{"id":6432,"date":"2021-05-28T23:53:48","date_gmt":"2021-05-29T04:53:48","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=6432"},"modified":"2021-05-29T02:55:27","modified_gmt":"2021-05-29T07:55:27","slug":"maruja-marujita-o-marunica-mallo-ya-es-una-leyenda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=6432","title":{"rendered":"Maruja, \u201cMarujita\u201d o \u201cMar\u00fanica\u201d Mallo, ya es una leyenda"},"content":{"rendered":"<div title=\"noticia 226274\">\n<h1 class=\"titulo\"><strong style=\"color: #222222; font-family: Verdana, Geneva, sans-serif; font-size: 15px;\">Roberto Alifano<\/strong><\/h1>\n<\/div>\n<div id=\"textoNoticia\" class=\"texto\">\n<div id=\"NF\"><\/div>\n<p>\u201c<em>El mi\u00e9rcoles tendremos paella. Se ruega concurrir sin frac, en ropa de entrecasa, con ganas de conversar y, sobre todo, con buen apetito. No se excluye el aporte de una botella de vino para alegrar el alma<\/em>\u201d. Firmado Mar\u00fanica Mallo. Tal era la invitaci\u00f3n que nos hac\u00eda llegar en un cartoncito, acompa\u00f1ado con un dibujo coloreado por su diestra mano, a quienes \u00e9ramos sus amigos. Y en su departamento, que tambi\u00e9n era el estudio, su \u201calma taller\u201d (la expresi\u00f3n pertenece al escultor L\u00edbero Badii), nos recib\u00eda siempre alegre, agradecida y encantadora con su voz de trino de calandria. As\u00ed era Maruja Mallo, Marujita o \u201cMar\u00fanica\u201d (como la hab\u00eda rebautizado el siempre precursor Pablo Neruda), tan amada y respetada por toda la gente del arte en Buenos Aires.<\/p>\n<p>Dicharachera, amable y hereje, blasfematoria y emancipada voluntariamente de un mundo que se alteraba con su arrolladora personalidad y su est\u00e9tica transgresora, \u201c<em>la brujita joven<\/em>\u201d (tildada as\u00ed cari\u00f1osamente por Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna), fue capaz de cortar de un solo tajo las cuerdas de la hegemon\u00eda conservadora que pretend\u00edan reducirla a las labores dom\u00e9sticas; haci\u00e9ndose, sobre todo, un merecido espacio en el seminal tumulto del arte del siglo XX, hasta llegar a convertirse en una de las m\u00e1s representativas figuras de la \u201c<em>Generaci\u00f3n del 27<\/em>\u201d, y en uno de los grandes exponentes internacionales del surrealismo figurativo, cuya obra nada tiene que envidiar a la de Ren\u00e9 Magritte o Ybes Tanguy.<\/p>\n<p>Sin embargo, su nombre -todav\u00eda injustamente- es el menos celebrado entre todos ellos. No s\u00e9, tal vez porque el mundo que hoy vivimos, excesivamente intercomunicado por la magia del internet, sigue siendo demasiado primitivo para aceptar a una libertaria gallega, indiscutible artista, caracterizada siempre por un continuo ir y venir, con grandes, apasionados amores y amor\u00edos, y, como buena surrealista, continuos deslumbramientos e ideas desorbitadas, definitivamente encrespadoras para la \u00e9poca que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>Con el nombre de Ana Mar\u00eda G\u00f3mez Gonz\u00e1lez, fue bautizada en Viveiro, un Municipio de la provincia de Lugo, el 5 de enero de 1902. Su familia (compuesta por trece hermanos), en 1913 se traslad\u00f3 desde el pueblo familiar hacia Avil\u00e9s, y desde all\u00ed, ella parti\u00f3 en procura de otro destino en 1922. Lo hizo rumbo a un Madrid enfervorizado contra la inquietante