{"id":12575,"date":"2021-11-12T23:53:37","date_gmt":"2021-11-13T05:53:37","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12575"},"modified":"2021-11-13T08:31:07","modified_gmt":"2021-11-13T14:31:07","slug":"don-ata-pablo-y-georgie-tres-genios-del-pasado-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12575","title":{"rendered":"Don Ata, Pablo y Georgie, tres genios del pasado siglo XX"},"content":{"rendered":"<p><strong>Roberto Alifano<\/strong><\/p>\n<p>En los memorables programas de entrevistas de Joaqu\u00edn Soler Serrano, que para felicidad de los televidentes se siguen emitiendo en un canal cultural de la Argentina, pude ver en estos d\u00edas un reportaje a don Atahualpa Yupanqui. Animado por las pertinente y sabias preguntas del entrevistador, el legendario poeta, cantor y guitarrista cont\u00f3 detalles desconocidos de su vida (recomiendo, para el que a\u00fan no lo vio, reproducir este video que con toda facilidad se encuentra disponible en el m\u00e1gico, gratuito universo de You Tube y sin duda le encantar\u00e1 la vida).<\/p>\n<p>Aunque resulta curioso como chocan y se contradicen las cosas, en la medida de lo posible o lo que se contempla a primera vista, todo encaja y se complementa de manera asombrosa en esta misteriosa existencia. Como Borges y su madre, do\u00f1a Leonor Acevedo, como Victoria Ocampo y el general Juan Domingo Per\u00f3n, o como don Ricardo Balb\u00edn y el pintor Antonio Berni -\u00bfpor qu\u00e9 no?-, por citar algunos afamados paradigmas, acaso m\u00e1s notorios que su suegra o la m\u00eda, don H\u00e9ctor Roberto Chavero (as\u00ed era el nombre con el que fue bautizado el que luego adoptar\u00eda el r\u00fastico (o \u201cpalurdo\u201d, como lo defin\u00eda Borges) seud\u00f3nimo de Atahualpa Yupanqui), que fue otro de los criollos viejos imperdibles de la Argentina. Aclaro que al decir, \u201ccriollo viejo\u201d, pienso en esa especie de p\u00edcaro longevo, apodado \u201cVizcacha\u201d, que muy bien caracteriz\u00f3 Hern\u00e1ndez en su conmovedor gaucho Mart\u00edn Fierro; vale decir, un hombre con sobrada experiencia de vida que se las sabe todas, o casi todas.<\/p>\n<p>Empiezo por el primero de los nombrados, don Atahualpa Yupanqui, o \u201cdon Ata\u201d, como lo llam\u00e1bamos sus cercanos al genial, ir\u00f3nico folklorista. Yo lo conoc\u00ed en Par\u00eds, en la casa de unos amigos comunes que me invitaron a cenar con \u00e9l; por supuesto la reuni\u00f3n fue memorable y llena de evocaciones entra\u00f1ables. Don Ata, cuando estaba en vena, era una persona encantadora, sabia, escrupulosamente respetuosa y riqu\u00edsima en an\u00e9cdotas. Como era de esperar en la casa hab\u00eda una guitarra para que \u00e9l la pulsara, y as\u00ed se dio. Don Ata, nos deleit\u00f3 con su voz personal, chiquita e incomparablemente entonada en sus a\u00f1ejos temas: \u201cLos ejes de mi carreta\u201d, \u201cA qu\u00e9 le llaman distancia\u201d y sus coplas de \u201cEl payador perseguido\u201d, que su criollo decir transformaba en conmovedoras y nost\u00e1lgicas escenas. Un verdadero privilegio y placer disfrutar de un recital \u00edntimo y secreto.<\/p>\n<p>Don Ata hab\u00eda sido gran amigo de Pablo Neruda y cuando visitaba Chile se alojaba en la casa que el poeta ten\u00eda por aquellos a\u00f1os (me refiero a la d\u00e9cada del 40\u2019) en la poblaci\u00f3n de \u201cLos Guindos\u201d, cuando todav\u00eda estaba casado con la dulce Delia del Carril, la siempre asombrada \u201cHormiguita\u201d. Bueno, result\u00f3 que una noche, despu\u00e9s de la cena, al due\u00f1o de casa se le ocurri\u00f3 salir a caminar por los cerros vecinos para bajar la comida y disfrutar de la Luna llena que de un modo cansino asomaba de la Cordillera de los Andes.