{"id":1389,"date":"2020-12-11T23:51:14","date_gmt":"2020-12-12T05:51:14","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=1389"},"modified":"2020-12-10T14:06:27","modified_gmt":"2020-12-10T20:06:27","slug":"en-estado-de-gracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=1389","title":{"rendered":"En estado de gracia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Para Adriana, en el recuerdo. <\/em><\/p>\n<p>Noviembre fue un buen mes para que Edmundo Valad\u00e9s partiera. El oto\u00f1o era <em>su <\/em>temporada. Sus grandes aventuras, todas las que merecieron ser contadas, fueron en oto\u00f1o. Generosidad del destino: la m\u00e1s grande, la \u00fanica <em>cierta, <\/em>tambi\u00e9n le lleg\u00f3 en oto\u00f1o y entonces le dijimos hasta luego&#8230; hasta que nuestro propio oto\u00f1o nos alcance. Esto fue hace 26 a\u00f1os, en 1994.<\/p>\n<p>Pero no escribo para llorar a Edmundo. Quiero compartir con el lector algunas im\u00e1genes, instant\u00e1neas r\u00e1pidas y gruesos brochazos, del Edmundo Valad\u00e9s escritor y reportero arquet\u00edpico, de esos que el cine mexicano de los cuarenta pudo haber tomado como modelo para una cinta de los <em>chicos de la prensa. <\/em><\/p>\n<p>Es dif\u00edcil saber cu\u00e1l de las dos vocaciones de Edmundo \u2013literatura y periodismo- fue primera. \u00c9l mismo no lo ten\u00eda claro. A los doce a\u00f1os escrib\u00eda cuentos, proyectos de novela y peque\u00f1as obras de teatro. Ya mayor, sus sue\u00f1os de ser reportero fueron arrullados por el <em>run-run <\/em>hipn\u00f3tico de las rotativas.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n del periodismo le ven\u00eda de familia; la literatura era un dolor sordo en el coraz\u00f3n. Su abuelo y su padre fueron periodistas. Su primo Jos\u00e9 C.<\/p>\n<p>Valad\u00e9s le abri\u00f3 las puertas con Diego Arenas Guzm\u00e1n y con Regino Hern\u00e1ndez<\/p>\n<p>Llergo y Edmundo entr\u00f3 a las redacciones sin mirar atr\u00e1s, apenas un adolescente.<\/p>\n<p>La literatura, en cambio, no se le revel\u00f3 como una certeza sino hasta los 40 a\u00f1os, cuando tuvo entre sus manos la primera edici\u00f3n de <em>La muerte tiene permiso.<\/em><\/p>\n<p>\u201cEntonces supe que realmente era un escritor\u201d, me dijo en nuestras conversaciones hace muchos a\u00f1os y que titul\u00e9 <em>En estado de gracia<\/em>, libro que comparto con los lectores al final de la columna.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 un mexicano egresado de preparatoria despu\u00e9s de 1970 que no haya tenido entre las manos alguna vez un ejemplar de <em>La muerte tiene permiso<\/em>?<\/p>\n<p>Regino Hern\u00e1ndez Llergo, esa leyenda del periodismo mexicano a quien deber\u00edamos conocer mejor, fue su maestro, casi su padre.<\/p>\n<p>En la legendaria revista <em>Hoy, <\/em>al lado del tabasque\u00f1o, Valad\u00e9s se hizo periodista y al mismo tiempo estuvo a punto de dejar de ser escritor. Esta paradoja me la explic\u00f3 una tarde de mi\u00e9rcoles:<\/p>\n<p>\u201cMe met\u00ed al periodismo y dej\u00e9 de escribir literatura. En <em>Hoy <\/em>hice una entrevista con el sabio bot\u00e1nico Isaac Ochoterena. La entregu\u00e9 y don Regino me dijo: \u2018Esto es antiperiod\u00edstico\u2019. Entonces me vino un complejo y ya no me atrev\u00ed a escribir. Empec\u00e9 mi carrera como formador, secretario de redacci\u00f3n y jefe de redacci\u00f3n. Luego me <em>avent\u00e9<\/em>. Empec\u00e9 a escribir, incluso sin firmar: hice cr\u00edtica taurina, hice cr\u00edtica de cine, cosas de esas, pero no periodismo, hasta que escrib\u00ed la serie del \u2018Cuatro Vientos\u2019, que tuvo gran \u00e9xito.\u201d<\/p>\n<p>Los reportajes en <em>Hoy <\/em>sobre el \u201cCuatro Vientos\u201d, el aeroplano espa\u00f1ol que en 1933 hizo el primer vuelo trasatl\u00e1ntico al mando de los pilotos Mariano Barber\u00e1n y Joaqu\u00edn Collar, fueron la sensaci\u00f3n de la temporada. La nave parti\u00f3 de Sevilla, aterriz\u00f3 en Camag\u00fcey y desapareci\u00f3 sobre la sierra alta de Puebla en el \u00faltimo tramo del vuelo rumbo a la Ciudad de M\u00e9xico. Ochenta y siete a\u00f1os despu\u00e9s el misterio no ha sido desentra\u00f1ado.