renovaci\u00f3n de los valores \u00e9ticos y g\u00e9neros art\u00edsticos, aferrada a los usos sociales m\u00e1s anticuados y decadentes. Ante el horror de muchos, fue matriculada en la\u00a0<em>Academia de Bellas Artes de San Fernando<\/em>\u00a0(\u201c<em>la primera mujer<\/em>\u201d, se ufanaba abriendo grandes los ojos), donde curs\u00f3 estudios hasta 1926. En las aulas de la academia coincidi\u00f3 con Salvador Dal\u00ed (\u201c<em>mi loco y amado amigo de toda la vida<\/em>\u201d), del que se hizo \u00edntima y que \u00e9l rebautiz\u00f3 con el hipocor\u00edstico de \u201cMarujita\u201d, y, a su vez, le present\u00f3 al resto de los componentes de la portentosa\u00a0<em>Residencia de Estudiantes<\/em>, donde destacaban los nombres de Federico Garc\u00eda Lorca (que la presentaba como \u201c<em>mi hermanita menor<\/em>\u201d y, quiz\u00e1, de \u00e9l surgi\u00f3 la sugerencia de usar el apellido que portaba su padre don Justo G\u00f3mez Mallo), Luis Bu\u00f1uel y Rafael Alberti, que no demor\u00f3 en perder la cabeza por ella, y le dedic\u00f3 luego el pol\u00e9mico romance\u00a0<em>La primera ascensi\u00f3n de Maruja Mallo al subsuelo<\/em>, considerado por ella menos un celebratorio poema que el \u201c<em>mamarracho de un despechado resentido que quiso enlodarme\u00a0<\/em>\u201d. \u00a1Ah, con la pasi\u00f3n amorosa cuando se desbarata!<\/p>\n<p><em>T\u00fa,<\/em><\/p>\n<p><em>t\u00fa que bajas a las cloacas<\/em><\/p>\n<p><em>donde las flores m\u00e1s flores son ya unos tristes salivazos<\/em><\/p>\n<p><em>sin sue\u00f1os<\/em><\/p>\n<p><em>y mueres por las alcantarillas<\/em><\/p>\n<p><em>que desembocan a las verbenas (\u2026)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Hace ya 100.000 siglos que pienso en que t\u00fa eres m\u00e1s t\u00fa cuando te acuerdas del barro<\/em><\/p>\n<p><em>y una teja aturdida se deshace contra tus pies para predecir otra muerte.<\/em><\/p>\n<p><em>El espanto que suben esos ojos deformados por las aguas que envenenan al ciervo fugitivo<\/em><\/p>\n<p><em>es la \u00fanica raz\u00f3n que expone mi esqueleto para pulverizarse junto al tuyo (\u2026)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aquellos a\u00f1os 30\u2019, el amor al apuesto gal\u00e1n-poeta-pintor Rafael Alberti los llev\u00f3 a sintetizarse en dos que eran uno solo. Ambos estamparon los decorados de\u00a0<em>Santa Casilda\u00a0<\/em>y<em>\u00a0La p\u00e1jara Pinta<\/em>, y escribieron la edici\u00f3n de\u00a0<em>Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos\u00a0<\/em>y en el grotesco<em>\u00a0Sermones y moradas<\/em>; todas, divertidas ocurrencias de los insipientes surrealistas espa\u00f1oles. En esa \u00e9poca, Maruja ser\u00e1 una de las que encabecen el movimiento pl\u00e1stico y po\u00e9tico m\u00e1s sorprendente y transgresor de Espa\u00f1a. La relaci\u00f3n creativa de Maruja y Rafael, como ya se\u00f1alamos, fue tan pr\u00f3spera a nivel art\u00edstico, que durante el tiempo que dur\u00f3 el romance, la trayectoria de ambos aparece definitivamente relacionada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dal\u00ed, por su lado, la defini\u00f3 como \u201c<em>mitad marisco y mitad \u00e1ngel<\/em>\u201d. Ahora bien, aunque nos asombre, la vida de Maruja Mallo fue, en s\u00ed misma, una incongruencia (perm\u00edtaseme la expresi\u00f3n y explico). La Espa\u00f1a que la vio