{"id":1394,"date":"2020-12-11T23:53:20","date_gmt":"2020-12-12T05:53:20","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=1394"},"modified":"2020-12-10T14:18:54","modified_gmt":"2020-12-10T20:18:54","slug":"borges-y-los-cementerios-de-su-amada-buenos-aires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=1394","title":{"rendered":"Borges y los cementerios de su amada Buenos Aires"},"content":{"rendered":"<p><strong>Roberto Alifano<\/strong><\/p>\n<p>Para felicidad de sus lectores, un poeta es un nost\u00e1lgico del amor, de su tiempo y del sitio en el que naci\u00f3. As\u00ed empieza Borges el espl\u00e9ndido soneto dedicado a Buenos Aires, su entra\u00f1able ciudad, que ve unida a su propio destino:<\/p>\n<p><em>Y la ciudad ahora es como un plano<\/em><\/p>\n<p><em>de mis humillaciones y fracasos.<\/em><\/p>\n<p><em>Desde esa puerta he visto los ocasos<\/em><\/p>\n<p><em>Y ante este m\u00e1rmol he aguardado en vano\u2026<\/em><\/p>\n<p>En el final, los dos \u00faltimos endecas\u00edlabos, con el d\u00edstico contundente, le dan un hondo dramatismo a su ya famosa, antol\u00f3gica y descarnada confidencia:<\/p>\n<p><em>No nos une el amor sino el espanto;<\/em><\/p>\n<p><em>ser\u00e1 por eso que la quiero tanto.<\/em><\/p>\n<p>Estos versos parecen menos una declaraci\u00f3n de amor que una forma de resignado rechazo, y acaso expresan lo mismo. Son parte de las muchas confesiones que Borges nos hace de la ciudad que lo vio nacer y a la que nunca dejar\u00e1 de cantarle; eso s\u00ed, con una ternura cr\u00edtica donde a un tiempo la exalta y la reprocha. Es el poeta asombrado ante el ocaso amarillo y la luna de enfrente que se incendia sobre el horizonte. El agudo observador, que construye versos delicados y \u00e1speros, donde perduran el arrabal y los rincones de patios con macetas, donde hay la recuperaci\u00f3n del barrio, sus desoladas calles o los sorpresivos callejones; las breves ochavas de las esquinas, las arboladas plazas, los violentos olores de las sangrientas carnicer\u00edas, que contrastan con perfumados jardines, las honduras de iluminadas veredas, \u201c<em>el almac\u00e9n rosado como rev\u00e9s de naipe<\/em>\u201d, las desgarradoras ausencias, los suburbios, los melanc\u00f3licos amaneceres, silenciosamente iluminados por una luna que declina ante el nacimiento del sol; la dilatada arboleda que se agiganta de frente al amanecer, ensombrecido a veces por la tormenta tempranera; los solitarios sepulcros de los dos cementerios de la ciudad: el de\u00a0<em>Chacarita<\/em>\u00a0y\u00a0<em>Recoleta<\/em>; las desgarradoras ausencias y, sumado a todas estas vertientes evocatorias, su propia historia ligada a Buenos Aires; tambi\u00e9n, de manera no menos expl\u00edcita, aquello que para el poeta es la recuperaci\u00f3n de lo perdido, \u201c\u00a0<em>de lo perdido y lo recuperado<\/em>\u201d:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2026<em>Y sent\u00ed Buenos Aires,<\/em><\/p>\n<p><em>esta ciudad que yo cre\u00ed mi pasado<\/em><\/p>\n<p><em>es mi porvenir, mi presente;<\/em><\/p>\n<p><em>los a\u00f1os que he vivido en Europa son ilusorios,<\/em><\/p>\n<p><em>yo estaba siempre (y estar\u00e9) en Buenos Aires&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Su primer libro,\u00a0<em>Fervor de Buenos Aires<\/em>, publicado en 1923, lo abre con el poema \u201cLas calles\u201d, donde el joven Borges nos habla de\u00a0<em>las \u00e1vidas calles inc\u00f3modas de turba y de ajetreo<\/em>, exalt\u00e1ndolas como si fueran una parte de su ser m\u00e1s \u00edntimo:<\/p>\n<p><em>Las calles de Buenos Aires<br \/>\nya son mi entra\u00f1a.