{"id":15960,"date":"2022-02-04T23:04:32","date_gmt":"2022-02-05T05:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=15960"},"modified":"2022-02-05T01:27:07","modified_gmt":"2022-02-05T07:27:07","slug":"la-ultima-mision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=15960","title":{"rendered":"La \u00faltima misi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>La centuria del expresidente Luis Echeverr\u00eda despert\u00f3 un moderado inter\u00e9s, la edici\u00f3n de un libro y algunos memes.<\/p>\n<p>Fue el de LEA un sexenio controvertido, de cambios y transformaciones que siguen pasando por el tamiz del juicio hist\u00f3rico y que no ser\u00eda ocioso volver a repasar.<\/p>\n<p>Don Luis es el exmandatario m\u00e1s longevo de M\u00e9xico desde 1783. Pedro Lascur\u00e1in lleg\u00f3 a los 96, Portes Gil a los 87, Ortiz Rubio a los 86, don Porfirio a los 84 y L\u00f3pez Portillo qued\u00f3 en honroso sexto lugar con 83.<\/p>\n<p>JLP mand\u00f3 a LEA a una fant\u00e1stica embajada concurrente en las Islas Fiji en uno de los humores fr\u00edvolos con que dilapid\u00f3 lo que parec\u00eda una gran solidez intelectual&#8230; y pas\u00f3 a mejor vida mientras que el ef\u00edmero diplom\u00e1tico sigue entre nosotros.<\/p>\n<p>Los gobiernos no transcurren en blanco y negro. Hay quien sostiene que el echeverriato ni fue tan arriba ni tan adelante como se proclamara en aquel lejano 1969, mientras que otros proponen que M\u00e9xico despeg\u00f3 en aquel sexenio y se insert\u00f3 de pleno derecho en el conjunto mundial.<\/p>\n<p>Hoy recupero un triste episodio de aquellos a\u00f1os, un <em>incidente <\/em>(Clau y Chelo <em>dixit<\/em>), que frunci\u00f3 el semblante de LEA y sus cofrades un par de d\u00edas, hasta que el tiempo sexenal sigui\u00f3 su inexorable curso.<\/p>\n<p>El memorioso gremio period\u00edstico lo pas\u00f3 por alto, igual que los pol\u00edticos que en ese entonces se aprestaban a sacrificarse por el pueblo. Creo que s\u00f3lo Roberto Femat record\u00f3 que el 25 de enero de 1970 perdieron la vida quince reporteros y fot\u00f3grafos que cubr\u00edan la campa\u00f1a del hoy centenario expresidente.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 pena. Parece confirmarse que los hombres y mujeres p\u00fablicos ven a los periodistas como un mal necesario y recurren a ellos con el mismo \u00e1nimo que los ni\u00f1os obligados a tomar aceite de ricino para su propio bien.<\/p>\n<p>El \u201cavionazo de Poza Rica\u201d diezm\u00f3 y enlut\u00f3 al periodismo mexicano cuando esta no era a\u00fan la arriesgada profesi\u00f3n que hoy conocemos en el pa\u00eds m\u00e1s peligroso del mundo para ejercerla.<\/p>\n<p>Sergio Candelas, entonces reportero de la revista <em>Tiempo<\/em>, fue autor de la m\u00e1s completa cr\u00f3nica de aquella jornada. En medio de un intenso dolor y no curado del espanto de haber estado frente a la muerte, cumpli\u00f3 con su deber de informar y fue capaz de citarse a s\u00ed mismo, de ubicarse como un personaje dentro de la historia, sin que ello demeritara el valor testimonial de su trabajo.<\/p>\n<p>Inclu\u00ed el relato en mi libro <em>De reporteros <\/em>con la bendici\u00f3n del querido amigo y colega, quien falleci\u00f3 el 27 de septiembre de 2015. A continuaci\u00f3n, fragmentos de su testimonio.