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ah\u00ed, en el perchero tienes un poncho, Ata! -propuso el due\u00f1o de casa-. La noche est\u00e1 un poco fr\u00eda, conviene abrigarse\u201d.<\/p>\n<p>Salieron juntos, pero a las pocas cuadras -\u00a1cosas de locos poetas!-, Pablo le propuso a su acompa\u00f1ante, que siguiera solo porque la compa\u00f1\u00eda no permit\u00eda el gozo \u00edntimo y conmovedor de la tranquila noche, generosamente alumbrada por infinitas estrellas y, en especial, por el espect\u00e1culo de la Luna llena\u201d.<\/p>\n<p>Yupanqui sigui\u00f3 caminan solo y regreso despu\u00e9s de un buen rato. Neruda lo esperaba sentado en un tronco. \u201c\u00bfY, disfrutaste de tu recorrido, Ata? -le pregunt\u00f3 el rezagado-. Una noche as\u00ed es para gozarla solo, la compa\u00f1\u00eda la entorpece; siempre el otro est\u00e1 de dem\u00e1s, est\u00e1 como sobrando\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEs cierto, tienes raz\u00f3n -respondi\u00f3 Yupanqui-. El que sobraba eres t\u00fa\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ah, c\u00f3mo te defiendes indio! -mastic\u00f3 entre dientes Neruda- \u00a1No es f\u00e1cil agarrarte desprevenido!; tienes respuesta para todo\u201d.<\/p>\n<p>El anecdotario sobre esa amistad fue rica y sabrosa; sobre todo narrada por ambos protagonistas. Con esos golpes de ocurrencias mutuas, los dos poetas se entend\u00edan de maravilla y se sorprend\u00edan todo el tiempo de uno a otro. Eran dos hombres de genio, qu\u00e9 menos se pod\u00eda esperar. Para don Ata, su amigo era chileno \u201cel glot\u00f3n del siglo m\u00e1s poeta e inteligente que hab\u00eda conocido\u201d y, para Pablo, \u201cel indio Yupanqui, era el m\u00e1s sabio y sorprendente artista cantor y guitarrista de nuestra Am\u00e9rica\u201d. No se equivocaba ninguno; ambos fueron creadores originales e incomparables.<\/p>\n<p>No es todo. Contaba Atahualpa Yupanqui, que cuando viv\u00eda en Par\u00eds, gracias a la generosidad de Edith Piaf, hizo una dilatada gira por toda Europa, y cuando lleg\u00f3 a Praga, se encontr\u00f3 -\u00a1oh, sorpresa!- con Pablo Neruda desayunando en el caf\u00e9 del hotel.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Hermano, qu\u00e9 alegr\u00eda, no lo puedo creer! -se alegr\u00f3 hasta las l\u00e1grimas don Ata-. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo aqu\u00ed?\u201d<\/p>\n<p>Y Neruda, no menos sorprendido, se\u00f1alando una mesa con generosas exquisiteces, en la que no faltaba ni el ex\u00f3tico caviar, le respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cY, ya lo ves, camarada, comiendo el duro pan del exilio\u201d.<\/p>\n<p>En una oportunidad, que viaj\u00e9 acompa\u00f1ado por otro entra\u00f1able amigo, el poeta Bernardino Rivadavia (chozno del pr\u00f3cer), a la serrana C\u00f3rdoba de nuestra Argentina, para asistir al Festival de Folklore de la ciudad de Cosqu\u00edn, nos encontramos en el Aeroparque de Buenos Aires, con don Ata, que con una valijita en mano y su entra\u00f1able guitarra al hombro, tambi\u00e9n iba invitado a la gran fiesta del folklore. Fue una alegr\u00eda reencontrar al maestro. Nos ubicamos juntos para conversar durante un viaje lleno de ocurrencias; recuerdo que a don Ata le cay\u00f3 simp\u00e1tico Bernardino y el di\u00e1logo hubiera podido ser infinito; pero el avi\u00f3n, llegando a C\u00f3rdoba, empez\u00f3 a descender a los tumbos por la turbulencia y recomendaron sentarnos y ajustarnos el cintur\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando don Ata, poniendo cara de inocente, nos advirti\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cRecomiendan esto del cintur\u00f3n para que no se desparramen los cad\u00e1veres si nos caemos; porque el avi\u00f3n es peligroso cuan levanta vuelo y cuando aterriza; tambi\u00e9n cuando est\u00e1 en aire\u201d, complet\u00f3 con una risita.