{"id":5682,"date":"2021-05-07T23:55:29","date_gmt":"2021-05-08T04:55:29","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=5682"},"modified":"2021-05-08T00:21:40","modified_gmt":"2021-05-08T05:21:40","slug":"sentimentalismo-frente-a-racionalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=5682","title":{"rendered":"Sentimentalismo frente a Racionalidad"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Mar\u00eda M\u00e9ndez<\/strong><\/p>\n<p>\u201c<em>A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea<\/em>. As\u00ed escribi\u00f3 Virginia Woolf en su Diario\u201d (Jos\u00e9 Antonio Marina, \u201cEl laberinto sentimental\u201d, Anagrama 2020.Introducci\u00f3n). \u201dSomos inteligencias emocionales. Nada nos interesa m\u00e1s que los sentimientos, porque en ellos consiste la felicidad o la desdicha\u201d (Idem, Contraportada).<\/p>\n<p>Sin duda los sentimientos son muy importantes. Pero en ellos no encontraremos la luz que gu\u00eda hacia la felicidad, como parece sugerir la cita anterior. Confiar s\u00f3lo en los sentimientos supone abandonar el camino de los valores, el \u00fanico que lleva a la deseada felicidad.<\/p>\n<p>Dicho de otra manera. Distingamos entre libertad positiva y libertad vulgar.<\/p>\n<p>Libertad positiva es la capacidad de hacer el bien o el mal. Cumplir con un valor \u00e9tico o violarlo. Sin duda, tambi\u00e9n somos libres frente a los valores est\u00e9ticos. Pero \u00e9stos no presentan problema, No hay propiamente antivalores est\u00e9ticos. Si dos juegan al ajedrez, uno gana y otro pierde. Pero ambos se han enriquecido igualmente al vivir el valor est\u00e9tico del juego.<\/p>\n<p>La libertad positiva en \u00e9tica se suele oponer a libertad negativa, o con qu\u00e9 acci\u00f3n concreta hacemos el bien o el mal. Pero, desde una perspectiva distinta, aqu\u00ed intentamos contraponerla a libertad vulgar.<\/p>\n<p>Describamos esta \u00faltima. Con un sentimiento muy sincero solemos amar la libertad desconectada de los valores y su deber-ser. Ansiamos la ausencia de barreras o impedimentos a nuestra acci\u00f3n. Que yo pueda hacer lo que quiera,\u00a0<em>lo que me d\u00e9 la gana<\/em>, en castizo. Que nadie ponga trabas a mi conducta.\u00a0<em>Prohibido prohibir<\/em>, como rezaba la consigna de la Revoluci\u00f3n estudiantil de 1968. Mis impulsos son lo \u00fanico que cuenta. No hay valores que con su deber-ser condicionen mi acci\u00f3n desde fuera.<\/p>\n<p>En esto consiste el sentimiento que aqu\u00ed denominamos\u00a0<em>libertad vulgar<\/em>. No es propiamente un concepto que designe una realidad objetiva existente. No puede siquiera existir una libertad desconectada de los valores. La libertad vulgar s\u00f3lo existe dentro de nosotros mismos como un sentimiento subjetivo. Es lo que siente en su coraz\u00f3n el que grita en la plaza p\u00fablica\u00a0<em>\u00a1Viva la libertad!<\/em><\/p>\n<p>En lo que sigue, si aparece la palabra<em>\u00a0libertad<\/em>\u00a0sin adjetivo detr\u00e1s, se entiende que nos referimos a esta libertad vulgar o desconectada de los valores.<\/p>\n<p>En cambio, lo que s\u00ed existe objetivamente es la libertad positiva. La libertad es inseparable de los valores. Va en la definici\u00f3n misma de libertad positiva como capacidad de crear\u00a0<em>ex nihilo<\/em>\u00a0el bien o el mal.<\/p>\n<p>Comprobamos que es as\u00ed en el primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador, el que abre la puerta del lenguaje. Implica a la vez la libertad positiva y la percepci\u00f3n del valor de la verdad. Una frase compuesta materialmente de sujeto y predicado (SP) es formalmente afirmada (+SP), o negada (-SP). Una de las dos fraseses verdadera y la otra falsa. La libertad positiva aparece aqu\u00ed como la capacidad de optar por una o por otra, decir la verdad o mentir. Estamos ante lo m\u00e1s elemental en l\u00f3gica. El valor aqu\u00ed en cuesti\u00f3n es nada menos que la Verdad, con may\u00fascula. Sobre la libertad positiva pesa la obligaci\u00f3n de adherirse a la verdad y rechazar la falsedad.