<\/p>\n<p>\u201cEmpezaba a clarear la ma\u00f1ana del domingo 25 de enero de 1970. Muy cerca de la entrada que conduce a la pista de carga de la Compa\u00f1\u00eda Mexicana de Aviaci\u00f3n, en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de M\u00e9xico, conversaban animadamente cinco personas.<\/p>\n<p>\u201cCerca de all\u00ed, en la acera, algunos veh\u00edculos depositaban maletas, bolsas de nylon para trajes, m\u00e1quinas de escribir port\u00e1tiles, grabadoras magnetof\u00f3nicas y c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas. M\u00e1s all\u00e1, a unos metros de distancia, Jes\u00fas Kramsky, reportero de <em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>, daba un abrazo a su madre y a su hermano que hab\u00edan ido a despedirlo a la terminal a\u00e9rea. Para Jes\u00fas, era su segunda gran oportunidad period\u00edstica: los directores de los diarios y las revistas de M\u00e9xico ponen mucho cuidado al seleccionar personal para misiones importantes y <em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em> hab\u00eda reiterado su confianza en Kramsky -casi un adolescente, apuesto y poseedor de excepcionales dotes reporteriles- para cubrir, con otros compa\u00f1eros, la segunda etapa de la campa\u00f1a electoral [&#8230;]<\/p>\n<p>\u201cRub\u00e9n Porras Ochoa, reportero de <em>La Afici\u00f3n<\/em>; Adolfo Olmedo Luna, de <em>Ovaciones<\/em>; Miguel de los Santos Hern\u00e1ndez \u00c1lvarez, de <em>PIMSA<\/em>; Carlos Infante, de <em>Avance<\/em>, y Sergio Candelas Villalba, de la revista <em>Tiempo<\/em>, cambiaban impresiones sobre los treinta y cuatro d\u00edas de trabajo que les aguardaban. Olmedo, lleno de orgullo, hab\u00eda presentado a los reporteros a su hijo Adolfo de veintis\u00e9is a\u00f1os, reci\u00e9n egresado de la Universidad. Porras Ochoa comunicaba a los dem\u00e1s su intenci\u00f3n de invitarlos, cuando pasaran por Catemaco, Veracruz, a un ranchito que hab\u00eda comprado all\u00ed, adonde pensaba retirarse con su esposa y sus tres hijos despu\u00e9s de uno o dos a\u00f1os m\u00e1s de traj\u00edn period\u00edstico. De los Santos, moreno, menudo, de ojos negros brillantes y expresivos, permanec\u00eda como siempre- callado ante la pl\u00e1tica de sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Llegaron m\u00e1s reporteros. Pepe Falconi, de <em>El Heraldo de M\u00e9xico<\/em>, que salud\u00f3 a todos con su acostumbrado \u201c\u00bfc\u00f3mo est\u00e1s hermano?\u201d; Rafael Moya Rodr\u00edguez, jefe de redacci\u00f3n del mismo diario, que por esa \u00fanica vez hab\u00eda dejado su escritorio para supervisar, durante algunos d\u00edas, el trabajo de sus reporteros; Jes\u00fas Figueroa, de <em>La Prensa<\/em>, feliz porque a diez a\u00f1os de haber ocupado el modesto cargo de ayudante de redacci\u00f3n, sus m\u00e9ritos hab\u00edan obtenido al fin un justo premio; la pareja invencible: Mario Rojas Sede\u00f1o y Hern\u00e1n Porragas Ruiz, de <em>El Sol de M\u00e9xico<\/em>, siempre unidos, siempre le\u00edda su \u00e1gil columna matutina \u201cDiario de Campa\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLos fot\u00f3grafos Eduardo Quiroz de <em>El Heraldo<\/em>, pulcramente