{"id":6692,"date":"2021-06-04T23:56:06","date_gmt":"2021-06-05T04:56:06","guid":{"rendered":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=6692"},"modified":"2021-06-05T00:37:50","modified_gmt":"2021-06-05T05:37:50","slug":"mas-sobre-la-inteligencia-artificial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/indicadorpolitico.com.mx\/?p=6692","title":{"rendered":"M\u00e1s sobre la inteligencia artificial"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Mar\u00eda M\u00e9ndez<\/strong><\/p>\n<p>El pasado d\u00eda de San Jorge, 23 abril 2021, algunas librer\u00edas en Madrid y Barcelona pusieron a disposici\u00f3n de los clientes un sistema de inteligencia artificial (IA), llamado Instantomatic, capaz de construir microrrelatos, escritos o hablados.<\/p>\n<p>Como siempre que sale este tema, surge la duda de si un robot podr\u00e1 ser en el futuro tan inteligente, o m\u00e1s, que el ser humano. Sobre este tema publiqu\u00e9 ya el art\u00edculo Patra\u00f1as sobre la inteligencia artificial (07\/05\/20).<\/p>\n<p>En aquel trabajo puse el acento en que un ordenador, por potente que sea, ser\u00e1 siempre una m\u00e1quina. Nunca llegar\u00e1 a ser un viviente con iniciativa propia. Se podr\u00e1 desmontar la m\u00e1quina en sus elementos y luego recomponerla. Y la m\u00e1quina volver\u00e1 a funcionar. Pero eso no ocurrir\u00e1 nunca con un ser vivo. Si lo despiezamos, muere para siempre.<\/p>\n<p>Ser vivo es condici\u00f3n sine qua non para ser inteligente. O al menos eso es lo que ocurre en nuestro mundo. Una m\u00e1quina carece de iniciativa propia, al contrario que un viviente. Cualquier ordenador, por potente que sea, siempre tendr\u00e1 una tecla para encender-apagar. No se enciende por s\u00ed mismo. Se le puede programar para que se encienda autom\u00e1ticamente en ciertas circunstancias. Pero hay que especificarle cu\u00e1les son \u00e9stas. Nunca empezar\u00e1 a trabajar por propia iniciativa. Desde fuera del ordenador alguien ha de apretar la tecla encender-apagar. La iniciativa estar\u00e1 siempre en el usuario, y en \u00faltimo t\u00e9rmino en el programador-constructor.<\/p>\n<p>En cambio, un ver vivo posee ese misterioso \u00e9lan vital, que se enciende una sola vez con el nacimiento y s\u00f3lo se apaga con la muerte. Mientras estamos vivos, la tecla en cuesti\u00f3n est\u00e1 siempre encendida, incluso cuando dormimos.<\/p>\n<p>El salto desde la materia inerte a la vida ocurri\u00f3 excepcionalmente en la Tierra entre los millones de planetas que orbitan alrededor de millones de estrellas. Se calcula que ese hecho ocurri\u00f3 a pesar de tener una probabilidad en contra de 1040.000. (Cfr. \u201cOrigenes\u201d, Robert Saphiro, Salvat 1994, Pag. 119). La idiocia humana brilla al m\u00e1ximo cuando ponemos en \u00f3rbita naves espaciales en busca de extra-terrestres, con una probabilidad en contra de 1080.000 . Y lo hacemos justo cuando la probabilidad a favor de encontrar hambrientos en este mundo es de 100. Y no digamos cuando nos quieren vender la promesa de que fabricaremos en nuestros laboratorios, no ya un ser vivo, sino hasta inteligente.<\/p>\n<p>Con todo, hagamos una concesi\u00f3n extraordinaria. Concedamos que hemos construido un ordenador dotado de vida, con la tecla encender-apagar siempre encendida. Esta concesi\u00f3n extraordinaria la hacemos justo para enfatizar que queda pendiente el salto que viene a continuaci\u00f3n, y que es a\u00fan m\u00e1s extraordinario. Hemos de justificar el paso siguiente desde un ser vivo hasta el ser inteligente, desde un animal incapaz del lenguaje hasta la persona capaz del pensamiento y dotada de libertad positiva. En aquel art\u00edculo anterior el segundo salto estaba ya aludido al comparar una IA-m\u00e1quina con una persona.<\/p>\n<p>Intentemos ahora poner de relieve la diferencia entre vida y persona. En el software del Big Bang estaba ya programada toda la informaci\u00f3n necesaria para que, al cabo de millones de a\u00f1os, y precisamente en el planeta Tierra, coincidieran las 40.000 condiciones sine qua non para que surgiese la vida. Y concedamos que la misma imponente haza\u00f1a est\u00e1 tambi\u00e9n a nuestro alcance. Lo que interesa ahora es captar la envergadura que entra\u00f1a el segundo salto desde la vida animal hasta el esp\u00edritu pensante y volente.<\/p>\n<p>La formalizaci\u00f3n de la l\u00f3gica por Frege y Peano nos facilita lo suficiente para abordar con rigor este tema. Ser persona es poseer el primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador. Como ya insinuado, ser persona implica a la vez dos cosas: la libertad positiva y la percepci\u00f3n del valor de la verdad. Una frase compuesta materialmente de sujeto y predicado (SP) es formalmente afirmada (+SP), o por el contrario negada (-SP). Supongamos que una de las dos frases es verdadera y la otra falsa, pues podr\u00edan ser las dos falsas. La libertad positiva aparece entonces como la capacidad de optar por una o por otra, decir la verdad o mentir. Estamos ante lo m\u00e1s elemental en l\u00f3gica.