<\/p>\n<p>La palabra\u00a0<em>verdad<\/em>\u00a0presenta la misma dificultad que ya vimos a prop\u00f3sito de\u00a0<em>libertad<\/em>. De suyo se extiende a la vida est\u00e9tica. Pero podemos dejar este aspecto de lado. Propiamente, no hay una culpable falsedad est\u00e9tica en el mismo sentido que hay una culpable falsedad \u00e9tica: mentira, enga\u00f1o, calumnia, perjurio, etc. En est\u00e9tica s\u00f3lo hay carencia de habilidad, falta de gracia,\u00a0<em>maladresse<\/em>. Nunca hay culpa.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, es obligatoria la verdad de que los valores est\u00e9ticos no son obligatorios. Tan obligatoria como la verdad de que los valores \u00e9ticos son obligatorios. La Verdad en s\u00ed misma es siempre obligatoria.<\/p>\n<p>En consecuencia, la libertad vulgar choca desde el principio con el hecho del lenguaje. Quiere poner en igualdad de condiciones las dos frases\u00a0<em>la nieve es blanca<\/em>\u00a0y<em>\u00a0la nieve es negra<\/em>. Pretende ser igualmente libre ante la verdad y la falsedad. Si eso fuera cierto, el pensamiento y el lenguaje se har\u00edan imposibles. Por tanto, el valor omnipresente de la Verdad condiciona de modo obligatorio a la libertad positiva desde el inicio mismo del pensar y del hablar. Somos culpables si optamos por la falsedad\u00a0<em>la nieve es negra<\/em>.<\/p>\n<p>Para los valores \u00e9ticos, que tambi\u00e9n son obligatorios, usamos las expresiones<em>\u00a0el Bien<\/em>,\u00a0<em>la Bondad<\/em>\u00a0o\u00a0<em>lo bueno<\/em>. Para los valores est\u00e9ticos o no obligatorios se suele emplear la palabra\u00a0<em>Belleza<\/em>. As\u00ed pues, la Verdad obligatoria engloba tanto al Bien obligatorio como a la Belleza no obligatoria.<\/p>\n<p>En todo caso, el gran error consiste en guiarse por el sentimentalismo subjetivo en vez de por la racionalidad objetiva del valor que engloba todo, la Verdad. En la medida en que el sentimentalismo prevalece sobre la racionalidad, se est\u00e1 reduciendo el ser humano a un animal que ni piensa, ni habla, ni es libre frente a los valores.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s asombroso es que este asunto siga vivo, cuando debiera estar muerto, y bien muerto. El problema te\u00f3rico ha sido resuelto de manera definitiva por el primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador.<\/p>\n<p>Por ejemplo, es obvio que un perrito casero tiene sentimientos y afectos. Ladra triste si su amo le deja solo en casa, y ladra alegre cuando regresa. Cualquiera que oiga los ladridos se da cuenta de lo que ocurre, aunque no vea la escena. Alegr\u00eda y tristeza son emociones que algunos animales superiores comparten con el hombre.<\/p>\n<p>Lo que no puede hacer el perrito casero es ladrar al rev\u00e9s. Ladrar triste cuando vuelve su amo y alegre cuando le deja solo en casa. No posee el primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador. No puede enga\u00f1ar al que oye los ladridos y no ve la escena. Tiene sentimientos, pero no tiene lenguaje. Y por lo mismo ni piensa, ni es libre en sentido positivo, ni capaz de percibir la verdad o la falsedad.<\/p>\n<p>Somos humanos en la medida en que nuestra raz\u00f3n emerge sobre nuestras emociones, sobre todo impulso ciego a la Verdad y proveniente de nuestra psique. Si la palabra\u00a0<em>humanismo<\/em>\u00a0tiene alg\u00fan sentido, es precisamente \u00e9ste. Y por lo mismo, nos rebajamos a la condici\u00f3n de infra-humanos en la medida en que damos preferencia a nuestras emociones en perjuicio de nuestra racionalidad. Nos acercamos a los animales, que tienen sentimientos, pero carecen de racionalidad y lenguaje.<\/p>\n<p>Otra cosa es que en este complej\u00edsimo tema de la psique humana no podamos ir m\u00e1s all\u00e1. Saber de qu\u00e9 manera nuestros sentimientos se conectan con nuestros pensamientos es una tarea imposible. Es meterse en el \u201claberinto sentimental\u201d, en la feliz expresi\u00f3n de Marina. Un laberinto en el que muchos entran, pero nadie sale. Basta leer el Ap\u00e9ndice del libro de Marina (Pag. 253), con su extensa bibliograf\u00eda, para convencerse de que tambi\u00e9n \u00e9l se ha perdido en el laberinto.