<\/p>\n<p>Llegamos a C\u00f3rdoba y dos micros repletos de fan\u00e1ticos estaban esperando. Yo lo toqu\u00e9 con el codo y con un gesto de complicidad, le dije:<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Don Ata, mir\u00e9 qu\u00e9 recibimiento, seguramente todo C\u00f3rdoba lo est\u00e1 esperando!\u201d.<\/p>\n<p>La gente sali\u00f3 en bandada y casi nos pasan por arriba, claro, sin reconocer al maestro. Sucedi\u00f3 que en mismo avi\u00f3n ven\u00eda una famosa cantante de m\u00fasica moderna, que era la esperada de los fans. Don Ata se r\u00edo de buena gana, y se resign\u00f3:<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Qu\u00e9 le vamos a hacer, paisano, estoy acostumbrado a estas cosa!. Mi popularidad no es tanta. Lo m\u00edo es para poquita gente no para multitudes\u201d.<\/p>\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n, pero no tanta. En la noche siguiente, su actuaci\u00f3n convoc\u00f3 una multitud. Sentado, haciendo sonar afinadamente su guitarra, el gran Atahualpa Yupanqui, nos deleit\u00f3 a cada uno de los presentes con sus m\u00e1s renombradas canciones.<\/p>\n<p>Otra noche, quedamos comprometidos para cenar con \u00e9l y lo fuimos a buscar al hotel. Para nuestra sorpresa, el desinformado conserje, se fij\u00f3 en la lista de hu\u00e9spedes y nos dijo:<\/p>\n<p>\u201cLo lamento, pero nadie est\u00e1 alojado aqu\u00ed con el nombre de Atahualpa Yupanqui\u201d. Fue in\u00fatil insistir.<\/p>\n<p>Bueno, al d\u00eda siguiente nos encontramos en el Festival con un molesto don Ata, que nos atac\u00f3 de frente con su reclamo:<\/p>\n<p>\u201cMe dejaron plantado anoche, paisanos. Los esper\u00e9 hasta tarde y al final me dorm\u00ed sin cenar\u201d.<\/p>\n<p>Con las debidas disculpas, le explicamos que hab\u00edamos estado en el hotel puntualmente y que nos desalentaron, dici\u00e9ndonos que bajo ese nombre nadie se alojaba all\u00ed.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1C\u00e1a-ra-jo! -exclam\u00f3 el cantor-. Ya s\u00e9 lo que ocurri\u00f3. Seguro que ustedes preguntaron por Yupanqui y en la conserjer\u00eda me anotaron como H\u00e9ctor Roberto Chavero. Bueno, no tiene importancia, lo dejamos para otra noche\u201d.<\/p>\n<p>Una de las cosas que yo me hab\u00eda propuesto, y los dos estaban de acuerdo, era juntar a don Atahualpa con Borges. Lamentablemente no se dio. Hubiera sido un encuentro memorable desde todo punto de vista. Ambos, como buenos \u201ccriollos viejos\u201d, se hubieran entendido de maravilla. Se conocieron muy al pasar creo que en Par\u00eds o en Madrid.<\/p>\n<p>Yo le hice conocer a Borges, las grabaciones de don Atahualpa Yupanqui. Qued\u00f3 deslumbrado.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Es un gran artista! -se conmovi\u00f3-. Tiene la voz apropiada para lo que toca en su guitarra y lo que canta. Es un verdadero fil\u00f3sofo y poeta. No lo hab\u00eda escuchado nunca. No sabe c\u00f3mo se lo agradezco, Alifano. Sus coplas tienen una sabidur\u00eda que emociona. \u201cLe tengo rabia al silencio\u201d es un tema conmovedor. \u00a1Mire, estoy llorando!\u201d<\/p>\n<p>Don Ata se jactaba de tener en su biblioteca las Obras Completas de Borges y de releerlo cada tanto. Lo defin\u00eda como \u201cel mago de la palabra\u201d.