vestido y con una abultada mochila de piel repleta de pel\u00edcula, lentes, telefotos y dos o tres c\u00e1maras; Rodolfo Mart\u00ednez, \u2018El Pelos\u2019, de <em>La Prensa<\/em>, que ya, a esa hora, empezaba a contagiar de buen humor a sus colegas con un gran repertorio de chistes; Jaime Gonz\u00e1lez Hermosillo, de <em>Excelsior<\/em>, y la presencia solemne del maestro Ismael Casasola, fot\u00f3grafo de larga experiencia en el periodismo nacional, ahora al servicio del PRI, entre otros m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u201cEn la pista hab\u00eda dos aeronaves para la comitiva de informaci\u00f3n: un DC-3, cuya proa llevaba el nombre de \u2018Ignacio Aldama\u2019 y un Convair, matr\u00edcula XB-DOK. Al pie de la escalerilla del Convair [personal de prensa fue] nombrando uno por uno a los pasajeros, a la vez que marcaban con una se\u00f1al el nombre de quienes sub\u00edan al avi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cA bordo estaban ya los miembros de la tripulaci\u00f3n: Leopoldo Ram\u00edrez Di<\/p>\n<p>St\u00e9fano, piloto de treinta y seis a\u00f1os de edad; Luis Mart\u00ednez, copiloto; Javier Eliseo R\u00edos, ingeniero de vuelo, y la se\u00f1ora Rosa Mar\u00eda Pedroza, taqu\u00edgrafa durante muchos a\u00f1os en la C\u00e1mara de Diputados y habilitada esta vez como azafata en la campa\u00f1a electoral.<\/p>\n<p>\u201cSubieron al avi\u00f3n los reporteros Rub\u00e9n Porras Ochoa, Miguel de los<\/p>\n<p>Santos, Mario Rojas Sede\u00f1o, Hern\u00e1n Porragas, Adolfo Olmedo Luna, Jos\u00e9<\/p>\n<p>Falconi, Rafael Moya, Jes\u00fas Figueroa y Jes\u00fas Kramsky; los fot\u00f3grafos Jos\u00e9 Ley y<\/p>\n<p>Lorenzo H. Barboa, de <em>El Sol de M\u00e9xico<\/em>; Eduardo Quiroz, Jaime Gonz\u00e1lez, Rodolfo Mart\u00ednez e Ismael Casasola. Tambi\u00e9n abord\u00f3 la nave el doctor Camilo Ordaz.<\/p>\n<p>\u201cDetr\u00e1s ascendieron los reporteros Sergio Candelas y Carlos Infante, pero se percataron de que los asientos ya estaban ocupados [&#8230;].<\/p>\n<p>\u201cSergio Candelas baj\u00f3 y en la pista se top\u00f3 con Gregorio Ortega Molina, reportero de la <em>Revista de Am\u00e9rica<\/em>, quien le dijo: \u2018\u00bfA d\u00f3nde vas? V\u00e1monos que ya es hora de salir\u2019. El reportero de <em>Tiempo<\/em> le explic\u00f3 entonces que ya no hab\u00eda lugar en el Convair, ante lo cual Ortega hizo un moh\u00edn de disgusto y dijo: \u2018L\u00e1stima, porque ese avi\u00f3n es muy r\u00e1pido\u2019 [&#8230;].<\/p>\n<p>\u201cCandelas [&#8230;] habl\u00f3 con [alguien de prensa], quien despu\u00e9s de confirmarle que le ten\u00eda un sitio reservado en el \u2018Ignacio Aldama\u2019, le pidi\u00f3 que llevara cuatro gafetes de identidad a otros periodistas que estaban a bordo del Convair. As\u00ed lo hizo Sergio, y por segunda vez subi\u00f3 a la nave. Descendi\u00f3 despu\u00e9s de dirigir un cordial \u2018hasta luego\u2019 a Porras Ochoa, a De los Santos y a otros m\u00e1s que ya aguardaban la hora de la salida.<\/p>\n<p>\u201cEl primer avi\u00f3n de la comitiva que despeg\u00f3 del aeropuerto fue el \u2018Vicente Guerrero\u2019, luego el Convair y otros dos aparatos con periodistas.