{"id":38960,"date":"2026-03-28T07:56:57","date_gmt":"2026-03-28T13:56:57","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=38960"},"modified":"2026-03-30T07:57:58","modified_gmt":"2026-03-30T13:57:58","slug":"la-amante-maldita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=38960","title":{"rendered":"\u201cLA AMANTE MALDITA\u201d\u00a0"},"content":{"rendered":"<p>Autor. Hugo Hel\u00ed Hern\u00e1ndez S.<\/p>\n<p>PRIMERA PARTE<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Dicen que todos los pueblos tienen una maldici\u00f3n, pero debemos saber que tambi\u00e9n, dentro de las maldiciones, existen niveles y fuerzas. En Puerto Moderno, una ciudad a tan solo cuatrocientos kil\u00f3metros del Puerto de Salem, Massachusetts, el aire siempre ha sido un conductor de secretos. En 1702, la hegemon\u00eda pertenec\u00eda a los Anderson, una dinast\u00eda inglesa que dominaba el horizonte. Due\u00f1os de flotas que mov\u00edan bacalao seco, madera y pieles hacia el viejo continente, los Anderson no solo pose\u00edan oro; pose\u00edan el tiempo de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 El patriarca decidi\u00f3 que su legado necesitaba un monumento. Orden\u00f3 construir una mansi\u00f3n frente a las costas de Puerto Moderno, sobre un acantilado donde el salitre golpeaba con furia. Era una construcci\u00f3n conservadora pero imponente: fachadas de un marr\u00f3n caf\u00e9 tierra que recordaba a la ra\u00edz del roble, y marcos en las ventanas de un azul oscuro, tan profundo que a veces se confund\u00eda con el mar antes de una tormenta. Aquella casa colindaba, por un capricho del destino o de la geograf\u00eda, con un terreno bald\u00edo que a\u00f1os despu\u00e9s se convertir\u00eda en el Cementerio Climboot.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Silvia Anderson era la mayor de cuatro hermanos y el verdadero cerebro tras el imperio familiar. Era una mujer de una inteligencia afilada y una \u00e9tica de trabajo inquebrantable, pero pose\u00eda una cualidad que la distanciaba de la frialdad de sus hermanos: era profundamente m\u00edstica. Silvia cre\u00eda en las energ\u00edas de la luna, en el poder de las hierbas y en que el mar guardaba las almas de los marineros perdidos. Llevaba siempre un dije de obsidiana y susurraba oraciones al viento antes de que sus barcos zarparan. Silvia que con el paso de los a\u00f1os, se convirti\u00f3 la due\u00f1a de esas tierras, incluida la casa, y siendo la \u00fanica administradora por as\u00ed haberlo decidido el patriarca de la familia Anderson.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Apareci\u00f3 entonces Emmanuel, un hombre llegado de Salem con modales de seda y una fortuna que solo exist\u00eda en sus palabras. Emmanuel era un depredador de la psique; estudi\u00f3 a Silvia con la precisi\u00f3n de un cart\u00f3grafo. Sab\u00eda que para conquistarla no deb\u00eda deslumbrarla con joyas, sino con una supuesta humildad y una conexi\u00f3n espiritual fingida. Se hizo pasar por un plebeyo de buena cuna, un alma sensible que comprend\u00eda el misticismo de Silvia.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Pero mientras en el lecho le juraba amor eterno, en las tabernas de Puerto Moderno Emmanuel sembraba el veneno. Aprovechando el terror que a\u00fan humeaba en Salem por los juicios de brujer\u00eda, comenz\u00f3 a susurrar que la riqueza de los Anderson no ven\u00eda del trabajo, sino de pactos oscuros.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -,C\u00f3mo creen que sus barcos nunca se hunden? \u2014dec\u00eda entre tragos de ron\u2014. Silvia Anderson baila bajo la luna mientras ustedes rezan en la iglesia. Ella es quien trae la mala pesca y las fiebres.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La ambici\u00f3n de Emmanuel era simple: eliminar a la heredera y reclamar la fortuna a trav\u00e9s de un testamento manipulado. Logr\u00f3 convencer a las seis familias m\u00e1s influyentes del puerto de que la \u00abbruja\u00bb deb\u00eda ser erradicada antes de que la ira de Dios cayera sobre ellos como ocurri\u00f3 en Salem. Emmanuel sembr\u00f3 pruebas: mu\u00f1ecas de trapo con agujas bajo la cama de Silvia, libros en idiomas desconocidos y frascos con sangre de animal en su estudio.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La noche del linchamiento, el fr\u00edo de 1702 calaba como cuchillos. Seis hombres, representantes de los apellidos que luego llenar\u00edan las tumbas de Climboot, irrumpieron en la casa de los marcos azules.