<\/p>\n<p>Dejemos, pues, este inextricable embrollo de la conexi\u00f3n entre psique y raz\u00f3n a poetas, dramaturgos y novelistas, los que describen la conducta humana sin pretensiones de teorizar. S\u00f3lo tenemos acceso a la corteza, al exterior visible, sin llegar nunca al meollo del asunto, o sea, la conexi\u00f3n misteriosa entre cuerpo y esp\u00edritu. Por otra parte, cada persona es \u00fanica en la Historia universal, como no se cansaba de repetir Unamuno.<\/p>\n<p>Vayamos, pues, a lo que est\u00e1 claro para todos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 nos haya ocurrido alguna vez que nos han presentado a alguien que de entrada nos resulta antip\u00e1tico.\u00a0<em>Nos cae mal<\/em>, como se suele decir. Eso ocurre en nuestra psique, en nuestro cuerpo. Pero con el trato nuestro esp\u00edritu va descubriendo en esa persona valores, que nosotros estimamos como tales. Nos empieza a ser atrayente. Acaba suscitando en nosotros una amistad, que al final prevalece sobre la antipat\u00eda inicial. La racionalidad acaba imponi\u00e9ndose sobre el sentimentalismo.<\/p>\n<p>Probablemente tambi\u00e9n hemos vivido el caso contrario. Alguien nos resulta muy atrayente de entrada.\u00a0<em>Nos cae bien<\/em>. Nos encanta su trato. Pero cuando le vamos conociendo mejor, descubrimos en su conducta antivalores que nos repelen. Tambi\u00e9n prevalece aqu\u00ed a la larga la racionalidad sobre el sentimentalismo. Acabamos por distanciarnos de esa persona.<\/p>\n<p>Estos ejemplos no prueban nada. Los hemos presentado \u00fanicamente para ilustrar la tesis previa de que nos hacemos verdaderamente humanos en la medida en que en nuestra vida prevalece la racionalidad sobre el sentimentalismo. Y nos deshumanizamos en la medida en que ocurre lo contrario. En las relaciones humanas, la percepci\u00f3n de objetivos valores y antivalores acaba ordinariamente por imponerse sobre las instintivas simpat\u00edas o antipat\u00edas al comenzar el trato con alguien.<\/p>\n<p>Terminemos con otra frase de Virginia Woolf\u00a0<em>A veces retumba en m\u00ed como un trueno el sentimiento de la total inutilidad de mi vida<\/em>\u00a0(disponible en Internet). No se puede describir mejor el vac\u00edo que nos espera, si entregamos nuestra vida a la sola libertad vulgar y nos olvidamos de la Verdad obligatoria, y del Bien obligatorio que viene detr\u00e1s. Intentamos alcanzar la felicidad al margen de la Verdad y del Bien. Pero nos topamos con un inmenso vac\u00edo. Virginia Woolf acab\u00f3 suicid\u00e1ndose porque puso el sentimentalismo por encima de la racionalidad.<\/p>\n<p><em>A sensu contrario<\/em>\u00a0debi\u00e9ramos concluir que la Verdad y el Bien son los fines objetivos de la existencia humana, lo que da sentido a nuestra presencia en este mundo. Estamos aqu\u00ed para cumplir con el deber-ser obligatorio. Tambi\u00e9n con la Belleza, por supuesto. Pero como su deber-ser no es obligatorio, sino s\u00f3lo recomendable, no surge problema alguno. Los medievales dec\u00edan que la \u00e9tica nos obliga\u00a0<em>semper et pro semper<\/em>\u00a0y la est\u00e9tica\u00a0<em>semper sed non pro semper<\/em>.<\/p>\n<p>En resumen, la verdadera felicidad la encontraremos en los valores objetivos y no en los sentimientos subjetivos.<\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en elimparcial.es<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda M\u00e9ndez \u201cA la gente le gusta sentir. Sea lo que sea. As\u00ed escribi\u00f3 Virginia Woolf en su Diario\u201d (Jos\u00e9 Antonio Marina, \u201cEl laberinto sentimental\u201d, Anagrama 2020.Introducci\u00f3n). \u201dSomos inteligencias emocionales. Nada nos interesa m\u00e1s que los sentimientos, porque en ellos consiste la felicidad o la desdicha\u201d (Idem, Contraportada). 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