<\/p>\n<p>\u201c[&#8230;] Despu\u00e9s de cuarenta minutos de vuelo, el \u2018Ignacio Aldama\u2019 -en el que iba el reportero de <em>Tiempo<\/em>&#8211; estaba sobre la ciudad de Poza Rica [&#8230;] Como el cielo estaba \u2018muy cerrado\u2019, la aeronave sobrevol\u00f3 cincuenta minutos m\u00e1s tratando de hallar un hueco por el cual enfilarse hacia el aeropuerto de Poza Rica. Hab\u00eda inquietud entre los periodistas. De la cabina del avi\u00f3n sali\u00f3 el copiloto para comunicar a los pasajeros que hab\u00eda dificultades para aterrizar [&#8230;] Se hizo el silencio en el \u2018Ignacio Aldama\u2019. Algunos, para disimular el nerviosismo, tomaron algunos peri\u00f3dicos y trataron de leer; otros tomaban caf\u00e9 e intentaban concluir con el desayuno que se les hab\u00eda servido a mitad del vuelo. Por fin, en un sitio sobre Poza Rica, el piloto encontr\u00f3 una zona despejada: descendi\u00f3 el avi\u00f3n, gir\u00f3 en semic\u00edrculo y volando debajo de la capa de nubes, enfil\u00f3 al aeropuerto y aterriz\u00f3 sin contratiempos.<\/p>\n<p>\u201cPoco a poco se fueron reuniendo los periodistas y abordaron el autob\u00fas de prensa. La ausencia del Convair y de los compa\u00f1eros que en \u00e9l viajaban, Ileg\u00f3 a intranquilizar. Lo que afuera era bullicio y j\u00fabilo, dentro del autob\u00fas era inquietud cargada de presagios que nadie se atrev\u00eda a exteriorizar.<\/p>\n<p>\u201cPasaron varios minutos cargados de tensi\u00f3n. Muy pocos periodistas se atrev\u00edan a hablar. Por fin lleg\u00f3 [uno de prensa] corriendo hasta el autob\u00fas. Subi\u00f3 y p\u00e1lido, con la voz ahogada por el nerviosismo, grit\u00f3: \u2018iSe estrell\u00f3!\u2019<\/p>\n<p>\u201cHumberto Aranda, joven reportero de <em>El Sol de M\u00e9xico<\/em>, fogueado en las lides reporteriles, llor\u00f3 como un ni\u00f1o; y con \u00e9l lloraron muchos m\u00e1s. Buscaron entre s\u00ed y del doloroso recuento surgieron estos nombres: Falconi, Porras, De los<\/p>\n<p>Santos, Casasola, Rojas, Porrazas, Quiroz, \u2018El Pelos\u2019, Kramsky, Olmedo, Moya, Gonz\u00e1lez, Figueroa, el Chino Ley, Hern\u00e1ndez Barboa.<\/p>\n<p>\u201cPoco despu\u00e9s, los reporteros y fot\u00f3grafos solicitaron veh\u00edculos para trasladarse al lugar del accidente, distante cinco kil\u00f3metros del aeropuerto. Todos estaban invadidos de un vehemente deseo de ayudar, de cerciorarse, de salvar amigos.<\/p>\n<p>\u201cA las 8: 15 horas de ese d\u00eda, Flavio P\u00e9rez, jornalero de un predio agr\u00edcola [lleg\u00f3] al lugar del accidente [y encontr\u00f3] trozos de metal, cad\u00e1veres, grabadoras, c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas, m\u00e1quinas de escribir, \u00e1rboles destrozados y la cola de un avi\u00f3n [&#8230;].<\/p>\n<p>\u201cFot\u00f3grafos, camar\u00f3grafos y reporteros llegaron jadeando hasta los restos del avi\u00f3n. Pocos pudieron soportar la escena. Algunos sacaron fuerzas de flaqueza y ayudaron a la identificaci\u00f3n de las v\u00edctimas. Sobre el herbazal, tendidos, cubiertos por sus propias ropas, estaban quince cuerpos.