Sheinbaum. Hacia el segundo año

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El panorama de gobierno para la presidenta Sheinbaum no ha sido fácil y el segundo año de su mandato no promete serlo. Hay diversas dificultades que ameritan remarcarse por plantear escenarios complejos de los cuales depende, en mucho, una gestión medianamente razonable.
Las relaciones con Estados Unidos con su variable comercial revisando el T-Mec programado para 2026 –el mismo que nos estrangula aun si estuviera intocado y no lo está, porque Trump es un violador de sus preceptos– no aligera la carga; antes bien, complica todo en un escenario de combate al crimen organizado, el sostener ingresos que permitan financiar programas sociales necesarios, independientemente de si suponen o presuponen un sesgo electoral; y reta este segundo año crear bases solidas que el actual gobierno las requiere igual que Morena como gobierno, las cuales permitan apoyar las elecciones intermedias de 2027 en que Morena habrá de refrendar, quiérase o no, el juicio inapelable de las urnas.
Las relaciones con EE.UU. no dependen solo del gobierno mexicano –y es correcto alertar de una interdependencia en América del Norte– y como estamos a la defensiva y a expensas de las ocurrencias del botarate que vive en la Casa Blanca, ergo ni podemos fiarnos ni tenerlo por amigo ni nada que edulcore o apacigüe nuestras inquietudes, todas fundadas.
Narcotizada ya la agenda comercial de por sí dependiente México en un 80 % del mercado yanqui –López Obrador señaló que el T-MEC era un base de desarrollo– nos coloca en una vulnerabilidad que la estamos viendo y padeciendo al amparo al proteccionismo aplicado por Trump –con pocas opciones de reducir el 80 % de dependencia comercial en las condiciones en que siempre nos hemos movido frente a ellos y estará en vilo permanentemente esa relación comercial por la inversión extranjera que apela a nuestra incapacidad de crear más empleos propios y, de paso, buscara nuevos mercados que reduzcan ese esclavizante 80 % de dependencia con EE.UU.. Se puede celebrar que no deje de fluir hacia México tal inversión, pero no es gratuita, como no lo ha sido que estén por escrito las reglas que Trump viola una y otra vez. Sí, es un violador y lo sabe.
El narco será el pretexto para alimentar el proteccionismo estadounidense. Y con ese cuadro y tanta agresión a México, hasta la amenaza de invasión, no deja de ser descorazonador y decepcionante ver a mexicanos paseándose por EE.UU.. Parece que no entendemos y lo encandilados no se les quita. Vergonzoso.
Tenemos, además, la innegable permanente amenaza de declarada invasión así admitida en círculos yanquis poderosos. La propia Sheinbaum lo ha expresado: ha recibido sugerencias de internar tropas so pretexto de una ley unilateral e injerencista yanqui que declara terroristas a los narcos con visos de ser bombardeados en territorio mexicano, en tanto que prevalece la poca colaboración yanqui en materia de reducción de consumo de estupefacientes en su propio país, no por perseguir drogadictos nada más, sino por atender las causas estructurales de su propia sociedad que inducen sino a drogarse.
Les seguirá siendo fácil culpar a México y esperaríamos acciones más puntuales y no sus bravuconadas e inacciones. Ya hemos denunciado la embajada yanqui invadiendo en Ciudad de México nuestras calles, permitiéndoselo. A ver a qué hora se les frena su soberbia y su prepotencia desmedida.
Las presiones aumentan y escalan a un punto de peligroso proceder, si ocurriera. Dije a una connotada periodista en marzo pasado que viviría servidor para ver una invasión yanqui. Se incomodó, pero desafortunadamente no veo visos de que eso no ocurra.