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Encontraron a Silvia en su estudio, mirando el mar. No hubo juicio, no hubo abogado \u2014un ir\u00f3nico contraste con el Will que llegar\u00eda siglos despu\u00e9s\u2014. La arrastraron por los pasillos de madera caf\u00e9, mientras ella buscaba con ojos desesperados a Emmanuel, quien observaba desde la sombra de un marco azul, con una sonrisa g\u00e9lida.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 El linchamiento fue brutal. La golpearon con las mismas herramientas que ella usaba para la log\u00edstica de su empresa, y mientras la soga quemaba su cuello frente a la ventana que daba al mar, Silvia no grit\u00f3 de miedo, sino de rabia.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 Con el \u00faltimo aliento de sus pulmones, mientras su rostro se tornaba del color de los marcos de su casa, lanz\u00f3 su sentencia:<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u2014Ustedes, que usan mi casa como pat\u00edbulo, no conocer\u00e1n el descanso. Y t\u00fa, Emmanuel, que vendiste mi amor por oro, ser\u00e1s el primero en ver c\u00f3mo el fuego que intentas encender en mi nombre devora todo lo que amas.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a1Maldigo esta tierra! Que los hijos de sus hijos jueguen con la muerte en mi jard\u00edn, y que nadie que entre en esta casa salga con el alma completa!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Silvia muri\u00f3, pero sus ojos permanecieron abiertos, fijos en Emmanuel.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 Aquella noche, el azul de los marcos pareci\u00f3 brillar con una luz enferma. Las seis familias se repartieron el bot\u00edn, pero la casa qued\u00f3 marcada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La justicia de los hombres es de papel, pero la de la sangre es de hierro. Tras la muerte de Silvia, Emmanuel descubri\u00f3 que el imperio de los Anderson no era una fruta f\u00e1cil de cosechar.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La familia, desde sus despachos en Londres y Boston, despleg\u00f3 una legi\u00f3n de abogados \u2014hombres de la estirpe legal que siglos despu\u00e9s representar\u00eda Will\u2014 que despedazaron las pretensiones del impostor.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Emmanuel no obtuvo las flotas, ni los muelles, ni las cuentas de oro en Europa. Se qued\u00f3 \u00fanicamente con la c\u00e1scara del fruto: la casa de los marcos azules y los terrenos bald\u00edos que la rodeaban.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Para el pueblo, Emmanuel era un viudo tr\u00e1gico. Para la realidad, era un saqueador frustrado que decidi\u00f3 reconstruir su mentira.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 A\u00f1os despu\u00e9s, se cas\u00f3 con Candy, una mujer de cabellos dorados como el trigo y una gentileza que parec\u00eda iluminar los rincones sombr\u00edos de la mansi\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 De esa uni\u00f3n naci\u00f3 Richard, un ni\u00f1o que hered\u00f3 la belleza de su madre y, lamentablemente, la sangre maldita de su padre.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La tragedia se activ\u00f3 el d\u00eda en que Emmanuel, hurgando en los dobles fondos de un armario que Silvia hab\u00eda protegido con sellos espirituales, encontr\u00f3 la joya: un colgante de obsidiana envuelto en seda negra. Lo que \u00e9l no sab\u00eda es que esa pieza no era un adorno, sino un recept\u00e1culo de protecci\u00f3n. Silvia la hab\u00eda bendecido contra las envidias; la joya estaba vinculada a su linaje, y cualquier extra\u00f1o que la portara sin su bendici\u00f3n atraer\u00eda sobre s\u00ed una degeneraci\u00f3n lenta y despiadada.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Emmanuel, en un gesto de amor emponzo\u00f1ado, le regal\u00f3 el colgante a Candy.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Es para que brilles m\u00e1s que ella \u2014le susurr\u00f3 al o\u00eddo.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El declive no fue inmediato, fue una erosi\u00f3n. Primero, Candy empez\u00f3 a perder el equilibrio; sus manos, antes diestras para el bordado, empezaron a temblar como hojas al viento. Los m\u00e9dicos de Massachusetts llegaron en carruajes, pero ninguno entend\u00eda por qu\u00e9 su motricidad se desvanec\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La mente de Candy permanec\u00eda l\u00facida, atrapada en un cuerpo que se marchitaba, convirti\u00e9ndose poco a poco en una estatua de carne.