{"id":27607,"date":"2023-06-17T19:18:49","date_gmt":"2023-06-18T01:18:49","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=27607"},"modified":"2023-06-17T19:18:49","modified_gmt":"2023-06-18T01:18:49","slug":"mario-vargas-llosa-esta-regresando-a-sartre-2-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=27607","title":{"rendered":"Mario Vargas Llosa est\u00e1 regresando a Sartre (2\/2)"},"content":{"rendered":"<p>Mario Vargas Llosa tiene raz\u00f3n al decir que en s\u00ed misma la pol\u00e9mica Sartre-Camus de 1952 en la revista <em>Les Temps Modernes<\/em> no perme\u00f3 de manera masiva en sectores intelectuales latinoamericanos, pero s\u00ed fue conocida por algunos escritores y referida en textos muy marginales. Inclusive, y ante la oportunidad de la realidad para recuperar posicionamientos y enfoques, el debate en Par\u00eds no tuvo influencia recuperable en una de las pol\u00e9micas m\u00e1s importantes en el \u00e1mbito sudamericano: la literatura y la revoluci\u00f3n en el contexto de la revoluci\u00f3n cubana.<\/p>\n<p>En oto\u00f1o de 1969, la revista uruguaya <em>Marcha<\/em> de Carlos Quijano, con enorme influencia en el sector progresista latinoamericano, abri\u00f3 un debate a partir de un ensayo del escritor colombiano Oscar Collazos sobre el lenguaje, los temas y la realidad latinoamericana en el contexto de la revoluci\u00f3n cubana y su tesis central fue muy sencilla: los escritores deber\u00edan tomar los discursos de Fidel Castro y de Ernesto <em>Che<\/em> Guevara como eje de su tem\u00e1tica, lenguaje y realidad a describir en sus obras. Cuba necesitaba, dec\u00eda la argumentaci\u00f3n, del apoyo solidario de sus intelectuales y no de planteamientos cr\u00edticos.<\/p>\n<p>En ese a\u00f1o el pivote cultural cubano de 1969 a trav\u00e9s de Casa de las Am\u00e9ricas se hab\u00eda encontrado un contexto creativo de lo que ser\u00eda, al comenzar los a\u00f1os setenta, el famoso <em>boom<\/em> editorial impulsado desde Espa\u00f1a y potenciado por obras seminales de una nueva corriente literaria en Iberoam\u00e9rica: las diferentes formas de realismo desde la literatura, con Alejo Carpentier, Julio Cort\u00e1zar, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, entre los m\u00e1s sobresalientes. El dato que se interpret\u00f3 del primer texto de Collazos era que ninguno de esos autores, colocados en la cresta de la ola de la popularidad, reflejaba a la revoluci\u00f3n cubana.<\/p>\n<p>La pol\u00e9mica Sartre-Camus estall\u00f3 en 1952 con un texto cr\u00edtico de Fran\u00e7ois Jensen, miembro del consejo editorial de la revista de Sartre, ante la negativa de \u00e9ste de confrontarse con su amigo. La tesis del ensayo <em>El hombre rebelde<\/em> (1951) mostraba a un Camus con una distancia cr\u00edtica de las revoluciones de la posguerra y, en el contexto, se deslindaba de la tesis sartreana del compromiso del escritor con la realidad que se hab\u00eda difundido en 1948. El debate, que merece a\u00fan muchos ensayos a la distancia, fue entre el intelectual comprometido y el intelectual en modelo Vigny en su torre de marfil. Al reclamo de Camus en una carta-ensayo dirigida al \u201cse\u00f1or director\u201d de <em>Les <\/em><em>Temps<\/em>, Sartre contest\u00f3 con otro ensayo a su \u201cquerido Camus\u201d que reconoc\u00eda desde el principio que por las ideas la amistad entre los dos estaba destinada a romperse.<\/p>\n<p>Los posicionamientos que ilustraron la ruptura de Vargas Llosa con Sartre en los setenta part\u00edan de una comprensi\u00f3n sesgada de las posiciones reales de Camus, luego perfiladas en su texto \u00a0central \u201cCamus y la moral de los l\u00edmites\u201d. Pero el autor de <em>El hombre rebelde<\/em> iba m\u00e1s all\u00e1 del s\u00f3lo posicionamiento cr\u00edtico de las ideolog\u00edas radicales prioritarias y se\u00f1alaba que el debate de las ideas hab\u00eda ca\u00eddo una trampa de la polarizaci\u00f3n, \u201ccada una se apoya, para justificarse en el crimen del otro. Hay ah\u00ed una casu\u00edstica de la sangre en la cual un intelectual, me parece, no puede participar, como no tom\u00e9 el mismo las armas\u201d, como lo recogi\u00f3 en <em>Cr\u00f3nicas Argelinas<\/em> (1958).<\/p>\n<p>Agobiado por la crisis violenta en Argelia, Camus escribi\u00f3 el pr\u00f3logo a ese libro, despu\u00e9s de la pol\u00e9mica sobre <em>El hombre rebelde<\/em>, y dej\u00f3 muy clara su posici\u00f3n: \u201cel papel del intelectual consiste en discernir, en cada campo seg\u00fan sus medios, los l\u00edmites respectivos de la fuerza y de la justicia. Es necesario, pues, iluminar las definiciones para desintoxicar los esp\u00edritus y apaciguar los fanatismos, incluso aunque sea a contracorriente\u201d.