<\/p>\n<p>\u201c[El candidato arrib\u00f3 y] casi una hora permaneci\u00f3 all\u00ed [&#8230;] Los f\u00e9retros fueron colocados en el avi\u00f3n \u00c9bano, de PEMEX [para su traslado a la capital]. Jes\u00fas Kramsky, \u00fanico sobreviviente, hab\u00eda sido llevado, gravemente herido, al hospital de PEMEX en Poza Rica, en donde los m\u00e9dicos luchaban con denuedo por salvarle la vida. Ten\u00eda fracturas m\u00faltiples en ambas piernas y graves lesiones en la cabeza [&#8230;].<\/p>\n<p>\u201cEn el momento en que estaban llegando los f\u00e9retros a la agencia funeraria [en la Ciudad de M\u00e9xico], y en presencia de don Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n, entonces director-gerente de <em>Tiempo<\/em>, don Julio Scherer Garc\u00eda, entonces director general de <em>Excelsior<\/em>, expres\u00f3: \u2018Mi voz es s\u00f3lo una m\u00e1s entre todas las de la prensa nacional, que se siente consternada por la p\u00e9rdida de un grupo de excelentes trabajadores en plena actividad. Si la muerte siempre es dolorosa, lo es a\u00fan m\u00e1s cuando toca a personas en plenitud, como es en este caso tan lamentable\u2019.<\/p>\n<p>El final de la cr\u00f3nica de Sergio Candelas es conmovedor:<\/p>\n<p>\u201cNo es nada f\u00e1cil hablar o escribir sobre la muerte, cuando con sus v\u00edctimas se ha disfrutado en plenitud de los buenos ratos que da la vida. No se puede tampoco teclear sobre la m\u00e1quina para anotar un nombre -Porras, Falconi, Casasola, Olmedo, Figueroa, Mart\u00ednez, De los Santos- sin que al influjo del recuerdo de grat\u00edsimos momentos se haga un nudo en la garganta y las manos se resistan a continuar con la dolorosa tarea. Olmedo Luna dejar\u00eda inconclusos -a los cuarenta y siete a\u00f1os de edad- los estudios de abogac\u00eda que realizaba en la Universidad para obtener un t\u00edtulo; Rub\u00e9n Porras Ochoa no podr\u00eda disfrutar con sus hijos ni con su esposa -su adorada Margarita- del refugio que hab\u00eda hallado en Catemaco despu\u00e9s de a\u00f1os y a\u00f1os de trabajo, de esfuerzo, de privaciones y de entrega a su profesi\u00f3n; De los Santos no volver\u00eda a digerir -en silencio, porque \u00e9l era muy callado- el sabor de la noticia; Rodolfo Mart\u00ednez dejar\u00eda un profundo vac\u00edo en el periodismo gr\u00e1fico y su risa franca y sus chistes no volver\u00edan a escucharse en el avi\u00f3n o en el autob\u00fas de prensa, hacinado de periodistas que van a cumplir con su deber.<\/p>\n<p>\u201cY las viudas. Y los hijos. Como el menor de Pepe Falconi, que cuando ve\u00eda a su padre en la televisi\u00f3n besaba la pantalla y dec\u00eda: \u2018All\u00ed est\u00e1 mi papacito\u2019. Y las esposas que al t\u00e9rmino de cada viaje iban al aeropuerto y recib\u00edan al reportero con el \u2018\u00bfqu\u00e9 me trajiste?\u2019, o el \u2018\u00a1bendito sea Dios que est\u00e1s con bien!\u2019<\/p>\n<p><strong>www.sanchezdearmas.mx <\/strong><\/p>\n<p><strong>S\u00edgame en redes: <\/strong>@juegodeojos &#8211; www.facebook.com\/JuegoDeOjos\/<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La centuria del expresidente Luis Echeverr\u00eda despert\u00f3 un moderado inter\u00e9s, la edici\u00f3n de un libro y algunos memes. Fue el de LEA un sexenio controvertido, de cambios y transformaciones que siguen pasando por el tamiz del juicio hist\u00f3rico y que no ser\u00eda ocioso volver a repasar. 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