<\/p>\n<p>Cuando Edmundo se presentaba en los caf\u00e9s de moda los parroquianos murmuraban con admiraci\u00f3n: \u201c\u00a1Ese es el del Cuatro Vientos!\u201d Valad\u00e9s hab\u00eda demostrado al mundo y a s\u00ed mismo su fuerza como periodista. El propio don<\/p>\n<p>Regino exclam\u00f3 al ver las galeras del reportaje: \u201c\u00a1Caray, qu\u00e9 revelaci\u00f3n, no sab\u00edamos que ten\u00edamos aqu\u00ed a un gran reportero!\u201d<\/p>\n<p>Y entonces sucedieron dos cosas que fueron clave para entender esta doble faceta, literaria y period\u00edstica de Edmundo. Primero, no sigui\u00f3 siendo reportero. Segundo, all\u00e1 en la sierra, en la selva, en la choza de una familia mazahua que le dio hospitalidad, se hizo <em>proustiano<\/em>.<\/p>\n<p>La sola menci\u00f3n del episodio se antoja como tomada del realismo m\u00e1gico, y Edmundo parece confirmarlo en su propia narraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201cMe comisionan para hacer el reportaje y compro en una librer\u00eda, para leer en el camino, <em>Por el camino de Swann. <\/em>En ese tiempo yo no sab\u00eda qui\u00e9n era Proust. All\u00e1 en la sierra lo le\u00ed, cuando acamp\u00e1bamos en unos cafetales. Nos alojaron en un cuarto lleno de carabinas, machetes y pistolas y en la noche lo empec\u00e9 a leer: me fascin\u00f3 desde el principio. Entr\u00e9 a Proust de manera muy f\u00e1cil, siendo tan dif\u00edcil. Fue una cosa natural, inmediata. Me atrap\u00f3 desde el principio y segu\u00ed&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Despu\u00e9s su, digamos, <em>no-conversi\u00f3n <\/em>al periodismo:<\/p>\n<p>\u201cOtro de mis grandes errores fue que en lugar de seguir siendo reportero, volv\u00ed a las cosas internas de <em>Hoy. <\/em>Fue mi gran momento, \u00a1carajo!, y deb\u00ed haberle pedido a don Regino seguir como reportero. Pero no s\u00e9, ten\u00eda yo falta de fe, de confianza en m\u00ed mismo. \u00a1Hab\u00eda yo dudado tanto! \u00a1Ten\u00eda dudas de que pudiera, de que supiera escribir!\u201d<\/p>\n<p>A la distancia, los beneficiarios de la obra de Vald\u00e9s tenemos que agradecer esos conflictos que lo agobiaron. De aquel viaje -y de otras situaciones parecidas que vivi\u00f3 en los a\u00f1os siguientes- tenemos una pieza period\u00edstica que hoy s\u00f3lo conocemos de o\u00eddas, pero a cambio nos quedan dos cuentos que seguimos disfrutando: <em>Las ra\u00edces irritadas<\/em> y <em>Al jalar el gatillo<\/em>.<\/p>\n<p>Un d\u00eda tuve una larga conversaci\u00f3n con Edmundo sobre periodismo y literatura, tema recurrente y dif\u00edcil que agobia, asalta, angustia, a quienes tienen un pie en cada orilla. \u201c\u00a1No!\u201d, dijo tajante, casi violento. \u201cEl periodismo no aporta nada a la literatura\u201d. Pero muy avanzada la charla, muy acalorada la reflexi\u00f3n, muy repetidos los g\u00fcisquis, tuvo que admitir:<\/p>\n<p>\u201cF\u00edjate que por primera vez me estoy dando cuenta de que el periodismo s\u00ed me aport\u00f3 personajes, ambientes, situaciones, para varios de mis cuentos. Es decir, nacieron por otras motivaciones y el periodismo me dio el complemento, me dio el ambiente, me dio algunos personajes, me dio algunas otras cosas para la obra literaria\u201d.<\/p>\n<p>Entre algunas de esas \u201cotras cosas\u201d Edmundo recibi\u00f3 del periodismo la an\u00e9cdota ver\u00eddica que habr\u00eda de ser la semilla del m\u00e1s conocido de sus cuentos:<\/p>\n<p><em>La muerte tiene permiso<\/em>, que nos regal\u00f3 a la manera de un orfebre que a partir de un tosco pedazo de metal teje una cadena de fr\u00e1giles y delicados eslabones. Nada m\u00e1s. Nada menos.