{"id":19013,"date":"2022-05-13T19:50:02","date_gmt":"2022-05-14T00:50:02","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=19013"},"modified":"2022-05-12T14:28:10","modified_gmt":"2022-05-12T19:28:10","slug":"la-bestia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=19013","title":{"rendered":"La Bestia"},"content":{"rendered":"<p>Era un apuesto joven de intensos ojos azules dado a la melancol\u00eda, seductor de mujeres y hombres, que un d\u00eda comenz\u00f3 a perder la vista y dej\u00f3 su vida de molicie en Londres para irse a vivir al Sud\u00e1n.<\/p>\n<p>Gracias a esa decisi\u00f3n no perdi\u00f3 la vista y en los siguientes a\u00f1os se convirti\u00f3 en uno de los m\u00e1s extraordinarios peregrinos y escritores del siglo XX, tan grande como los novelistas de aventuras del XIX, pero a diferencia de muchos de ellos, trotamundos real y no mental.<\/p>\n<p>No hablo de Joseph Conrad, aunque mucho tuvo en com\u00fan con el sin par autor de\u00a0<em>Nostromo.<\/em><em>\u00a0<\/em>Separados por m\u00e1s de un siglo, tienen en su abrevar de la cultura de la\u00a0<em>p<\/em><em>\u00e9<\/em><em>rfida Albi<\/em><em>\u00f3n<\/em>\u00a0un com\u00fan hilo espiritual, aunque como sabemos Conrad naci\u00f3 en Polonia y nuestro personaje, al igual que Byron, vio la primera luz en Sheffield, en el verde coraz\u00f3n de Inglaterra.<\/p>\n<p>Ambos fueron esforzados, obsesivos, vaga<em>mundos.<\/em><em>\u00a0<\/em>Conrad se embarc\u00f3 a los 16 a\u00f1os, luch\u00f3 en Espa\u00f1a en las filas del ej\u00e9rcito de don Carlos, viaj\u00f3 al extremo del mundo de entonces: el archipi\u00e9lago malayo y el r\u00edo Congo. Escribi\u00f3 13 novelas y su pasi\u00f3n amorosa lo llev\u00f3 a las puertas del suicidio.<\/p>\n<p>Chatwin en cambio fue m\u00e1s que navegante,\u00a0<em>caminante<\/em>. Recorri\u00f3 a pie los desiertos de \u00c1frica, las \u00e1ridas extensiones de la Patagonia y los misteriosos eriales australianos en donde el tiempo se detuvo en una \u00e9poca anterior a la memoria del hombre.<\/p>\n<p>Tuvo amores indiscriminados sin que se sepa si alguno le doli\u00f3 como para quitarse la vida. Public\u00f3 seis libros. Al morir, v\u00edctima de la que entonces era una \u201cmisteriosa enfermedad\u201d, hab\u00eda terminado uno con el sugerente t\u00edtulo de\u00a0<em>\u00bf<\/em><em>Qu<\/em><em>\u00e9 <\/em><em>hago yo aqu\u00ed<\/em><em>?<\/em><\/p>\n<p>Con este libro ciment\u00f3 la leyenda que se hab\u00eda forjado a s\u00ed mismo durante a\u00f1os, pues fue, como dijo un impaciente corresponsal de \u201cBabelia\u201d en marzo de 1997, \u201c\u00a1Un se\u00f1or que siempre dejaba pistas falsas!\u201d.<\/p>\n<p>Bruce Chatwin es sin duda una de las personalidades literarias m\u00e1s atractivas de nuestro tiempo, aunque su obra sigue siendo poco conocida en M\u00e9xico. Federico Campbell lo present\u00f3 en una de sus \u201cHoras del lobo\u201d, pero los lectores aztecas de este ingl\u00e9s errante forman un club tan herm\u00e9tico y reducido como en su tiempo fuimos los seguidores americanos de J.R.R. Tolkien.<\/p>\n<p>Los libros de Chatwin no son de f\u00e1cil clasificaci\u00f3n. Uno de sus m\u00e1s conocidos,\u00a0<em>En Patagonia,<\/em>\u00a0acepta muchas lecturas. Es sin duda una novela, pero tambi\u00e9n un diario de viajes, muy cercano, incluso en estilo, a\u00a0<em>Far Away and Long Ago<\/em>\u00a0de William Henry Hudson, el delicioso volumen de recuerdos aparecido en 1918.<\/p>\n<p>De sus viajes por Dahomey y Brasil naci\u00f3\u00a0<em>El virrey de Ouidah<\/em>\u00a0(1980), novela sobre el comercio de esclavos.\u00a0<em>La colina negra<\/em>\u00a0(1982) describe la vida en una granja galesa. Para muchos, la obra m\u00e1s importante de Chatwin es\u00a0<em>La l<\/em><em>\u00ednea de la canci\u00f3n<\/em>\u00a0(1987), libro inclasificable sobre los abor\u00edgenes australianos.\u00a0<em>Utz<\/em>\u00a0(1988) es el retrato de un coleccionista de porcelana de Meissen.