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 El horror se duplic\u00f3 cuando Richard cumpli\u00f3 diecis\u00e9is a\u00f1os. El joven, que deb\u00eda ser el heredero de la nueva dinast\u00eda, comenz\u00f3 a arrastrar los pies. La misma enfermedad extra\u00f1a y degenerativa que consum\u00eda a su madre empez\u00f3 a apagarlo a \u00e9l. Emmanuel, viendo c\u00f3mo su esposa y su hijo se convert\u00edan en seres vegetales que solo pod\u00edan comunicarse a trav\u00e9s de miradas llenas de agon\u00eda, comprendi\u00f3 finalmente que no era una enfermedad, sino un cobro.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Pasaba las noches en vela, escuchando el crujido de la madera caf\u00e9 de la casa. Sent\u00eda que Silvia caminaba por los pasillos, no con ira, sino con una paciencia infinita, esperando a que el fruto podrido cayera por su propio peso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La fortuna que Emmanuel tanto ambicion\u00f3 se esfum\u00f3 en tratamientos in\u00fatiles y cuidadores que hu\u00edan despavoridos de la casa.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Qued\u00f3 solo, en la miseria, alimentando con caldos claros a los dos seres que amaba y que ahora eran prisioneros de su propio sistema nervioso.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Una madrugada de noviembre, bajo una luna de plata vieja, Emmanuel tom\u00f3 una decisi\u00f3n final. Subi\u00f3 a Candy y a Richard a una vieja carreta.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Sus cuerpos, r\u00edgidos y silenciosos, pesaban como el plomo de la culpa. Condujo hasta el risco m\u00e1s alto de Puerto Moderno, un acantilado donde las piedras filosas de la costa parec\u00edan colmillos de gigante esperando el banquete.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0No hubo palabras de despedida. Emmanuel se coloc\u00f3 entre ambos, abraz\u00f3 los cuerpos inertes de su esposa y su hijo, y se lanz\u00f3 al vac\u00edo. El estallido contra las rocas fue silenciado por el rugido del mar. All\u00ed quedaron los cuerpos, triturados por el oc\u00e9ano, extinguiendo para siempre la dinast\u00eda de Emmanuel.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La joya de obsidiana, sin embargo, nunca fue encontrada entre los restos. Dicen que regres\u00f3 sola a la casa de los marcos azules, esperando en el polvo de la habitaci\u00f3nprincipal a que otro habitante tuviera la osad\u00eda de reclamar lo que no le pertenec\u00eda.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Fue tras este evento que el pueblo, horrorizado por el \u00absuicidio de los inocentes\u00bb, decidi\u00f3 que la tierra alrededor de la casa estaba definitivamente maldita. El terreno colindante fue bendecido y entregado formalmente para el descanso de los muertos, naciendo as\u00ed el Cementerio Climboot.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>SEGUNDA PARTE<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 El c\u00edrculo de sangre que Silvia Anderson traz\u00f3 con su \u00faltimo aliento tard\u00f3 siglos en cerrarse, pero la justicia de las sombras es paciente. Tras la erradicaci\u00f3n de la estirpe de Emmanuel, la maldici\u00f3n se volvi\u00f3 contra los ejecutores: las seis familias que lideraron el linchamiento.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La degeneraci\u00f3n no fue solo f\u00edsica, sino espiritual. Sus descendientes nac\u00edan con marcas en el cuello o mor\u00edan en accidentes inexplicables: carruajes que volcaban en caminos llanos, incendios que brotaban de la nada en sus graneros. Fue un m\u00edstico de las artes oscuras quien, viendo el rastro de ceniza en sus linajes, les dio la \u00fanica salida: \u2014\u201cV\u00e1yanse. Esta tierra reconoce su olor y los quiere bajo ella. Distribuyan su culpa por el pa\u00eds o no quedar\u00e1 un solo ni\u00f1o con su apellido\u201d.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Las seis familias huyeron, diluy\u00e9ndose en la vastedad de los Estados Unidos. Pero la tierra tiene memoria magn\u00e9tica. Generaciones despu\u00e9s, el olvido \u2014ese gran aliado del destino\u2014 hizo que los descendientes regresaran. Atra\u00eddos por una extra\u00f1a nostalgia y por documentos antiguos que hablaban de propiedades en un puerto olvidado, los Steward, los Newton y las otras cuatro estirpes volvieron a Puerto Moderno.