nacer no estaba preparada para una mujer de tal calibre, tan libre e independiente como ella. No solo revulsiva en el vivir, en el hablar y en el pintar, sino en toda ella; en su persona que era motivo de asombro, indignaci\u00f3n y persignaciones cuando se presentaba abundantemente maquillada y con ropa extravagante ante una sociedad mojigata incapaz de no escandalizarse ante sus provocaciones. Aunque a ella, obviamente, poco o nada le importaba. Su pecado original -lo sab\u00eda muy bien- era ser libre y su gran talento, el de romper con todos los esquemas y convenciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante esos a\u00f1os, le presentaron a Ortega y Gasset que se perturb\u00f3 con su personalidad y ante la revelaci\u00f3n de aquella pintura de sobresalto y tropiezo, temeraria por d\u00f3nde se la viera. Cuando Ortega hab\u00eda admitido que entrara en su Olimpo, era, sin duda, porque se hab\u00eda dado cuenta que la muchacha gallega era un aporte positivo de los tiempos nuevos que se nos ven\u00edan encima y que \u00e9l reflejaba en su ya demasiada famosa\u00a0<em>Revista de Occidente<\/em>. Pues all\u00ed estaba la gran artista, \u201c<em>la brujita joven<\/em>\u201d, de Ram\u00f3n, la \u201c<em>Mar\u00fanica<\/em>\u201d, de Pablo, pintora empe\u00f1osa, peque\u00f1ita, con ojos de mirada de lince, la cabeza como una veleta de inesperados giros, apretada su aguile\u00f1a nariz a la barbilla como un gorri\u00f3n orgulloso de su nido de formas y colores.<\/p>\n<p>Maruja, Marujita o Mar\u00fanica junto a un amor secreto, tal vez clandestino, hab\u00eda visto la alegr\u00eda de las cosas y de las personas en una vecina Plaza Mayor del alto valle de Lozoya, a la vera del r\u00edo, y hab\u00eda retratado esa alegr\u00eda de caripintados cuerpos de maniqu\u00ed y verbenas, con la rutilancia que adquir\u00edan las cosas bajo la luz de su agrietante laboratorio pl\u00e1stico, envolvente de ambiente pueblerino, girando a su alrededor, y que ella transformaba en atemorizante creaci\u00f3n est\u00e9tica. Aquella pintura, sostenida de opulentos caballeros, entrecruzados con escandalosas mujeres de ocasi\u00f3n, hab\u00eda nacido tambi\u00e9n de la romer\u00eda de la Pradera de San Isidro, donde ten\u00eda otro taller, muy escueto, punto de partida de la Espa\u00f1a emprendedora, trashumante, reconquistada y reconquistadora.<\/p>\n<p>Hacia principio de 1930, Maruja Mallo expuso en los salones de la\u00a0<em>Revista de Occidente<\/em>\u00a0por invitaci\u00f3n de Ortega, que la present\u00f3 y lleg\u00f3 a confesar que \u201c<em>la admiraba hasta las l\u00e1grimas<\/em>\u201d. No era para menos. Las desenfadadas an\u00e9cdotas de la Mallo y sus compinches ya formaban parte de la historia del surrealismo espa\u00f1ol. Pues un d\u00eda, con Dal\u00ed, Lorca y Margarita Manso visitaron el monasterio de Silos, pero como la entrada estaba prohibida a las mujeres, ella y la Manso, se pusieron las chaquetas de los hombres como pantalones, y as\u00ed, \u201c<em>Aceptaron nuestra entrada al recinto sagrado como promotores de un travest\u00edsmo a la inversa<\/em>\u201d, explic\u00f3 el ocurrente Dal\u00ed. \u201c<em>Humor pre-punk<\/em>\u201d, llamar\u00edan luego al objeto de tal profunda e incontenible broma.