<\/p>\n<p>Supongo que en t\u00e9rminos generales se puede decir de su obra que es la memoria de un observador dividida en episodios convencionalmente llamados\u00a0<em>libros<\/em>\u00a0por el resto de los mortales. Tampoco la vida o la personalidad de Bruce puede insertarse en un molde. Chatwin pertenece a un apartado de seres humanos no f\u00e1cilmente\u00a0<em>clasificables.<\/em><\/p>\n<p>Este ingl\u00e9s de Sheffield que naci\u00f3 a las ocho y media de la tarde de un caluroso 13 de mayo del a\u00f1o de Dios 1940 en el seno de una familia de clase media \u201csin pretensiones\u201d, fue con el tiempo un misterio y una revelaci\u00f3n para quienes le rodearon.<\/p>\n<p>Al igual que Tolkien, tuvo una ni\u00f1ez enfermiza. A los nueve a\u00f1os su t\u00edo favorito fue asesinado en alg\u00fan lugar del \u00c1frica Occidental Brit\u00e1nica, extenso territorio en donde hoy se asientan Nigeria, Gambia, Sierra Leona, Benin, Ghana y parte del Camer\u00fan, y esto aviv\u00f3 la imaginaci\u00f3n del muchacho, quien de inmediato se puso a leer todo lo que encontr\u00f3 sobre ese rinc\u00f3n del Imperio.<\/p>\n<p>Su madre se llamaba Margherite y gustaba de confiar a sus amistades que el parto del peque\u00f1o Bruce hab\u00eda sido dif\u00edcil, \u201cpero el beb\u00e9 incre\u00edblemente bello\u201d. Su padre era un abogado tranquilo, juicioso y muy respetado.<\/p>\n<p>La apostura \u2013belleza se dir\u00eda- y una capacidad casi ilimitada, obsesiva, para la conversaci\u00f3n, fueron dos de sus rasgos. Tan distinguido era su porte que naturalmente todos los que trataban con \u00e9l lo asum\u00edan arist\u00f3crata. Este fue el caso de Silvia Lemus, la esposa de nuestro compatriota Carlos Fuentes, seg\u00fan recuerda su bi\u00f3grafo Nicholas Shakespeare.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo las mujeres del pueblo lo encontraban irresistible. La gran escritora y activista Susan Sontag dijo de \u00e9l: \u201cEra asombroso mirarlo. Hay muy pocos en este mundo con una figura tan cautivante y encantadora\u2026 el est\u00f3mago se comprime y el coraz\u00f3n se detiene, pues no estamos preparados para esa imagen. Lo vi en Jack Kennedy y Bruce lo pose\u00eda. No es s\u00f3lo belleza\u2026 es una luminosidad, es algo en la mirada\u2026 y ejerce su fascinaci\u00f3n sobre ambos sexos\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u201cUn ni\u00f1o, un trozo de piel de brontosaurio, una tierra remota\u201d. Con estos elementos se inicia\u00a0<em>En la Patagonia,\u00a0<\/em>el libro con el que Bruce Chatwin debut\u00f3 a los 37 a\u00f1os y con el que alcanzar\u00eda fama de escritor.<\/p>\n<p>Nicholas Shakespeare conoci\u00f3 a Chatwin en Londres en 1982 y es interesante su recuerdo. Lo visit\u00f3 en su estudio de Eaton Place en donde una bicicleta estaba recargada en la pared y un libro de Flaubert tirado el suelo.<\/p>\n<p>\u201cEra m\u00e1s joven de lo que hab\u00eda imaginado, con aspecto de refugiado polaco, anor\u00e9xico, pantalones anchos, pelo gris rubio, ojos azules, facciones afiladas y verbo como navaja [\u2026] No dej\u00f3 de parlotear desde el momento en que ingres\u00e9 a su peque\u00f1a habitaci\u00f3n del \u00e1tico. En minutos me hab\u00eda dado el tel\u00e9fono del rey de la Patagonia, el del rey de Creta, el del heredero del trono azteca y el de un guitarrista de Boston que se cre\u00eda Dios\u201d.<\/p>\n<p>A Chatwin no le gustaba dar entrevistas, pero Shakespeare lo convenci\u00f3 de que participara en una de televisi\u00f3n con el anzuelo de que compartir\u00eda cr\u00e9ditos con Borges. Bruce lleg\u00f3 primero al estudio y cuando vio aparecer al argentino comenz\u00f3 a parlotear sobre sus libros y su obra. \u201c\u00a1Es un genio!\u201d, dijo en voz alta. \u201cNo puede uno salir sin su Borges. Es como empacar el cepillo de dientes\u201d.<\/p>\n<p>Don Jorge Luis, quien avanzaba por el pasillo de la televisora del brazo de Shakespeare, escuch\u00f3, se detuvo, alz\u00f3 un poco el rostro y sin dirigirse a nadie en particular, exclam\u00f3: \u201c\u00a1Qu\u00e9 antihigi\u00e9nico!