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 La suerte pareci\u00f3 sonre\u00edrles al principio, una \u00absuerte\u00bb que no era m\u00e1s que el cebo de una trampa. Los Steward (padres de Harry) prosperaron con el calzado; los Newton (padres de George) se hicieron de oro con el camar\u00f3n. No sab\u00edan que estaban engordando el ganado para el sacrificio.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Sucedi\u00f3 poco despu\u00e9s de Acci\u00f3n de Gracias. El aire de Puerto Moderno se volvi\u00f3 denso, como si el tiempo se hubiera detenido en 1702. En un lapso de apenas seis horas, la casa de los marcos azules, que durante d\u00e9cadas fue un cascar\u00f3n vac\u00edo, cobr\u00f3 una vida ilusoria. No era magia blanca; era el mal de Silvia transform\u00e1ndose en el deseo m\u00e1s profundo de cada ni\u00f1o.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Lucas y Harry caminaban por el acantilado cuando vieron, asomado por una de las ventanas de marco azul, a su \u00eddolo del b\u00e9isbol. El hombre les hizo una se\u00f1a, prometi\u00e9ndoles una pelota firmada por las leyendas de la liga. Los ni\u00f1os, con el coraz\u00f3n saltando de emoci\u00f3n, cruzaron el umbral sin dudar.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Grace e Isabella, siempre de la mano, vieron la mansi\u00f3n engalanada para un picnic de ensue\u00f1o. Las mesas de la cocina desbordaban mofinsreci\u00e9n horneados y panqu\u00e9s con aroma a vainilla que inundaba el jard\u00edn. Entraron riendo, directas a la cocina, donde el calor empezaba a ser sospechosamente alto.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 George y Jimena fueron atra\u00eddos por el destello de luces de ne\u00f3n. En el sal\u00f3n principal, juraron ver m\u00e1quinas de pinball de los ochenta, con sus sonidos el\u00e9ctricos y colores vibrantes invit\u00e1ndolos al juego m\u00e1s largo de sus vidas.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Una vez que los seis estuvieron dentro, la ilusi\u00f3n se evapor\u00f3. La puerta principal se sell\u00f3 con un estruendo que no fue humano. De las paredes de madera caf\u00e9 empez\u00f3 a brotar un aceite negro que prendi\u00f3 espont\u00e1neamente. No fue un cortocircuito, fue el odio de Silvia convertido en plasma. El fuego no buscaba quemar r\u00e1pido; buscaba el p\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Los ni\u00f1os murieron asfixiados por un humo negro que sab\u00eda a salitre y azufre. Sus cuerpos quedaron repartidos por la mansi\u00f3n: unos en el armario, otros bajo la mesa de la cocina, otros frente a las m\u00e1quinas invisibles. Todos, absolutamente todos, fueron encontrados con los ojos abiertos, de un azul vidrioso, como si en el \u00faltimo segundo hubieran visto a la mujer de 1702 se\u00f1al\u00e1ndoles con el dedo.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Tras la tragedia, el pueblo se hundi\u00f3 en un silencio sepulcral. Fue entonces cuando una figura ajena a los linajes malditos apareci\u00f3: Jessica Baenz. Ella no era una v\u00edctima, era una conocedora. Con pasos firmes y protegida por ritos de los que Will solo hab\u00eda le\u00eddo en libros prohibidos, entr\u00f3 en la mansi\u00f3n calcinada.<\/p>\n<p dir=\"auto\">Jessica no buscaba oro. Fue directo al nicho oculto tras la chimenea y extrajo la joya de obsidiana. Al tocarla, la mansi\u00f3n pareci\u00f3 suspirar. Jessica cerr\u00f3 los ojos y estableci\u00f3 una tregua mental con el ente que a\u00fan flotaba en el ambiente.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Ya est\u00e1 hecho, Silvia \u2014susurr\u00f3 Jessica\u2014. El equilibrio se ha restaurado. Los \u00faltimos nombres de la lista han sido tachados. Tu sed de venganza ha sido saciada con la inocencia que te arrebataron. Yo ser\u00e9 la custodia de esta piedra; me aseguro de que nadie m\u00e1s profane tu nombre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Solo alguien con un conocimiento real de las artes oscuras y la simulaci\u00f3n del alma podr\u00eda haber salido viva de all\u00ed. Jessica entend\u00eda que el mal no se destruye, solo se equilibra. Con la joya en su poder, la oscuridad de la casa se apacigu\u00f3. La mansi\u00f3n ya no era un faro de odio, sino un monumento al recuerdo.<\/p>\n<p dir=\"auto\">Esa tarde, por primera vez en siglos, el sol de Puerto Moderno no quem\u00f3, sino que entibi\u00f3 las calles.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Jessica se retir\u00f3 del pueblo con la joya en el pecho, dejando atr\u00e1s un cementerio que empezaba a recibir a sus nuevos inquilinos peque\u00f1os.