<\/p>\n<p>En consecuencia, est\u00e1 prohibido en l\u00f3gica poner en igualdad de condiciones las dos frases la nieve es blanca y la nieve es negra. No somos igualmente libres ante la verdad y la falsedad. Si eso fuera cierto, el pensamiento y el lenguaje se har\u00edan imposibles. Por tanto, el valor de la Verdad condiciona de modo obligatorio nuestra libertad positiva desde el inicio mismo del pensar y del hablar. Somos culpables si optamos por la falsedad la nieve es negra. Es nuestro primer deber \u00e9tico aceptar que la frase la nieve es blanca es la verdadera.<\/p>\n<p>Digamos lo mismo de otra manera. Es obvio que un perrito casero tiene sentimientos y afectos. Ladra triste, si su amo le deja solo en casa. Y ladra alegre cuando regresa. Cualquiera que oiga los ladridos se da cuenta de lo que ocurre, aunque no vea la escena. Alegr\u00eda y tristeza son emociones que algunos animales superiores comparten con el hombre.<\/p>\n<p>Lo que no puede hacer el perrito casero es ladrar al rev\u00e9s. Ladrar triste cuando vuelve su amo, y alegre cuando le deja solo en casa. No posee el primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador. No puede enga\u00f1ar al que oye los ladridos. Tiene sentimientos, pero no tiene lenguaje. Y por lo mismo ni piensa, ni es libre en sentido positivo, ni es capaz de percibir la verdad o la falsedad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, una vez hecha la extraordinaria concesi\u00f3n antes mencionada, la asignatura pendiente ser\u00eda conseguir que el perrito casero ladre al rev\u00e9s. Mientras no alcancemos eso, no habremos logrado que la inteligencia artificial haya llegado al nivel de lo humano. Si un animal est\u00e1 recostado y empieza a correr, no crea algo de la nada. Simplemente reconduce hacia alguna parte las energ\u00edas latentes en su \u00e9lan vital. Pero lo propio de la libertad positiva de la persona es que crea el bien y el mal ex nihilo. Y topamos con la primera encrucijada entre el bien y el mal cuando de entrada hemos de escoger entre la verdad obligatoria y la falsedad prohibida.<\/p>\n<p>El hombre crea a partir de la nada la verdad o la falsedad de lo que afirma. Justo por eso el hombre es enteramente responsable del mal o del bien que hace. A nadie distinto de \u00e9l puede echar la culpa, si es que hizo el mal. Tampoco nadie puede arrebatar al hombre su m\u00e9rito, si es que hizo el bien. Por tanto, nada menos que la libertad positiva es lo que habr\u00eda que dar al perrito casero, para ascenderlo al nivel de<\/p>\n<p>persona humana. Pues ya antes hemos concedido gratuitamente que un ordenador ha ascendido al nivel de perrito casero.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo m\u00e1s que podr\u00edamos dar al ordenador ascendido a ser vivo, es la pasividad de la obediencia a nuestra voluntad. El cliente dir\u00e1 al Instantomatic escribe un cuento de hadas. Y el aparato lo har\u00e1. Pero eso no es todav\u00eda haber llegado al nivel humano. S\u00f3lo sabr\u00edamos que hemos conseguido ponerle al nivel humano, si el aparato respondiese no quiero. Pero el admirable Instantomatic, que se exhibe en las librer\u00edas de Madrid y Barcelona no llega a tanto.<\/p>\n<p>Sin duda, los potentes ordenadores actuales hacen proezas mec\u00e1nicas que est\u00e1n fuera de nuestro alcance. Y por eso nos asombran tanto y nos inspiran tanta reverencia. Sin embargo, no llegar\u00e1n nunca a la libertad positiva que distingue a la persona. Siempre les faltar\u00e1 la capacidad de decir no me da la gana. Esto no lo dir\u00e1 nunca el perrito casero, y mucho menos el ordenador super-potente o IA-m\u00e1quina que nuestros voluntariosos ingenieros inform\u00e1ticos postulan como candidato a inteligencia artificial.<\/p>\n<p>Las probabilidades en contra de construir un ser vivo a partir de la materia inerte se estiman, como antes dicho, en 1040.000. El salto siguiente, o sea, las probabilidades en contra de construir una persona a partir de un animal vivo podemos estimarlas en 10alef 0. Con alef 0 me refiero a los infinitos actuales de Cantor. Son un absurdo (Cfr. mi art\u00edculo Patra\u00f1as de Cantor y G\u00f6del, 22\/05\/20). Pero vienen aqu\u00ed como anillo al dedo para enfatizar adecuadamente que s\u00f3lo Dios es capaz de dar el segundo salto que nos ocupa en este art\u00edculo: otorgar a un animal los operadores l\u00f3gicos, la capacidad de razonar y a la vez la libertad positiva, o sea, convertirlo en persona capaz de decir no quiero. Ese milagro ocurri\u00f3 por primera vez con Ad\u00e1n y Eva. Y por m\u00e1s que nos sorprenda, sigue ocurriendo actualmente con cualquier cigoto humano que empieza a existir.<\/p>\n<p><strong>Presidente de la Asociaci\u00f3n Estudios de Axiolog\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en elimparcial.es<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda M\u00e9ndez El pasado d\u00eda de San Jorge, 23 abril 2021, algunas librer\u00edas en Madrid y Barcelona pusieron a disposici\u00f3n de los clientes un sistema de inteligencia artificial (IA), llamado Instantomatic, capaz de construir microrrelatos, escritos o hablados. 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