<br \/>\nNo las \u00e1vidas calles,<br \/>\ninc\u00f3modas de turba y ajetreo,<br \/>\nsino las calles desganadas del barrio,<br \/>\ncasi invisibles de habituales,<br \/>\nenternecidas de penumbra y de ocaso&#8230;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Hacia el Oeste, el Norte y el Sur<\/em><\/p>\n<p><em>se han desplegado -y son tambi\u00e9n la patria- las calles;<\/em><\/p>\n<p><em>ojal\u00e1 en los versos que trazo est\u00e9n esas banderas\u2026<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En C<em>uaderno San Mart\u00edn<\/em>, otro poemario publicado en 1927, Borges manifiesta su relaci\u00f3n con la muerte en dos barrios de los alrededores con sus respectivos cementerios, el de\u00a0<em>Recoleta<\/em>\u00a0y el de\u00a0<em>Chacarita<\/em>. Aqu\u00ed el poeta establece un paralelo social al describirlos. Y dice al nombrar al primero:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Convencidos de caducidad<\/em><\/p>\n<p><em>por tantas nobles certidumbres del polvo,<\/em><\/p>\n<p><em>nos demoramos y bajamos la voz<\/em><\/p>\n<p><em>entre las lentas filas de panteones,<\/em><\/p>\n<p><em>cuya ret\u00f3rica de sombra y de m\u00e1rmol<\/em><\/p>\n<p><em>promete o prefigura la deseable<\/em><\/p>\n<p><em>dignidad de haber muerto\u2026<\/em><\/p>\n<p>Al referirse al de\u00a0<em>Chacarita<\/em>, el cementerio m\u00e1s popular, el poeta es descarnado y acaso pat\u00e9tico cuando refiere la peste que castig\u00f3 a la Argentina hacia fines del siglo XIX:<\/p>\n<p><em>&#8230;fue saciada por la fiebre amarilla hasta decir basta;<br \/>\nporque los conventillos hondos del sur<br \/>\nmandaron muerte sobre la cara de Buenos Aires<br \/>\ny porque Buenos Aires no pudo mirar esas muertes,<br \/>\na paladas te abrieron<br \/>\nen la punta perdida del oeste,<br \/>\ndetr\u00e1s de las tormentas de tierra<br \/>\ny del barrial pesado y primitivo que hizo a los cuarteadores\u2026<\/em><\/p>\n<p>Cabe aclarar que no hay un menosprecio del uno por el otro. Es un reconocimiento a los dos cementerios. Tambi\u00e9n describe los respectivos barrios, y al referir a\u00a0<em>Chacarita<\/em>, escribe:<\/p>\n<p><em>Una dura vegetaci\u00f3n de sobras en pena<br \/>\nHace fuerza contra tus paredes interminables<br \/>\nCuyo sentido en perdici\u00f3n,<br \/>\nY convencidas de mortalidad las orillas<br \/>\nApuran su caliente vida a tus pies<br \/>\nEn calles traspasadas por una llamarada baja de barro<br \/>\nO se aturden con desgano de bandoneones<br \/>\nO con balidos de cornetas sonsas en carnaval\u2026<\/em><\/p>\n<p>Al citar a\u00a0<em>Recoleta<\/em>, donde est\u00e1n las b\u00f3vedas de sus familiares y de los ilustres patricios argentinos, no es menos expl\u00edcito que conmovedor:<\/p>\n<p><em>Tu frente es el p\u00f3rtico valeroso<br \/>\nY la generosidad de ciego del \u00e1rbol<br \/>\nY la dicci\u00f3n de p\u00e1jaros que aluden, sin saberla, a la muerte<br \/>\nY el redoble, endiosador de pechos, de los tambores<br \/>\nen los entierros militares\u2026<\/em><\/p>\n<p>Por \u00faltimo, perplejo, el poeta ensaya una reflexi\u00f3n m\u00e1s sobre el cementerio popular del barrio de <em>Chacarita:<\/em><\/p>\n<p><em>Desaguadero de esta patria de Buenos Aires, cuesta final,<br \/>\nBarrio que sobrevives a los otros, que sobremueres,<br \/>\nLazareto que est\u00e1s en esta muerte no en la otra vida,<br \/>\nHe o\u00eddo tu palabra de caducidad y no creo en ella,<br \/>\nPorque tu misma convicci\u00f3n de angustia es acto de vida<br \/>\nY porque la plenitud de una sola rosa es m\u00e1s que tus m\u00e1rmoles.<\/em><\/p>\n<p>Y en augustas estrofas, que dedica a\u00a0<em>Recoleta<strong>,<\/strong>\u00a0<\/em>exalta con premura vindicativa, definitivamente expl\u00edcita, aunque cargadas de sutiles alusiones l\u00edricas:<\/p>\n<p><em>Dije el enigma y dir\u00e9 tambi\u00e9n su palabra:<br \/>\nSiempre las flores vigilaron la muerte,<br \/>\nPorque siempre los hombres incomprensiblemente supimos<br \/>\nQue su existir dormido y gracioso<br \/>\nEs el que mejor puede acompa\u00f1ar a los que murieron<br \/>\nSin ofenderlos con soberbia de vida,<br \/>\nSin ser m\u00e1s vida que ellos.<\/em><\/p>\n<p>En otro poema, dedicado a la\u00a0<em>Plaza San Mart\u00edn<\/em>, Borges nos dice que all\u00ed encuentra la tarde perfecta, y nos transmite su d\u00f3cil emoci\u00f3n al referirla preciosamente adjetivada en la m\u00e1s vibrante exaltaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 bien se ve la tarde<\/em><\/p>\n<p><em>desde el f\u00e1cil sosiego de los bancos!