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 El sol ca\u00eda sobre Puerto Moderno con una calidez desconocida, una que no quemaba la piel ni tra\u00eda consigo el olor a rancio de las flores marchitas. Sentado al volante de su camioneta vieja, una Ford de los a\u00f1os setenta con el motor roncando como un animal cansado, el Se\u00f1or Willobservaba el horizonte a trav\u00e9s del parabrisas agrietado.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Nox, el gato negro, estaba ovillado en el asiento del copiloto, con sus ojos de azufre fijos en una figura que caminaba por la carretera principal, alej\u00e1ndose del pueblo. Era Jessica Baenz. A lo lejos, el brillo de la joya de obsidiana en su cuello capt\u00f3 la \u00faltima luz de la tarde.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Will baj\u00f3 la ventanilla y apoy\u00f3 su brazo curtido en el marco de la puerta. Al hacerlo, el sol golpe\u00f3 directamente su mano derecha, haciendo destellar un anillo de plata vieja que siempre llevaba consigo. En el centro del anillo, engastada con la precisi\u00f3n de un artesano, hab\u00eda una peque\u00f1a piedra de obsidiana, id\u00e9ntica en esencia a la que Jessica se llevaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Como antiguo abogado experto en legados y pensiones, Will sab\u00eda que toda deuda, por antigua que fuera, terminaba por cobrarse. Su anillo no era un trofeo, era un contrato de tregua.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00c9l, que hab\u00eda pasado su vida luchando por la justicia de los vivos, entend\u00eda ahora la justicia de los muertos. La peque\u00f1a piedra en su dedo vibr\u00f3 sutilmente, una se\u00f1al de que la presencia de Silvia Anderson en la casa de los marcos azules finalmente se hab\u00eda replegado hacia el silencio.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 -El equilibrio, Nox \u2014susurr\u00f3 Will, mientras acariciaba la piedra de su anillo\u2014. Al final, todos los registros cuadran.<\/p>\n<p dir=\"auto\">Vio a Jessica perderse en la curva del camino. Ella llevaba la carga de la maldici\u00f3n para proteger al pueblo; \u00e9l se quedaba para cuidar las consecuencias. El sacrificio de los seis ni\u00f1os hab\u00eda sido el \u00faltimo pago de una deuda de sangre que comenz\u00f3 en 1702.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Will puso la camioneta en marcha. Los neum\u00e1ticos crujieron sobre la grava del cementerio Climboot mientras regresaba a su caba\u00f1a.<\/p>\n<p dir=\"auto\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Sab\u00eda que, aunque el sol hubiera salido para Puerto Moderno, el juego del escondite entre las tumbas seguir\u00eda existiendo en el eco del viento, pero ya no como una condena, sino como un recordatorio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Engran\u00f3 la primera marcha y avanz\u00f3 lentamente. El peso de su anillo de obsidiana le recordaba que \u00e9l era el \u00fanico notario de esa paz. En el espejo retrovisor, la casa de los marcos azules se ve\u00eda, por primera vez en siglos, como una simple construcci\u00f3n de madera y vidrio, vac\u00eda de odio, esperando que el tiempo terminara de convertirla en polvo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autor. Hugo Hel\u00ed Hern\u00e1ndez S. PRIMERA PARTE \u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Dicen que todos los pueblos tienen una maldici\u00f3n, pero debemos saber que tambi\u00e9n, dentro de las maldiciones, existen niveles y fuerzas. En Puerto Moderno, una ciudad a tan solo cuatrocientos kil\u00f3metros del Puerto de Salem, Massachusetts, el aire siempre ha sido un conductor de secretos. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":50,"featured_media":8608,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"class_list":["post-38960","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulistas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38960","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/50"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=38960"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38960\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":38961,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/38960\/revisions\/38961"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8608"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=38960"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=38960"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=38960"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}