<\/p>\n<p>En esta peque\u00f1a exploraci\u00f3n no puedo dejar de mencionar uno de los frutos del Valad\u00e9s escritor-periodista, quiz\u00e1 el m\u00e1s conocido: la revista <em>El Cuento<\/em>, lamentablemente desaparecida<em>. <\/em><\/p>\n<p><em>El Cuento <\/em>es hija de esa mezcla, de ese choque de mundos, de esa dualidad que desgarr\u00f3 a Edmundo durante toda su vida. Fue un producto period\u00edstico que abrev\u00f3 en la literatura y a lo largo y ancho del mundo hispano divulg\u00f3 el g\u00e9nero del cuento corto y atiz\u00f3 vocaciones. No hab\u00eda cuentista que no ansiara ver su nombre en las p\u00e1ginas de la revista.<\/p>\n<p>De \u00e9l dijo Jos\u00e9 Emilio Pacheco: \u201cEdmundo Valad\u00e9s o la generosidad. Ha dedicado la mayor parte de su tiempo a difundir las obras ajenas, a compartir sus entusiasmos, a tender puentes hacia otras literaturas, a revalorar el pasado y a estimular a los que empiezan.\u201d<\/p>\n<p>Los jovencitos Jos\u00e9 Emilio Pacheco y Carlos Monsiv\u00e1is se presentaban los domingos muy temprano en casa de Edmundo para darle a leer sus primeros textos. \u201cCon qu\u00e9 paciencia, con qu\u00e9 atenta generosidad Valad\u00e9s escuchar\u00e1 los primeros borradores de nuestro aprendizaje interminable\u201d, rememor\u00f3 Jos\u00e9 Emilio, quien nos leg\u00f3 esta descripci\u00f3n del escritor:<\/p>\n<p>\u201cLe toc\u00f3 nacer en la generaci\u00f3n de Arreola, Revueltas, Rulfo. No se parece a ninguno de los tres y al mismo tiempo hay en \u00e9l algo de sus contempor\u00e1neos, y no podr\u00eda ser de otro modo. Valad\u00e9s rompi\u00f3 las falsas fronteras entre narrativa fant\u00e1stica y realista, literatura urbana o rural. No cedi\u00f3 a ninguna prohibici\u00f3n: ha hecho cuentos magistrales que valen por s\u00ed mismos y tambi\u00e9n se anticipan a bastantes cosas que llegaron despu\u00e9s. Le debemos narraciones de infancia y adolescencia, cuadros del holocausto nuclear, vasos comunicantes entre historia y vidas privadas.\u201d<\/p>\n<p>Edmundo fue tambi\u00e9n un notable ensayista, quiz\u00e1 la faceta menos conocida de su obra. Textos sobre el cuento en la Revoluci\u00f3n y sobre la teor\u00eda de este g\u00e9nero. Y un libro espl\u00e9ndido, hoy inhallable, <em>Por caminos de Proust<\/em>, editado por SAMO, aquella editorial de Sara Moir\u00f3n que en su breve vida perge\u00f1\u00f3 verdaderas joyas.<\/p>\n<p>Termino estos recuerdos con un hecho ver\u00eddico que el lector queda en libertad de atribuir a mi fantas\u00eda. Edmundo estaba de vuelta en la casa que Elena<\/p>\n<p>Poniatowska describiera \u201cde menta y caramelo\u201d despu\u00e9s de su pen\u00faltima hospitalizaci\u00f3n. Por esas fechas yo era un <em>alto funcionario<\/em> y deb\u00eda llevar una representaci\u00f3n oficial a cierto evento adocenado. Con mi chofer recorr\u00ed el Perif\u00e9rico varias veces sin dar con el sal\u00f3n en donde tendr\u00eda lugar el acto. Agotado y molesto al cabo de muchas vueltas, y ya muy pasada la hora de la cita, vi que estaba por el rumbo de Valad\u00e9s. Me llegu\u00e9 a su casa y pasamos la tarde en un recuerdo de nuestra amistad. Al d\u00eda siguiente regres\u00f3 al hospital a morir.<\/p>\n<p>Dos semanas despu\u00e9s otro asunto me llev\u00f3 por la misma zona. En un lugar sobre la lateral del perif\u00e9rico, a poca distancia de la casa \u201cde menta y caramelo\u201d, el chofer detuvo abruptamente el auto: frente a nosotros, bajo un enorme, iluminado, vistoso anuncio, \u00a1estaba el sal\u00f3n que pocos d\u00edas antes no hab\u00edamos podido encontrar!<\/p>\n<p>\u201cEdmundo te estaba llamando&#8230;\u201d, dijo Adriana cuando le cont\u00e9 este episodio sobrenatural.<\/p>\n<p><strong>www.sanchezdearmas.mx <\/strong><\/p>\n<p><strong>En redes: <\/strong>@juegodeojos &#8211; www.facebook.com\/JuegoDeOjos\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Adriana, en el recuerdo. Noviembre fue un buen mes para que Edmundo Valad\u00e9s partiera. El oto\u00f1o era su temporada. Sus grandes aventuras, todas las que merecieron ser contadas, fueron en oto\u00f1o. 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