Además, no se pierda de vista que las redadas y deportaciones inhibiendo a miles de indocumentados a acudir a laborar, disminuyendo así los ingresos y esos dejando de llegar a los nuestros, no son buenas noticias para un país que depende de remesas. En cuanto a los aranceles, la oposición no es propuesta de opción que proponga cómo enfrentarlos y no lo es la solución que el gobierno mexicano absorba los costes de las diversas medidas trumpianas. Es insostenible hacerlo, es inoperante y no, sencillamente no es correcto. Faltan políticas de búsqueda de alternativas comerciales que disminuyeran nuestra dependencia con EE.UU..  Ese es un reto del actual gobierno mexicano. La amenaza de invasión a México catalogándolo como país peligroso, no es un buen escenario.
La presión fiscal sobre la economía y los planes financieros del Estado y del gobierno, es real. Por mucho que crezca la economía y es loable, la base de contribuyentes, no habiéndose observado un programa más amplio de impulso a la producción, es menester que se articule, dado que una economía avanza si produce, no solo si estructura programas sociales. Lo electoral de su basa no importa, porque está visto que la ayuda en sí misma no garantiza votos, pero si garantiza el enojo opositor que no ofrece nada a cambio de lo que critica. Por el contrario, si gana sostiene tales modelos asistencialistas. Eso es la oposición, extraviada en sus objetivos y su discurso deshilachado.
Las implicaciones de políticos con el crimen organizado, dentro y fuera de Morena –repítase, dentro y fuera, puesto que nadie pretenda excluirse– es un tema que puede contaminar la relación bilateral y no tiene su necesario equilibro con los políticos ligados a tal de aquel país. Que tampoco se excluyan de esos nexos los opositores acá. Y de saberse nombres y sean de Morena, Sheinbaum tendrá que lidiar con algo más que un balbucear un “caiga quien caiga” o que no encubrirá a nadie. Porque ¿se sabían parte de? ¿y así los admitieron? ese es el punto.
Y por último, en principio la presidenta y su partido tienen solo 2026 para articular las elecciones de 2027. Los plurinominales no son el único tema –y sí, entiéndelo Jorge Romero, sí hay clamor de abordarlos, son tema, cosa distinta es que tu partido no quiera, que no es lo mismo– y sí, tema acaso el menos importante de una muy necesaria reforma electoral. Debe recuperar ese nuevo intento reformador todo lo que se ha quedado fuera desde la reforma política de 1996, la del 07 y la del 14. La redistritación, defender el voto de los mexicanos en el extranjero, atender el tema de los plurinominales o la segunda vuelta electoral y si no, siquiera los porcentajes de elección mínimos o máximos para la validez al cargo y tanto más. Así que eso no puede resolverse solo con aplanadora. Se requiere el consenso opositor. Este tema sí que lo requiere en demasía. Y ese ánimo por buscar consenso no está claro si lo sostendrá el gobierno Sheinbaum. Y su partido.
Ahhh y es tiempo de que se obligue al PRI a dejar de secuestrar la bandera en su logo. Alito, que lo entienda: el PRI ya no manda ni impone.
La presidenta requiere un equipo dialogante ante la agresividad creciente de un priismo guarro, desquiciado, derrotado dos veces para ganar la presidencia de la República. Alito, un gamberro en plan porril enlodando siempre a un putrefacto PRI que invita así con sus golpazos, a negarle el voto en adelante.
Decíamos que Morena no está controlada por Sheinbaum. Urge que se involucre. Impedir la admisión de impresentables priistas ¿debe tener límite? Sí. A la presidenta parece que le apetece tragar con todo. Alejandra del Moral (la del Estado de México no se toca) o David Rubalcaba a la dirección del metro. Resultan casos inaceptables, como el de los Núñez.
Así, el segundo año sí pinta complejo. Sí es un problema, en realidad, si el Estado mexicano dejase de recibir ingresos por petróleo –el tema debe transparentarse porque los datos de Pemex con confusos y contradictorios en sus cifras y operatividad real– o será un panorama complicado por la caída de remesas o por situaciones todavía peores que las anteriores. El colmo, desde luego, sería que, pese al incremento de contribuyentes, los ingresos no se tradujesen en algo más que tarjetas rosas, o programas asistenciales. Se requiere el fomento a la producción. El cúmulo de ayudas y apoyos públicos ¿tiene límite en la creación de la riqueza? Sí.