<\/p>\n<p>Luego viene lo mejor porque para Maruja, Marujita o Mar\u00fanica, el ma\u00f1ana se le abr\u00eda ahora como una propuesta firme hacia su m\u00e1s all\u00e1 creativo. Le proponen viajar a Par\u00eds y se asombra y emociona. Quiz\u00e1 Ortega haya tenido mucho que ver en esto. La invitaci\u00f3n tiene el patrocinio de la\u00a0<em>Junta de Ampliaci\u00f3n de Estudios<\/em>, que ahonda en Espa\u00f1a bajo la influencia del movimiento revulsivo de Andr\u00e9 Breton. Y all\u00ed, en Montmartre, conocer\u00e1 al gran y generoso Breton (quien le compra un cuadro titulado\u00a0<em>Espantap\u00e1jaros<\/em>\u00a0que le permitir\u00e1 vivir con comodidad una larga temporada en la Ciudad Luz, y relacionarse con Mir\u00f3, Picasso, De Chirico y Magritte.<\/p>\n<p>A partir de esta temporada en Par\u00eds, rompe con cierto estilo de sus obras iniciales donde recrea escenas populares. Pasa a pintar figuras sombr\u00edas que reflexionan sobre los putrefactos suburbios madrile\u00f1os y aterriza en el surrealismo m\u00e1s inquietante, que ya marcar\u00e1 para siempre su creaci\u00f3n y su propia existencia.<\/p>\n<p>Definitivamente consagrada retorna a su entra\u00f1able Espa\u00f1a y expone sus obras en Barcelona. No demora en comprometerse con los ideales de la Segunda Rep\u00fablica. Seg\u00fan Pablo Neruda, en su madrile\u00f1a \u201ccasa de las flores\u201d conoce al gran amor de su vida, el revolucionario aedo Miguel Hern\u00e1ndez, con quien mantiene la m\u00e1s apasionada relaci\u00f3n amorosa. Los poemas de\u00a0<em>Imagen de tu huella<\/em>, incluidos en\u00a0<em>El rayo que no cesa<\/em>, est\u00e1n inspirados en la seductora Maruja, Marujita o Mar\u00fanica.<\/p>\n<p><em>Pas\u00f3 el amor, la luna, entre nosotros<\/em><\/p>\n<p><em>y devor\u00f3 los cuerpos solitarios.<\/em><\/p>\n<p><em>Y somos dos fantasmas que se buscan<\/em><\/p>\n<p><em>y se encuentran lejanos.<\/em><\/p>\n<p><em>El amor ascend\u00eda entre nosotros<\/em><\/p>\n<p><em>como la luna entre las dos palmeras<\/em><\/p>\n<p><em>que nunca se abrazaron (&#8230;)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El ansia de ce\u00f1ir movi\u00f3 la carne,<\/em><\/p>\n<p><em>esclareci\u00f3 los huesos inflamados,<\/em><\/p>\n<p><em>pero los brazos al querer tenderse murieron en los brazos.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La ca\u00edda del Gobierno Republicano la sorprende en Galicia y de all\u00ed pasa a Portugal sola, porque su Miguel, hecho prisionero, no llegar\u00e1 jam\u00e1s, y donde, por mediaci\u00f3n de otra de sus queridas amigas, Gabriela Mistral, que entonces era embajadora de Chile en Lisboa, logra embarcarla a Buenos Aires, la ciudad donde dio comienzo un extra\u00f1amiento forzado que le ayud\u00f3, parad\u00f3jicamente, a dar a conocer su pintura no s\u00f3lo en la Argentina, sino tambi\u00e9n en Chile, Brasil y los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Buenos Aires la deslumbra. Como sus amigos G\u00f3mez de la Serna y Ortega y Gasset, ve en esta ciudad el gran centro de la cultura de Sudam\u00e9rica. Se vincula en un primer momento al ambiente teatral, colaborando como decoradora de algunas obras, gracias a la generosidad de su compatriota Gori Mu\u00f1oz. Victoria Ocampo, ser\u00eda otra de sus benefactoras y mejores amigas; tambi\u00e9n los hermanos Borges, Guillermo de Torre, Luis Seoane, Arturo Cuadrado y Lorenzo Varela (estos tres \u00faltimos art\u00edfices de la\u00a0<em>Editorial Botella al Mar<\/em>).