\u201d<\/p>\n<p>En retrospectiva alguien podr\u00eda decir que era una personalidad mani\u00e1tica, obsesivo-compulsiva. Era muy capaz de dar el primer paso de un viaje que podr\u00eda ser de uno o mil kil\u00f3metros literalmente sin m\u00e1s equipaje que su libreta parisina de hojas gruesas y pastas de piel en donde anotaba en letra min\u00fascula \u2013m\u00e1s peque\u00f1a cuanto m\u00e1s personal era la entrada- sus observaciones sobre todo lo que cruzara su camino.<\/p>\n<p>Me divierte imaginar la sorpresa de un jeque en Benin, de unos alemanes ortodoxos en el sur de Argentina o de una familia de abor\u00edgenes en Queensland al aparec\u00e9rseles este ingl\u00e9s desgarbado en la tienda, en el establo o entre los arbustos y decirles, como si fuera una visita familiar largamente esperada, \u201cHola, soy Bruce Chatwin. \u00bfCharlamos?\u201d<\/p>\n<p>En un art\u00edculo publicado en\u00a0<em>LAWeekly<\/em><em>\u00a0<\/em>en marzo del 2000, Shakespeare recuerda que Joan Didion dijo: \u201cNos contamos cuentos a nosotros mismos para sobrevivir\u201d y cree que esto fue \u201cm\u00e1s cierto para Chatwin que para la mayor\u00eda de nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Cuando le pregunt\u00f3 a Salman Rushdie, \u201c\u00bfQu\u00e9 es esa\u00a0<em>Bestia<\/em>\u00a0que Bruce intenta mantener a raya?\u201d, este respondi\u00f3 con gran agudeza: \u201c<em>La Bestia<\/em>\u00a0es la verdad sobre s\u00ed mismo. La gran verdad que oculta es su verdadera identidad\u201d.<\/p>\n<p>No fue sino hasta sus \u00faltimos meses, cuando enferm\u00f3, que la verdad sali\u00f3 a luz. Diez a\u00f1os despu\u00e9s de una visita al \u00c1frica Occidental, en la tarde del 12 de septiembre de 1986, Bruce fue internado en el pabell\u00f3n de emergencias del Hospital Churchill de Oxford. Su ficha de ingreso s\u00f3lo lo identific\u00f3 como\u00a0<em>escritor de viajes de 46 a\u00f1<\/em><em>os, VIH positivo<\/em>.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles 18 de enero de 1989, a la una y media de la tarde, en la cama del hospital franc\u00e9s en donde estaba internado, Bruce murmur\u00f3: \u201c\u00a1He visto las puertas plateadas del para\u00edso!\u201d, antes de entregar el alma. No hab\u00eda cumplido 50 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Una carroza con cortinas de sat\u00e9n dorado y estrellas azules transport\u00f3 el cuerpo a un crematorio. Sus amigos pidieron a un sacerdote griego ortodoxo que estaba arbitrando un partido de f\u00fatbol que oficiara una misa antes de que los restos del escritor fueran colocados en el horno. Cuando todo termin\u00f3, los integrantes del cortejo f\u00fanebre se fueron a comer.<\/p>\n<p>Durante la cremaci\u00f3n de Chatwin, Salman Rushdie recibi\u00f3 la noticia de que hab\u00eda sido declarado blanco de una\u00a0<em>fatwa.\u00a0<\/em>Fue su \u00faltima aparici\u00f3n p\u00fablica en a\u00f1os.<\/p>\n<p>Tres semanas m\u00e1s tarde Elizabeth Chatwin y Paddy Leigh Fermor llevaron las cenizas de Chatwin a Grecia y las depositaron, con una libaci\u00f3n de vino, al pie de un olivo en el huerto de una capilla bizantina consagrada a San Nicol\u00e1s y almorzaron a la sombra del \u00e1rbol.<\/p>\n<p>As\u00ed encontr\u00f3 reposo aquel hombre de intensos ojos azules, apuesto como gacela y dado a la melancol\u00eda, que recorri\u00f3 a pie los desiertos de \u00c1frica, las \u00e1ridas extensiones de la Patagonia y los misteriosos eriales australianos en donde el tiempo se detuvo en una \u00e9poca anterior a la memoria del hombre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era un apuesto joven de intensos ojos azules dado a la melancol\u00eda, seductor de mujeres y hombres, que un d\u00eda comenz\u00f3 a perder la vista y dej\u00f3 su vida de molicie en Londres para irse a vivir al Sud\u00e1n. 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