso en algunos procesos se puede apreciar una radicalizaci\u00f3n mayor, como ilustra el cambio del calendario durante la Revoluci\u00f3n Francesa, o las continuas apelaciones a la formaci\u00f3n del \u201chombre nuevo\u201d en diferentes procesos durante el siglo XX, seg\u00fan intentaba expresar con particular claridad el esfuerzo inicial de la Revoluci\u00f3n Cubana, aunque luego chocara con la realidad.<\/p>\n<p>El concepto \u201crevoluci\u00f3n\u201d sigue siendo pol\u00edtica e hist\u00f3ricamente relevante y valioso para analizar la sociedad. Puede ser una transformaci\u00f3n pol\u00edtica o econ\u00f3mica, social o cultural, pac\u00edfica o violenta, grande o peque\u00f1a, de repercusi\u00f3n mundial o local. En todos los casos ser\u00e1 necesario analizar las causas y los resultados, las motivaciones y los actores, las ideolog\u00edas y todos aquellos aspectos que marcan el cambio hist\u00f3rico, muchas veces comparable, pero habitualmente sorprendente y original.<\/p>\n<p><strong>Historiador<\/strong><\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en elimparcial.es<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro San Francisco \u201cRevoluci\u00f3n\u201d, como concepto hist\u00f3rico y pol\u00edtico, ha sido uno de los m\u00e1s recurrentes, amados y temidos en los \u00faltimos dos siglos y medio, y aparece a la vez como esperanza y como perdici\u00f3n. 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