{"id":12882,"date":"2021-11-19T23:54:05","date_gmt":"2021-11-20T05:54:05","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12882"},"modified":"2021-11-20T02:48:54","modified_gmt":"2021-11-20T08:48:54","slug":"recuerdo-del-gran-viejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=12882","title":{"rendered":"Recuerdo del Gran Viejo"},"content":{"rendered":"<p>Al atardecer del lunes 3 de julio de 1961, el gran <em>Papa<\/em> Hemingway se quit\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>Se reclin\u00f3 en un sof\u00e1 en la rec\u00e1mara de su casa solariega en Ketchum, Idaho. Coloc\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n de su escopeta en el paladar y jal\u00f3 el gatillo.<\/p>\n<p>As\u00ed dijo adi\u00f3s a las armas y a su generaci\u00f3n perdida y se intern\u00f3 en el mar de la eternidad, rumbo a las verdes colinas en donde las campanas siempre doblan a vida y no hay m\u00e1s quinta columna que la de los hombres que han encontrado la luz.<\/p>\n<p>Estaba a punto de cumplir 62 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, el <em>Oakland Tribune <\/em>escribi\u00f3: \u201cLa muerte sigui\u00f3 la vida de Ernest Hemingway como una sombra obsesiva. El tema de la muerte fue su sello distintivo alrededor del cual construy\u00f3 sus novelas y cuentos. Alguna vez dijo que s\u00f3lo hab\u00eda un tema para un escritor: la muerte y su evasi\u00f3n temporal, la vida\u201d.<\/p>\n<p>En 1953 recibi\u00f3 el premio Pulitzer y en 1954 el N\u00f3bel de Literatura. Son an\u00e9cdotas. El legado de Ernest es la inmortalidad de su obra. El morbo de quienes le recuerdan s\u00f3lo por una vida desordenada y ca\u00f3tica no hace mella en su arte.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su muerte, un par de profesores de esos grandes en la cr\u00edtica y eunucos en la escritura, pontificaron que durante los siete meses anteriores al suicidio, Hemingway hab\u00eda sido un <em>fantasma <\/em>de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u00bfY? Quien haya visitado Finca Vig\u00eda en las afueras de La Habana no me dejar\u00e1 mentir: hombres como Hemingway abandonan la carne, pero su energ\u00eda permanece entre nosotros y nos impregna.<\/p>\n<p>Si el lector lo duda, perm\u00edtame compartir algunos fragmentos hemingweyianos:<\/p>\n<p>Del cuento \u201cLos asesinos\u201d, de <em>Hombres sin mujeres<\/em>:<\/p>\n<p>\u201cRecordaba perfectamente la \u00e9poca de su plenitud, apenas hacia tres a\u00f1os. Recordaba el peso de la chaqueta de torero espolinada de oro sobre sus hombros, en aquella c\u00e1lida tarde de mayo, cuando su voz todav\u00eda era la misma tanto en la arena como en el caf\u00e9. Recordaba c\u00f3mo suspir\u00f3 junto a la afilada hoja que pensaba clavar en la parte superior de las paletas, en la empolvada protuberancia de m\u00fasculos, encima de los anchos cuernos de puntas astilladas, duros como la madera, y que estaban m\u00e1s bajos durante su mortal embestida. Recordaba el hundir de la espada, como si se hubiese tratado de un enorme pan de manteca; mientras la palma de la mano empujaba el pomo del arma, su brazo izquierdo se cruzaba hacia abajo, el hombro izquierdo se inclinaba hacia adelante, y el peso del cuerpo quedaba sobre la pierna izquierda&#8230;\u201d<\/p>\n<p>De \u201cLos j\u00f3venes que despiertan al amanecer\u201d, de <em>Androgyne mon amour: <\/em><\/p>\n<p>\u201cLos j\u00f3venes que despiertan al amanecer pueden asustarse de ser expulsados con demasiada rapidez de sus protectores sue\u00f1os de una madre, no recordados. Repentinamente, entonces, pueden sentir la verdadera enormidad de la exposici\u00f3n a la casualidad. La ma\u00f1ana que reci\u00e9n comienza, est\u00e1 colmada de demandas susurradas que ellos sospechan no poder satisfacer. \u00bfY en qui\u00e9n pueden confiar suponiendo, temerariamente, que todav\u00eda sean capaces de confiar sino en alguien (t\u00fa) cuyo nombre ha regresado a la confusi\u00f3n de muchos nombres de anoche? Te miran con precauci\u00f3n mientras te das vueltas y suspiras en sue\u00f1os. Est\u00e1n envidiosos de ti, de tu sue\u00f1o, que todav\u00eda te protege de los susurros que se hacen m\u00e1s audibles cada instante. Se sientan, con cuidado, en el borde de tu cama, agobiados y temblorosos como viejos sentados en los bancos, tosiendo con tos de fumadores\u2026\u201d<\/p>\n<p>De <em>Por qui\u00e9n doblan las campanas<\/em>:<\/p>\n<p>\u201cDespu\u00e9s se acomod\u00f3 lo m\u00e1s c\u00f3modamente que pudo, con los codos hundidos entre las agujas de pino y el ca\u00f1\u00f3n de la ametralladora apoyando en el tronco del \u00e1rbol. [\u2026]<\/p>\n<p>\u201cCuando el oficial se acerc\u00f3 al trote, siguiendo las huellas dejadas por los caballos de la banda, pasar\u00eda a menos de veinte metros del lugar en que Robert se encontraba. A esa distancia no hab\u00eda problema. El oficial era el teniente Berrendo. Hab\u00eda llegado de La Granja, cumpliendo \u00f3rdenes de acercarse al desfiladero, despu\u00e9s de haber recibido el aviso del ataque al puesto de abajo. Hab\u00edan galopado a marchas forzadas, y luego tuvieron que volver sobre sus pasos al llegar al puente volado, para atravesar el desfiladero por un punto m\u00e1s arriba y descender a trav\u00e9s de los bosques. Los caballos estaban sudorosos y reventados, y hab\u00eda que obligarlos a trotar. [\u2026]<\/p>\n<p>\u201cEl teniente Berrendo sub\u00eda siguiendo las huellas de los caballos, y en su rostro hab\u00eda una expresi\u00f3n seria y grave. Su ametralladora reposaba sobre la montura, apoyada en el brazo izquierdo. Robert Jordan estaba de bruces detr\u00e1s de un \u00e1rbol, esforz\u00e1ndose porque sus manos no le temblaran. Esper\u00f3 a que el oficial llegara al lugar alumbrado por el sol, en que los primeros pinos del bosque llegaban a la ladera cubierta de hierba. Pod\u00eda sentir los latidos de su coraz\u00f3n golpeando contra el suelo, cubierto de agujas de pino.\u201d De <em>Un lugar limpio y decente<\/em>:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 tem\u00eda? No era temor o miedo. Era una nada que \u00e9l conoc\u00eda demasiado bien. Todo era nada y un hombre era tambi\u00e9n nada. Algunos viv\u00edan en ella y nunca la sent\u00edan, pero \u00e9l sab\u00eda que todo era nada y pues nada y nada y pues nada. Nuestra nada que est\u00e1 en la nada, nada sea tu nombre y nada tu reino y tuya ser\u00e1 la nada en nada como es en la nada. Danos esta nada, nuestra nada de cada d\u00eda y nada a nos en la nada, pero l\u00edbranos de la nada; pues nada.\u201d De <em>Verdes colinas de \u00c1frica<\/em>:<\/p>\n<p>\u201cLos buenos escritores son destruidos en su pa\u00eds y sus talentos marchitados por exceso de ambici\u00f3n, por los elogios desmedidos, por sus pretensiones de intelectualismo y de superioridad.<\/p>\n<p>\u201cEn cierta \u00e9poca de sus vidas, los escritores suelen convertirse en l\u00edderes. \u00bfA qui\u00e9nes conducen? Poco importa. Si no tienen disc\u00edpulos los inventan. Y es in\u00fatil que aquellos que han sido escogidos como disc\u00edpulos, protesten. En este caso se los acusa de deslealtad&#8230; Hay otros que ensayan salvar su alma con 10 que escriben. Es un medio f\u00e1cil. Otros, todav\u00eda se arruinan por la primera suma de dinero recibida, la primera alabanza, el primer ataque, la primera vez que descubren que no pueden escribir, o bien se asustan e ingresan a asociaciones que piensan en lugar de ellos.<\/p>\n<p>\u201cPiojos de la literatura, gusanos para anzuelo, metidos en una botella, que tratan de derivar conocimientos y alimento de su propio contacto.\u201d De <em>Las nieves del Kilimanjaro: <\/em><\/p>\n<p>\u201cYo mismo he destruido mi talento. \u00bfAcaso tengo que insultar a esta mujer porque me mantiene? He destruido mi talento por no usarlo, por traicionarme a m\u00ed mismo y olvidar mis antiguas creencias y mi fe, por beber tanto que he embotado el l\u00edmite de mis percepciones, por la pereza y la holgazaner\u00eda, por las \u00ednfulas, el orgullo y los prejuicios, y, en fin, por tantas cosas buenas y malas. \u00bfQu\u00e9 es esto? \u00bfUn cat\u00e1logo de libros viejos? \u00bfQu\u00e9 es mi talento, en fin de cuentas? Era un talento, bueno, pero, en vez de usarlo, he comerciado con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s diciendo, Harry? \u00bfHas perdido el conocimiento?<\/p>\n<p>\u201c\u2014No. No tengo ni siquiera conocimiento para perder.\u201d<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del suicidio de Hemingway, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez escribi\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cEsta vez parece de verdad: Ernest Hemingway ha muerto [\u2026] Ha muerto de verdad [\u2026] Esta vez, las cosas sucedieron como ten\u00edan que suceder: el escritor ha muerto como el m\u00e1s com\u00fan de sus personajes, empezando por los suyos.\u201d<\/p>\n<p>El art\u00edculo de Garc\u00eda M\u00e1rquez, publicado el 9 de julio de 1961, se intitulaba:<\/p>\n<p><em>Un hombre ha muerto de muerte natural<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al atardecer del lunes 3 de julio de 1961, el gran Papa Hemingway se quit\u00f3 la vida. 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