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre Borges y Neruda tambi\u00e9n existi\u00f3. Sucedi\u00f3 de un modo menos directo que estrafalario. Ambos la defin\u00edan como \u201camistad epistolar\u201d. En 1923, Borges public\u00f3, con la ayuda financiera de su padre el poemario Fervor de Buenos Aires, que para difundirlo, con permiso del director de un diario, \u00e9l deslizaba como por olvido en un bolsillo de los abrigos que se colgaban en la redacci\u00f3n; eso s\u00ed, con la precavida disculpa y una aclaraci\u00f3n que iba impl\u00edcita en el volumen:<\/p>\n<p>Si las p\u00e1ginas de este libro consienten alg\u00fan verso feliz, perd\u00f3neme<\/p>\n<p>el lector la descortes\u00eda de haberlo usurpado yo, previamente.<\/p>\n<p>Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que t\u00fa seas el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de otro poeta chileno, el inquieto y malogrado en plena juventud, Alberto Rojas Jim\u00e9nez, ambos se conocieron a trav\u00e9s de cartas y puros mutuos e intempestivos poemas. Borges le envi\u00f3 a Neruda su Fervor de Buenos Aires, al tiempo que Neruda le hizo llegar a Borges los primeros poemas de su libro Crepusculario, que \u00e9l public\u00f3 en la revista mural Prisma y luego en la primera etapa de Proa. A su vez Neruda publicaba a Borges en La revista de los Estudiantes de la Universidad de Chile.<\/p>\n<p>Se dieron la mano en 1932, en casa de Oliverio Girondo, cuando Pablo viaj\u00f3 a Buenos Aires para cumplir funciones diplom\u00e1ticas en la Embajada de su pa\u00eds. \u201cPero no nos entendimos, pues la maldita pol\u00edtica ya nos separaba \u2013protest\u00f3 el poeta de Isla Negra ante m\u00ed, y agreg\u00f3 con una sonrisa-. De ninguna manera nos pudimos entender. Borges era una anarquista de derecha y yo un anarquista de izquierda. \u00a1Una pena, no crees t\u00fa! Pero as\u00ed fueron las cosas\u201d.<\/p>\n<p>Don Ata se sum\u00f3 a los m\u00e1s en Par\u00eds, en 1992, durante una gira que hab\u00eda iniciado por Europa el coraz\u00f3n le jug\u00f3 una mala pasada. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en el Cerro Colorado, bajo un frondoso roble europeo. Cuando viajo a C\u00f3rdoba lo visito en ese sitio que eligi\u00f3 como su lugar en el mundo; un poco m\u00e1s adelante, en la ladera de un cerro del pintoresco pueblito de Villa de Mar\u00eda del R\u00edo Seco, est\u00e1 la tumba de don Leopoldo Lugones.<\/p>\n<p>Borges muri\u00f3 en Ginebra en 1986 y a\u00fan descansa en el cementerio de Plaint Palais. Antes de partir en su viaje final, me confes\u00f3 que quer\u00eda reposar para siempre en el cementerio de La Recoleta, junto a sus mayores. Quiz\u00e1 alg\u00fan d\u00eda se cumpla su deseo.<\/p>\n<p>Neruda, fue el \u00fanico que en circunstancias muy tr\u00e1gicas, muri\u00f3 en su patria en 1973. El destino o vaya uno a saber que secretas leyes, hizo que yo estuviera presente y a pedido de Matilde Urrutia, su mujer, tuve el honor de despedirlo en el Cementerio General de Chile. La polic\u00eda de Pinochet me puso preso al d\u00eda siguiente y casi ni se la cuento. Haber conocido e intimado con esos grandes es una felicidad y algo que quiz\u00e1 inmerecidamente le debo a la vida.<\/p>\n<p><strong>Escritor y periodista<\/strong><\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en elimparcial.es<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Alifano En los memorables programas de entrevistas de Joaqu\u00edn Soler Serrano, que para felicidad de los televidentes se siguen emitiendo en un canal cultural de la Argentina, pude ver en estos d\u00edas un reportaje a don Atahualpa Yupanqui. 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