<\/em><\/p>\n<p>Y nos la describe o, mejor dicho, nos la revive con el fervor de su propio sentimiento detenido en las antiguas puertas cancel y en los corredores de las casas de inquilinato:<\/p>\n<p><em>Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.<br \/>\nCon fino bru\u00f1imiento de caoba<br \/>\nLa tarde entera se hab\u00eda remansado en la plaza,<br \/>\nSerena y sazonada,<br \/>\nBienhechora y sutil como una l\u00e1mpara<br \/>\nClara como una frente,<br \/>\nGrave como adem\u00e1n de hombre enlutado\u2026<\/em><\/p>\n<p>Emocionado, el poeta tambi\u00e9n nombra -con finura exquisita- otro elemento caracter\u00edstico de la cosmopolita ciudad de Buenos Aires, su ecum\u00e9nico puerto que generoso se abre hacia el mundo:<\/p>\n<p><em>Abajo<br \/>\nEl puerto anhela latitudes lejanas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Pero el mayor reencuentro con su amada y a veces enjuiciada ciudad se da en el volumen\u00a0<em>Cuaderno San Mart\u00edn<\/em>, donde el aedo se regocija jugando con im\u00e1genes \u00edntimas y entra\u00f1ables; en especial con el verso demasiado famoso de \u201cFundaci\u00f3n mitol\u00f3gica de Buenos Aires\u201d, que m\u00e1s tarde, en futuras ediciones, llevar\u00e1 el t\u00edtulo de \u201cFundaci\u00f3n m\u00edtica de Buenos Aires\u201d. En este poema, un Borges exultante, recrea, con su imaginaci\u00f3n prodigiosa, aquel remoto d\u00eda que el navegante espa\u00f1ol pis\u00f3 este lado del Atl\u00e1ntico, que se prolongaba en la p\u00e1nica llanura para fundar su ciudad:<\/p>\n<p><em>Prendieron unos ranchos tr\u00e9mulos en la costa,<br \/>\ndurmieron extra\u00f1ados. Dicen que en el Riachuelo,<br \/>\npero son embelecos fraguados en la Boca.<br \/>\nFue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.<\/p>\n<p>Una manzana entera pero en mit\u00e1 del campo<br \/>\nexpuesta a las auroras y lluvias y suestadas.<br \/>\nLa manzana pareja que persiste en mi barrio:<br \/>\nGuatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.<\/p>\n<p>Un almac\u00e9n rosado como rev\u00e9s de naipe<br \/>\nbrill\u00f3 y en la trastienda conversaron un truco;<br \/>\nel almac\u00e9n rosado floreci\u00f3 en un compadre,<br \/>\nya patr\u00f3n de la esquina, ya resentido y duro\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>A m\u00ed se me hace cuento que empez\u00f3 Buenos Aires:<br \/>\nLa juzgo tan eterna como el agua y el aire.<\/em><\/p>\n<p>Pero es en la composici\u00f3n \u201cVersos de catorce\u201d donde sentimos el hondo estremecimiento del poeta al revivir buena parte de los elementos tan afines a su poes\u00eda, que seguir\u00e1 nombrando en toda su creaci\u00f3n est\u00e9tica al cantar a Buenos Aires:<\/p>\n<p><em>A mi ciudad de patios c\u00f3ncavos como c\u00e1ntaros<br \/>\ny de calles que surcan las leguas como un vuelo<br \/>\na mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso<br \/>\ny arrabales azules, hechos de firmamento,<\/em><\/p>\n<p><em>a mi ciudad que se abre clara como una pampa..<\/em><\/p>\n<p>A lo largo de los d\u00edas, el poeta asombrado, que llega a dudar de su existencia, con paso vacilante, se detiene en una esquina para advertirnos emocionado -en este caso con su prosa incomparable, tambi\u00e9n pura poes\u00eda- que \u201ces<em>\u00a0a<\/em><em>l otro Borges, a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mec\u00e1nicamente, para mirar el arco de un zagu\u00e1n y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biogr\u00e1fico\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>Escritor y periodista espa\u00f1ol.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en elimparcial.es<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Alifano Para felicidad de sus lectores, un poeta es un nost\u00e1lgico del amor, de su tiempo y del sitio en el que naci\u00f3. 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