<\/p>\n<p>En 1939 public\u00f3\u00a0<em>Lo popular en la pl\u00e1stica espa\u00f1ola a trav\u00e9s de mi obra<\/em>\u00a0y empeza a pintar retratos femeninos que recuerdan los del\u00a0<em>Pop-Art<\/em>. Hecho que la lleva a viajar a Nueva York para conocer a Andy Warhol, que le auspicia una exposici\u00f3n en una galer\u00eda de Manhattan. En 1945, vive menos en Buenos Aires y sus apariciones menguan igual que sus exposiciones. El s\u00edndrome del exilio hace mella en una pintora que nunca dej\u00f3 de ser una intelectual compleja y profunda. En 1962, Maruja Mallo, Marujita o Mar\u00fanica, regresa a Espa\u00f1a tras 25 dilatados a\u00f1os de exilio, pero su vida p\u00fablica es poco relevante, aunque mantiene su vieja colaboraci\u00f3n como ilustradora de la\u00a0<em>Revista de Occidente<\/em>.<\/p>\n<p>De regreso a Buenos Aires es celebrada por sus apreciados amigos de siempre, los poetas y escritores Ra\u00fal Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, Hip\u00f3lito Paz, Le\u00f3n Benar\u00f3s y Edmundo Guibourg, por los pintores Manuel Mora\u00f1a, Leopoldo Presas, Antonio Berni, A\u00edda Carballo, L\u00edbero Baddi, Ernesto Farina, Enrique Sobisch, Carlos Torrallardona y el marchand Frans Van Riel. Expone en una galer\u00eda de la calle Florida y el reconocimiento de la cr\u00edtica es un\u00e1nime. Manuel Mujica Lainez, por entonces cr\u00edtico de arte del diario\u00a0<em>La Naci\u00f3n<\/em>, escribe sobre ella, celebrando la calidad perene de su obra. Es la gran representante mujer del surrealismo en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Tampoco demora en convertirse en una gran viajera. Acompa\u00f1ada de sus pinceles y sus cuadros visita Chile, donde expone y donde tengo el gusto de reencontrarla; luego lo hace en M\u00e9xico y en los Estados Unidos. Eso s\u00ed, no abandona nunca su \u201calma-taller\u201d de Buenos Aires, la ciudad que ama con todo su coraz\u00f3n y cuando est\u00e1 \u201c<em>en casa<\/em>\u201d, como le gusta decir, nos agasaja una vez al mes con su exquisita paella. Casi hasta el final de sus d\u00edas llega aqu\u00ed y parte hacia Madrid, o Chile, o M\u00e9xico, o los Estados Unidos. En la ciudad trasandina con Carlos Fuentes presentamos un libro con sus pinturas.<\/p>\n<p>En 1983, por fin y como corresponde se le empieza a hacer justicia en su patria. Es doblemente reconocida por el gobierno socialista de Espa\u00f1a que le concede la\u00a0<em>Medalla de Oro al M\u00e9rito de las Bellas Artes\u00a0<\/em>y el premio de\u00a0<em>Artes Pl\u00e1sticas de la Comunidad de Madrid<\/em>. La \u00faltima surrealista viva visit\u00f3 aquel a\u00f1o la\u00a0<em>Feria de Arco<\/em>, donde fue homenajeada. Seg\u00fan su acompa\u00f1ante, al ver las colas de espectadores, pregunt\u00f3 sorprendida: \u201c\u00bf<em>Hombre, es esto afici\u00f3n al arte o ganado suelto<\/em>?\u201d.<\/p>\n<p>La vejez, que certeramente calific\u00f3 el novelista Philip Roth de \u201c<em>una masacre<\/em>\u201d, le jug\u00f3 una mala pasada. La admirada e incomparable Maruja Mallo, o Marujita, o Mar\u00fanica, muri\u00f3 con 93 a\u00f1os el 6 de febrero de 1995 en una cl\u00ednica geri\u00e1trica donde llevaba ingresada casi diez a\u00f1os.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Alifano \u201cEl mi\u00e9rcoles tendremos paella. 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