<\/p>\n<p>En su ensayo de 1948 <em>Qu\u00e9 es la literatura<\/em>, Sartre defini\u00f3 su tesis de que los escritores deben de comprometerse con su realidad, aunque la llev\u00f3 al extremo que hizo decepcionar a Vargas Llosa, de que\u201d frente a la miseria de la realidad, nada importa <em>La n\u00e1usea<\/em> (1938)\u201d, el primer libro de cuentos con el cual Sartre desperez\u00f3 a los intelectuales que despu\u00e9s de la Segunda Guerra trataban de recuperar sus espacios de autonom\u00eda moral.<\/p>\n<p>Los textos de Vargas Llosa despu\u00e9s de su ruptura con Sartre con el ensayo \u201cAlbert Camus y la moral de los l\u00edmites\u201d en realidad no fueron distantes del enfoque sartreano del compromiso y la literatura de la realidad, aunque tampoco quisieron ser propuestas de cr\u00edtica ideol\u00f3gica a realidades dictatoriales. En este espacio literario destacan sus novelas hist\u00f3ricas: <em>La guerra del fin del mundo<\/em> (1981) sobre la guerra en el Brasil de finales del XIX, <em>La fiesta del chivo<\/em> (2000) sobre la dictadura de Trujillo a finales de los a\u00f1os 50 del siglo XX, <em>El para\u00edso en la otra esquina<\/em> (2003) sobre el pintor Gauguin en Tahit\u00ed, <em>El sue\u00f1o del Celta<\/em> (2010) sobre el ingl\u00e9s Casement que denunci\u00f3 la dictadura colonial inglesa del Congo de entre siglos, y <em>Tiempos recios<\/em> (2019) sobre el golpe de Estado en Guatemala en 1964.<\/p>\n<p>Quedan para las revisiones de especialistas las referencias al <em>aire<\/em> sartreano de sus tres primeras novelas seminales: <em>La ciudad y los perros<\/em> (1964), <em>La casa verde<\/em> (1967) y <em>Conversaci\u00f3n en La Catedral<\/em> (1969). De toda la novel\u00edstica del peruano-espa\u00f1ol, sin duda que <em>Conversaci\u00f3n en La Catedral<\/em> ser\u00eda la m\u00e1s pol\u00edtica en aires sartreanos, pero al mismo tiempo la m\u00e1s propositiva en t\u00e9rminos de estructura literaria con referentes de Faulkner.<\/p>\n<p>A los 87 a\u00f1os, Vargas Llosa ha adelantado una pr\u00f3xima novela sobre el vals peruano <em>\u00bfUn champancito, hermanito?<\/em> que el periodista peruano Fernando Lozano ha detectado que viene de un art\u00edculo de Vargas Llosa de agosto de 1983 (<em>Piedra de Toque I<\/em>, Obras Completas IX, Galaxia Gutenberg, p\u00e1gs. 1367-1371): la referencia a la <em>huachafer\u00eda<\/em>, una caracterizaci\u00f3n especial peruana en el comportamiento social muy compleja de entender, una especie de subclase cultural, pero bien pudiera ser algo parecido a la b\u00fasqueda de lo mexicano de Octavio Paz (<em>El laberinto de la soledad<\/em>, 1950) en el <em>pachuco<\/em> o clase social aut\u00f3noma colocada entre la clase pobre y la clase rica, siempre en actitud de rebeld\u00eda.<\/p>\n<p>En este contexto de una vida intelectual muy viva en el rumbo a los 90 a\u00f1os, Vargas Llosa podr\u00eda estar encontrando, en la madurez, una explicaci\u00f3n a su referente intelectual, literario, de personaje pol\u00e9mico y debatiente. Lo escribi\u00f3 en el contexto de la muerte de Sartre: \u201cpor Sartre nos tapamos los o\u00eddos para no escuchar, en su debido momento, la elecci\u00f3n pol\u00edtica de Camus, pero en cambio, gracias y a Sartre y <em>Les Temps Modernes<\/em> nos abrimos camino a trav\u00e9s de la complejidad del caso palestino-israel\u00ed que no resultaba desgarrador\u201d.<\/p>\n<p>Como Mao en el retiro pol\u00edtico regresando a Confucio, Mario Vargas Llosa podr\u00eda estar regresando a Sartre y ojal\u00e1 no nos quede debiendo una relectura del personaje que lo forj\u00f3, para bien y para mal, como intelectual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del peri\u00f3dico que la publica.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"mailto:carlosramirezh@elindependiente.com.mx\"><em>carlosramirezh@elindependiente.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/elindependiente.com.mx\"><em>http:\/\/elindependiente.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n<p><em>@carlosramirezh<\/em><\/p>\n<p>Canal YouTube: <a href=\"https:\/\/youtube.com\/@el_independiente\">https:\/\/youtube.com\/@el_independiente<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Vargas Llosa tiene raz\u00f3n al decir que en s\u00ed misma la pol\u00e9mica Sartre-Camus de 1952 en la revista Les Temps Modernes no perme\u00f3 de manera masiva en sectores intelectuales latinoamericanos, pero s\u00ed fue conocida por algunos escritores y referida en textos muy marginales. 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